Un equipo de investigadores de los Estados Unidos y España logró revelar la apariencia más realista del Edmontosaurus annectens, uno de los dinosaurios gigantes del Período Cretácico, que vivió entre 69 y 66 millones de años atrás.
El hallazgo de restos fósiles fue en el este de Wyoming, Estados Unidos. Fue liderado por el paleontólogo Paul Sereno, de la Universidad de Chicago. El estudio se publicó en la revista Science, de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.
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Permitió reconstruir aspectos únicos de la piel, las crestas y los pies de este animal herbívoro, gracias a la extraordinaria conservación de varios fósiles momificados.

“Es la primera vez que tenemos una visión completa y detallada de un dinosaurio grande en la que realmente podemos confiar”, afirmó el doctor Sereno.
La investigación se centró en dos ejemplares fuera de lo común procedentes de la “zona de las momias”, un área de menos de diez kilómetros de diámetro famosa por su riqueza paleontológica.
Los dos fósiles más completos corresponden a un individuo juvenil y otro adulto joven; ambos fueron claves para conocer la cobertura tegumentaria real de estos animales que vivieron hace unos 66 millones de años.
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El verdadero Edmontosaurus

Edmontosaurus annectens fue un dinosaurio herbívoro que vivió hace entre 69 y 66 millones de años en América del Norte. Su cuerpo podía superar los doce metros y se adaptaba a pastar plantas en manadas.
Contaba con un amplio pico sin dientes en la parte delantera, ideal para recolectar vegetación baja y blanda.
La reconstrucción más reciente revela que presentaba una piel cubierta de pequeñas escamas, una cresta carnosa a lo largo del cuello y el lomo, y cascos en los dedos de pies y manos.
Su forma de caminar era especial: usaba tanto sus cuatro patas como solo las traseras, lo que lo hacía diferente de otros dinosaurios conocidos.
Estas características lo transforman en una pieza clave para entender la evolución de los grandes dinosaurios herbívoros.
Fosilización única

Ahora, el equipo liderado por el doctor Sereno logró interpretar restos de dos ejemplares hallados en la “zona de las momias” de Wyoming, un sitio célebre por su riqueza fósil.
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Los fósiles analizados corresponden a un individuo juvenil y a un adulto joven, ambos con detalles anatómicos nunca vistos en el registro fósil tradicional.
Los expertos aplicaron tomografía computarizada, microscopía óptica y espectroscopía de rayos X sobre los huesos y la piel fosilizada.
Esas tecnologías permitieron observar las texturas y formas originales sin dañar los fósiles.
Según escribieron los investigadores, “todas las estructuras de la piel fosilizada están preservadas como una fina plantilla de arcilla que se formó en la superficie de un cadáver enterrado mientras se descomponía”.

El equipo encontró que la piel muestra una cresta carnosa y una fila de espinas, además de cascos en dedos tanto de patas delanteras como traseras.
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Estas características nunca antes documentadas con tal claridad en dinosaurios ofrecieron nuevos datos sobre la evolución anatómica de los hadrosáuridos, un grupo del que se sabe poco en términos de rasgos blandos.
La máscara de arcilla preservó íntegramente la microestructura de la piel, al reproducir formas y detalles pequeños gracias a minerales como caolinita e illita.
“La conservación no dependió de ambientes marinos sin oxígeno, sino que ocurrió en un entorno fluvial perfectamente aireado, algo insólito para dinosaurios tan grandes”, aclararon los investigadores.
Entre los hallazgos importantes, el trabajo deja ver que la fidelidad en la conservación de los tejidos blandos permite aprender más sobre la biología y conducta de los dinosaurios de finales del Cretácico.
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El avance ayuda a entender la variedad real de formas que pudo tener este amplio grupo de animales.
Recomendaciones y límites

El equipo recomendó dejar de usar el término “impresión de piel” y propone “renderizado del tegumento”, que define mejor los modos de conservación de tejidos blandos.
Aclararon que no hallaron pigmentos ni proteínas originales, por lo que no pueden determinar el color auténtico del animal ni conocer detalles profundos de su composición química.
Tampoco se puede saber si la cresta carnosa fue una característica exclusiva para todos los individuos de la especie.
El equipo prevé analizar nuevos fósiles de la región y buscar restos de tejidos en sedimentos distintos. Concluyeron que el hallazgo “permite mirar de cerca cómo se veían y cómo podían vivir estos gigantes del pasado”.
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