
Un hallazgo en el corazón de África sacude lo que se creía saber sobre los primeros parientes de los humanos.
Un equipo liderado por la reconocida científica Meave Leakey y su hija Louise, que forman una familia que ha sido pionera en el estudio de la evolución humana, encontró los restos muy bien conservados de un individuo de la especie Paranthropus boisei.
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Esa especie suele ser llamada como el “Cascanueces” por su poderosa mandíbula. Pero la verdadera sorpresa del hallazgo está en las manos encontradas.

Las científicas, que residen en Kenia, y sus colaboradores de instituciones de los Estados Unidos, Canadá y Sudáfrica detallaron en la revista Nature que los huesos de las manos ofrecen pruebas de que este homínido tenía dedos capaces de mucho más que recolectar semillas duras.
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Pertenece a un grupo de homínidos que compartieron un ancestro común con el género Homo, que incluye a los seres humanos de hoy.
Si bien no está en la línea directa de Homo sapiens, el Cascanueces representa una rama cercana en la evolución humana. Tenía adaptaciones que podrían ser compatibles con la manipulación de objetos y cierta capacidad técnica.
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Qué revelaron sobre Paranthropus

Por años, en la bioantropología se debatió si Paranthropus boisei solo machacaba frutos o también tenía habilidades mecánicas.
El primer gran reto que enfrentaron los expertos fue la falta de huesos de la mano identificados con total seguridad. Hasta ahora, casi ningún fósil permitía saber cómo eran realmente las manos del “Cascanueces”.
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Al analizar los huesos del nuevo esqueleto, los científicos quisieron saber si la anatomía de su mano podría haberle dado capacidad de fabricar o manipular herramientas simples, igual que otros antiguos humanos.
El objetivo principal del estudio fue comparar la mano del Cascanueces con la de otros homínidos, como Homo habilis, e investigar si ciertos rasgos clave podían haber sido útiles para agarrar, sostener y hasta tallar piedras.
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Cómo era realmente la mano de Paranthropus

Los investigadores utilizaron tecnologías modernas para examinar cada pequeño hueso: escaneos digitales, reconstrucción tridimensional y mediciones precisas.
Los investigadores afirmaron que el esqueleto KNM-ER 101000, que habían encontrado entre 2019 y 2021, demuestra que P. boisei compartía adaptaciones clave para la manipulación y la bipedestación con el género Homo.
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El dedo pulgar, fuerte y largo, llama la atención. Sus dimensiones y su disposición se parecen a las de los humanos y también presentan similitudes con los dedos de los gorilas.
Un dato intrigante: el pulgar permite realizar movimientos precisos y potentes, lo que refuerza la posibilidad de manipulación de objetos. No sólo la mano resulta especial. El pie indica que este homínido caminaba erguido, aunque aún guardaba algunos detalles típicos de especies que trepan árboles.
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Otro hallazgo clave consiste en la robustez de los huesos y el diseño de las articulaciones.
El equipo destacó en la revista Nature que los ancestros comunes de Homo y Paranthropus ya poseían manos poderosas mucho antes de que surgiera Homo sapiens. Los resultados muestran que P. boisei podría haber realizado tareas precisas, aunque menos refinadas que las de los humanos modernos.
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Al unir pruebas de fuerza, destreza y una anatomía híbrida, los investigadores plantean que P. boisei podría haber tallado piedras, procesar alimentos duros o resistentes, trepar árboles y caminar en dos pies de forma eficiente.
La opinión de un experto en antropología biológica

En diálogo con Infobae, Sergio Avena, investigador del Conicet, docente de Antropología Biológica en la Universidad de Buenos Aires y de Evolución en la Universidad Maimónides en Argentina, comentó:
“La fabricación de herramientas es un tema de enorme importancia en la disciplina, porque ha sido uno de los criterios principales, distintivos y privativos del género Homo. Es decir, si había evidencias de fabricación de herramientas, entonces se trataba siempre de nuestro género”.
Pero el experto recordó un descubrimiento que se dio hace 66 años. La científica Mary Leakey descubrió en 1959 los restos de un espécimen de 1,65 millones de años al que se adjudicó a un nuevo género, Paranthropus (que significa al lado de los humanos).

“En ese momento, Leakey planteó la posibilidad de que los individuos de ese género también utilizaran herramientas”, precisó.
“Fue una suposición relativamente olvidada hasta que en el año 2015 la arqueóloga francesa Sonia Harmand y colaboradores afirmaron haber encontrado instrumental lítico datado hace 3,3 millones de años”, dijo.
Ese instrumental antecedía al menos 500.000 años al inicio del género Homo, por lo que propusieron que sus fabricantes eran australopitecinos, antecesores tanto de Homo como de Paranthropus.
“En el nuevo estudio, los investigadores indican que los individuos del género Paranthropus tenían adaptaciones anatómicas compatibles con la manipulación que exige el uso de herramientas, lo que reaviva el debate”, afirmó.

“Pero la potencialidad que se propone no implica necesariamente que lo hayan hecho, porque resta responder si tenían la capacidad mental para eso”, añadió el doctor Avena.
Consideró que los científicos hicieron “extraordinarios hallazgos”. El pulgar largo en relación con el índice “habría permitido que Paranthropus boisei desarrollara agarres de precisión similares a los humanos, que requieren la oposición de las yemas de los dedos a la del pulgar".
Pero también hay características que implican un agarre potente y adaptaciones para trepar, como el de los gorilas. “Paranthropus boisei habría tenido también un comportamiento arbóreo habitual”, expresó.
Eso también se sustenta con lo observado en los pies. El espécimen presenta un dedo gordo largo en relación con el de los grandes simios, pero corto en comparación con el de los humanos. “Si bien eran bípedos, las adaptaciones para trepar implicaban que su bipedismo no fuera tan eficiente como el nuestro”, explicó.
En esa época, también existía Homo ergaster, que tenía una altura mayor, particularmente por poseer extremidades inferiores más largas, con dimensiones corporales que se reconocen dentro del rango esperable en los humanos modernos.
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