
En medio del bullicio de una reunión o entre las voces que se cruzan antes de un concierto, hay quienes parecen capaces de enfocar la mente como si apagararan el ruido a su alrededor y sintonizaran solo lo esencial. Esa habilidad, que muchas veces pasa inadvertida, acaba de ser explorada a fondo por investigadores que buscaron entender por qué las personas entrenadas en música logran sostener la concentración con una destreza que desafía las interrupciones cotidianas.
La capacidad de personas con formación musical para mantener la concentración en ambientes ruidosos ha sido objeto de un reciente estudio conjunto entre el Instituto Karolinska y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, cuyos resultados, publicados en Science Advances, revelan que el entrenamiento musical potencia mecanismos cerebrales específicos que facilitan la atención selectiva y el control cognitivo en situaciones de alta demanda auditiva.
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El trabajo se centró en analizar cómo el cerebro responde a la tarea de seguir una conversación o un sonido particular en medio de múltiples estímulos simultáneos, un desafío cotidiano en entornos como reuniones sociales o conciertos.
Para ello, los investigadores emplearon una técnica denominada etiquetado de frecuencia, que permite identificar y separar con precisión las señales neuronales asociadas a cada estímulo sonoro, incluso cuando estos se presentan de manera simultánea. Esta metodología, combinada con algoritmos de aprendizaje automático y registros de magnetoencefalografía (MEG), posibilitó aislar las respuestas cerebrales vinculadas a la atención consciente —denominada atención de arriba hacia abajo— y a la atención automática o involuntaria —atención de abajo hacia arriba—.
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En el estudio participaron dos grupos de voluntarios, con 28 y 20 personas respectivamente, quienes escucharon dos melodías superpuestas y debían concentrarse en los cambios de tono de una de ellas. Los resultados mostraron que los individuos con mayor musicalidad exhibieron señales cerebrales más intensas asociadas al control consciente de la atención y una menor sensibilidad a las distracciones automáticas.
Según el análisis, la musicalidad y el rendimiento en la tarea se correlacionaron positivamente con la activación de la corteza parietal izquierda, región implicada en la atención dirigida a objetivos, y negativamente con la corteza parietal derecha, relacionada con la susceptibilidad a estímulos distractores.
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La autora principal, Cassia Low Manting, del Departamento de Neurociencia Clínica del Instituto Karolinska, destacó: “Nuestros resultados sugieren que el entrenamiento musical fortalece la capacidad del cerebro para concentrarse en condiciones de distracción”.

Además, Manting subrayó el potencial de la música como herramienta educativa y de rehabilitación: “Es interesante ver cómo el entrenamiento musical no solo mejora la audición, sino también la capacidad del cerebro para mantener la atención a lo largo del tiempo. Esto podría tener aplicaciones en la educación y la rehabilitación, donde la música puede utilizarse como herramienta para mejorar la atención y el control cognitivo”, afirmó en declaraciones recogidas por el Instituto Karolinska.
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El artículo en Science Advances detalla que el etiquetado de frecuencia, al asignar una firma única a cada estímulo auditivo, permite una separación sin precedentes de las respuestas neuronales, lo que facilita el estudio de la atención selectiva en condiciones que simulan la complejidad de los entornos sonoros naturales.

Entre los hallazgos más relevantes, el estudio identificó que el entrenamiento musical potencia los mecanismos neuronales en las regiones frontoparietales, lo que se traduce en una mejora de la atención consciente, una reducción de la interferencia de estímulos distractores y una mayor capacidad para mantener la atención selectiva durante periodos prolongados.
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“Estos resultados sugieren que el entrenamiento musical potencia los mecanismos neuronales en las regiones frontoparietales, impulsando el rendimiento mediante la mejora de la atención descendente, la reducción de las distracciones ascendentes y el mantenimiento de la atención selectiva a lo largo del tiempo”, concluye el equipo en Science Advances.

El análisis también reveló que la corteza prefrontal, reconocida como centro de control de la atención, muestra una mayor actividad en personas con formación musical, especialmente cuando la tarea exige discriminar entre sonidos superpuestos. Además, los participantes con mayor musicalidad tendieron a emplear estrategias organizadas para gestionar la atención, lo que se reflejó en un mejor desempeño en la tarea de seguimiento de melodías.
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No obstante, los investigadores advierten que, si bien los datos respaldan la hipótesis de que la música puede tener efectos beneficiosos sobre las funciones cognitivas, el diseño del estudio no permite establecer una relación causal definitiva entre el entrenamiento musical y la mejora de la atención.

“Los investigadores enfatizan que los resultados no pueden probar una relación causal entre el entrenamiento musical y una mejor atención, pero sí apoyan la idea de que la música puede tener efectos beneficiosos sobre las funciones cognitivas del cerebro”, según el Instituto Karolinska.
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El equipo sugiere que futuras investigaciones deberían adoptar enfoques longitudinales o intervencionistas para determinar con mayor precisión el impacto causal del aprendizaje musical en la atención y el control cognitivo.
Además, proponen explorar si el entrenamiento en instrumentos específicos influye en la capacidad de ignorar sonidos relacionados con ese instrumento y analizar la base neuroquímica de estas diferencias mediante técnicas como la espectroscopia de resonancia magnética.
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