Fragmentos hallados en un museo revelaron el impacto de un asteroide desconocido hace 11 millones de años

Investigadores hallaron en el South Australian Museum fragmentos de vidrio natural con propiedades únicas. Sin embargo, el cráter correspondiente al suceso continúa desaparecido, aumentando el misterio científico

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El hallazgo de ananguitas revela un impacto de asteroide en Australia hace 11 millones de años (Imagen Ilustrativa Infobae)
El hallazgo de ananguitas revela un impacto de asteroide en Australia hace 11 millones de años (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión de unos fragmentos de vidrio natural conservados en el South Australian Museum ha aportado evidencias de un antiguo impacto de asteroide ocurrido en Australia hace cerca de 11 millones de años, según publica la revista Earth and Planetary Science Letters. Este hallazgo plantea un enigma para la comunidad científica, ya que, aunque la señal material del evento es clara, los expertos aún no han conseguido localizar el cráter que debería haber resultado de un choque de tal magnitud.

Durante años, varias piezas de vidrio negro permanecieron sin mayor relevancia expuestas en las vitrinas del museo de Adelaida, tras haber sido originalmente clasificadas como tectitas asociadas a un conocido impacto de meteorito ocurrido hace aproximadamente 780.000 años. Sin embargo, recientes investigaciones revelaron que estos fragmentos poseían propiedades inusuales que ameritaban un análisis más profundo.

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El equipo responsable de la investigación analizó la composición química y la estructura de los fragmentos, detectando una densidad mayor a la habitual, además de la presencia de metales poco comunes en tectitas, como el níquel y el cromo, en cantidades significativas. Lo más llamativo surgió tras los estudios de datación, cuando quedó claro que estos vidrios se habían formado hace 10,76 millones de años, según indicó el análisis publicado en la revista

El origen de un vidrio único y sus primeras pistas

La pista crucial apareció en un trabajo publicado en 1969, donde ya se señalaba la existencia de algunos fragmentos de composición extraña en colecciones australianas. Estos objetos, ignorados durante años y considerados simples rarezas, fueron objeto de revisión sistemática por parte de un equipo internacional liderado por la geóloga Anna Musolino, con la colaboración de científicos de la Universidad Aix-Marseille (Francia) y de Curtin University (Australia).

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Tras revisar más de 5.000 muestras, los investigadores seleccionaron 417 tectitas con densidad y propiedades magnéticas inusuales, de las cuales seis sobresalieron por su peculiaridad química y antigüedad. La datación, basada en la técnica de argón-argón, arrojó una edad de 11 millones de años, confirmando un origen radicalmente diferente. Como resultado, nació un nuevo tipo de tectita denominado “ananguita”, en homenaje al pueblo aborigen Anangu, cuyos territorios abarcan muchos de estos hallazgos.

“Estas tectitas suponen la huella tangible de un evento de impacto previamente desconocido”, afirmó la geóloga Anna Musolino durante la presentación del estudio.

Fragmentos de vidrio natural con propiedades únicas fueron identificados en el South Australian Museum (foto: Earth and Planetary Science Letters)
Fragmentos de vidrio natural con propiedades únicas fueron identificados en el South Australian Museum (foto: Earth and Planetary Science Letters)

El gran ausente: cráter invisible, hipótesis y enigmas

El hallazgo plantea ahora el enigma central: un impacto capaz de generar un campo de tectitas que se extiende a lo largo de casi 900 kilómetros debería haber dejado un cráter fácilmente identificable, pero hasta ahora permanece oculto. Los especialistas analizaron la composición geoquímica de las ananguitas y la compararon con rocas volcánicas de regiones del Pacífico, como Luzón en Filipinas, Sulawesi en Indonesia y Papúa Nueva Guinea, zonas conocidas por su actividad geológica.

Sin embargo, la ausencia de una estructura circular visible mantiene viva la hipótesis de que el cráter pudo haber sido borrado por la erosión, la actividad tectónica o el flujo de lava posterior a erupciones.

El impacto probablemente ocurrió en un entorno de arco volcánico activo, donde el calor extremo permitió la fusión de rocas de la corteza terrestre, algo respaldado por la presencia de inclusiones de lechatelierita, un tipo de sílice amorfa que solamente se forma a temperaturas extremadamente elevadas. El bajo contenido en agua de estos fragmentos descarta un origen volcánico convencional y refuerza la interpretación del evento como resultado de un choque meteorítico.

La ausencia del cráter correspondiente al impacto plantea un misterio para la ciencia (Imagen Ilustrativa Infobae)
La ausencia del cráter correspondiente al impacto plantea un misterio para la ciencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Claves químicas, oportunidades futuras y nuevas preguntas

Los niveles elevados de níquel y cobalto detectados en las ananguitas indican contaminación extraterrestre y la evidencia directa de la presencia de material del meteorito original. Además, su composición isotópica es diferente de cualquier otra tectita descrita en la literatura científica. Aunque el cráter sigue sin aparecer, los fragmentos relatan con precisión un capítulo poco conocido del pasado terrestre, almacenando en su estructura la información sobre las condiciones catastróficas del impacto.

Una de las conclusiones más llamativas del grupo de estudio es que estos objetos habían permanecido ocultos a plena vista, mal etiquetados o simplemente ignorados dentro de las colecciones museográficas.

Este hecho abre un abanico de posibilidades para la identificación de más ananguitas en otras instituciones, universidades o incluso en manos de coleccionistas privados. “Es posible que existan muchos más fragmentos capaces de aportar datos fundamentales para reconstruir este evento cósmico no registrado”, sentenció Musolino.

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