
Hay ejemplares de ballena boreal que superan los 200 años de vida gracias a un sistema de reparación de ADN excepcionalmente eficiente, según científicos.
Lejos de ser solo un coloso marino de más de 18 metros de largo, este mamífero desarrolló una estrategia molecular que le permite resistir las enfermedades y el paso del tiempo de manera asombrosa.
Un reciente estudio coordinado por un equipo internacional de más de 50 investigadores, cuyos resultados se han publicado en la revista Nature, aportó las claves para comprender este fenómeno.
A diferencia de otros animales de gran tamaño y larga vida, la ballena boreal no basa su defensa en eliminar células con defectos irreparables. Su secreto, revelado por la científica Vera Gorbunova y su equipo de la Universidad de Rochester, consiste en restaurar el ADN dañado con una eficacia que no se observa en otros mamíferos. Según detalla Gorbunova en el análisis, el organismo de la ballena actúa como un “taller de mantenimiento genético”, donde las células dañadas recuperan su funcionalidad en lugar de ser desechadas.

El estudio identificó a la proteína CIRBP como pieza central de este engranaje biológico. Presente en niveles mucho más altos en la ballena boreal, esta molécula acelera los dos procesos clave para reparar roturas de doble cadena en el ADN. Cuando el equipo investigador introdujo la proteína CIRBP en células humanas, la reparación genética mejoró de forma notable. Como afirmó Gorbunova: "Las células humanas también son capaces de recuperar su capacidad reparadora cuando se introduce CIRBP“.
Frío, longevidad y una vida sin tiempo
La biología de la ballena boreal no puede entenderse sin su entorno. Adaptada a aguas heladas, la producción de CIRBP aumenta cuanto más desciende la temperatura, lo que sugiere un vínculo entre el frío ártico y la protección de su genoma. “Si se baja la temperatura unos grados, las células producen más proteína CIRBP”, explicó el biólogo Andrei Seluanov. Al experimentar con moscas de la fruta y añadirles esta proteína, los investigadores observaron también una extensión de la vida en estos insectos, según detalló el artículo de Nature.
El equipo científico descubrió que, comparadas con las humanas, las células de la ballena necesitan menos pasos para transformarse en malignas, pero rara vez acumulan esas mutaciones peligrosas. Su maquinaria reparadora actúa como un escudo: “Las células de las ballenas mostraban menos mutaciones que las humanas, lo que sugiere que la reparación del ADN evita que se desarrollen enfermedades”, concluye el estudio.

Más allá de la paradoja de Peto
Este descubrimiento aporta una pieza clave al rompecabezas conocido como la paradoja de Peto, que plantea por qué especies como elefantes y ballenas, a pesar de su tamaño y cantidad de células, no desarrollan cáncer con mayor frecuencia. Como resumió Jan Vijg, investigador de la Facultad de Medicina Albert Einstein y autor principal, los grandes mamíferos cuentan con recursos adicionales para protegerse. En el caso de la ballena boreal, “hemos encontrado mecanismos eficaces que corregirían el daño genético sin necesidad de eliminar células funcionales”.
La ciencia ya había confirmado que muchas ballenas boreales superan los 150 años, e incluso existen registros con edades por encima de los 211 años, verificados mediante análisis de cristalino ocular y restos históricos como arpones victorianos. La tradición de los inuit ya reconocía su longevidad: “Viven dos vidas humanas”.

Los resultados del estudio abrieron la posibilidad de aplicar los conocimientos adquiridos de este mamífero a la medicina humana: aumentar la actividad de proteínas como CIRBP podría fortalecernos contra el envejecimiento y las enfermedades.
La singular resistencia de este gigante marino inspira nuevas líneas de investigación en longevidad y protección celular. Lejos de ser solo un habitante de las profundidades, la ballena boreal se perfila ahora como un modelo biológico para el futuro de la biomedicina.
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