
Un análisis de imágenes infrarrojas de alta resolución realizado por un equipo internacional de arqueólogos permitió identificar dos estilos de tatuaje en una momia de la cultura Pazyryk y reveló la existencia de maestros y aprendices en el arte corporal de la Edad del Hierro.
El hallazgo, publicado en la revista Antiquity, demostró que, hace más de dos mil años, el tatuaje era un oficio formal y estructurado en Siberia, y no solo una forma de decoración.
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“Por primera vez, podemos ver a las personas detrás del arte”, afirmó Gino Caspari, autor principal del estudio y miembro del Instituto Max Planck de Geoantropología y la Universidad de Berna.
Una momia milenaria
La momia pertenece a la cultura Pazyryk, un pueblo nómada que habitó las estepas de Eurasia hace aproximadamente dos mil quinientos años, según el estudio. Sus restos, encontrados en los túmulos congelados de las montañas de Altái, Siberia, captaron el interés de la arqueología desde la década de 1940 gracias a la preservación de la piel por el permafrost, lo que permitió estudiar en detalle sus tatuajes.
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Estos marcados diseños animales y escenas de lucha, típicos de la iconografía Pazyryk, se consideran testimonios emblemáticos de la modificación corporal en la Edad del Hierro.

La momia femenina proveniente del túmulo 5 de Pazyryk, que se conserva en el Museo del Hermitage, ofrece tatuajes cuyo análisis había resultado limitado hasta ahora.
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Tal como indicó Cambridge University Press, la escasez de evidencia arqueológica sobre tatuajes se debe a la rápida descomposición de la piel, lo que solo permite su estudio en momias preservadas en condiciones extremas, como las halladas en Altái.
Tecnología avanzada y trabajo interdisciplinario
El equipo integrado por Caspari, Aaron Deter-Wolf, Daniel Riday, Mikhail Vavulin y Svetlana Pankova empleó fotografía infrarroja de alta resolución y fotogrametría para superar las limitaciones de la documentación tradicional.
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Una cámara modificada y focos de 850 nanómetros capturaron imágenes detalladas de los tatuajes en los brazos de la momia. Estas imágenes se integraron digitalmente para elaborar un modelo tridimensional accesible a la comunidad científica.

La colaboración incluyó la participación de tatuadores contemporáneos que recrearon los tatuajes con herramientas pre-eléctricas similares a las empleadas en la antigüedad. Esta aproximación interdisciplinaria permitió comparar los resultados experimentales con los hallazgos arqueológicos, al refinar la interpretación de técnicas antiguas.
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Según Antiquity, la combinación de tecnología de vanguardia y práctica profesional actual ha sido crucial para desentrañar los secretos de este arte ancestral.
Dos estilos, dos historias: la huella de los artistas
Las imágenes infrarrojas evidenciaron diferencias notables entre los tatuajes de ambos antebrazos. El derecho presenta un diseño complejo y detallado, con líneas que envuelven el brazo y muestran las rayas de dos tigres y las manchas de un leopardo, características que sugieren la mano de un tatuador experimentado y preciso.
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El izquierdo, en cambio, muestra un diseño más sencillo y menos exacto y señala la intervención de alguien con menor destreza.
Los expertos identificaron líneas de grosor uniforme, realizadas con herramientas multipunto en las zonas amplias, y detalles finos, como las astas de los animales, ejecutados con instrumentos de un solo punto.
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También observaron solapamientos en algunos trazos, interpretados como pausas en el trabajo o reaplicaciones de pigmento. Estas diferencias sugieren la participación de dos tatuadores; o bien, distintas etapas de aprendizaje de un mismo artista, lo que evidencia un sistema de formación sofisticado desde la antigüedad.
El tatuaje, más que adorno: oficio y construcción social
El estudio demostró que el tatuaje era un oficio especializado que requería habilidad técnica y sensibilidad estética, además de aprendizaje formal. Como explicó Caspari, “el tatuaje surge no solo como decoración simbólica, sino como un oficio especializado que exige habilidad técnica, sensibilidad estética y formación formal o aprendizaje”.
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La cuidadosa planificación y distribución de los tatuajes, sin superposición de motivos y con ubicación estratégica, indicó que la identidad visual se construía a lo largo de la vida y tenía un significado social muy definido.
Los cortes post-mortem, realizados para preparar el cuerpo, atraviesan los tatuajes, lo que indicó que no cumplían función ritual en la muerte, sino que su sentido estaba vinculado a la vida y la pertenencia al grupo.

El pigmento utilizado era de base carbonosa, probablemente derivado de hollín o material vegetal carbonizado, un componente común en las tradiciones históricas de tatuaje. Si bien se hallaron herramientas de oro en cercanos yacimientos como Filippovka 1, su función como implementos de tatuaje todavía sigue bajo discusión.
La evidencia directa de tatuajes antiguos es escasa y suele subestimarse debido a la baja preservación de los tejidos blandos. Por eso, los tatuajes Pazyryk del Altái se consideran hallazgos esenciales de la Edad del Hierro en Siberia y en la historia mundial del tatuaje.
Según los autores, hasta hoy, el principal recurso de estudio había sido el dibujo realizado a mano, lo que limitaba la comprensión de los detalles.
Caspari destacó el valor humano que emerge del estudio: “Esto me hizo sentir que estábamos mucho más cerca de ver a las personas detrás del arte, cómo trabajaban, aprendían y cometían errores. Las imágenes cobraron vida”, explicó el investigador en declaraciones a Cambridge University Press.
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