
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demencia es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores. La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, y puede contribuir al 60% o 70% de los casos, de acuerdo a la entidad sanitaria global.
En ese sentido, un hallazgo reciente podría reconfigurar lo que se sabe sobre los mecanismos detrás de este cuadro. Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia (UVA) analizaron si una molécula inmunitaria, conocida como STING, cumple un rol central en el proceso que lleva al deterioro cognitivo asociado a la patología y a otros trastornos neurodegenerativos.
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Los autores del estudio, publicado en la revista científica Alzheimer’s & Dementia, han analizado la hipótesis de que el Alzheimer se origina, en parte, a raíz de los intentos del sistema inmunológico por reparar el daño en el ADN cerebral. En ese proceso, la activación de STING parece desencadenar consecuencias perjudiciales. Al bloquear su actividad, los científicos lograron evitar el deterioro mental en ratones de laboratorio.
“STING, un factor importante en el sistema inmunitario del cerebro, también podría ser un factor clave en la enfermedad de Parkinson, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA o enfermedad de Lou Gehrig), la demencia y otras enfermedades que afectan la memoria. Esto significa que el desarrollo de tratamientos para controlar su actividad podría tener importantes beneficios para muchos pacientes que se enfrentan a diagnósticos devastadores”, escribieron los autores en un comunicado.
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El equipo encabezado por John Lukens, director del Centro de Investigación Traslacional Harrison Family de la UVA, investigó si STING impulsa la formación de placas y ovillos proteicos dañinos, “considerados responsables del Alzheimer”, de acuerdo al documento.
“Nuestros hallazgos demuestran que el daño al ADN que se acumula naturalmente durante el envejecimiento desencadena inflamación cerebral mediada por STING y daño neuronal en la enfermedad de Alzheimer”, señaló Lukens. A su juicio, esto ayuda a entender por qué el envejecimiento representa uno de los principales factores de riesgo de la enfermedad.
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En el comunicado institucional, los autores postularon: “Las causas del Alzheimer siguen siendo confusas, pero los científicos comprenden cada vez más el papel del sistema inmunitario en el desarrollo de la enfermedad. STING forma parte de esa respuesta inmunitaria; la molécula ayuda a dirigir la eliminación de virus y células estresadas que albergan daño en el ADN”.
“Descubrimos que la eliminación de STING redujo la activación microglial alrededor de las placas amiloides, protegió a las neuronas cercanas del daño y mejoró la función de la memoria en ratones modelo con Alzheimer”, explicó Jessica Thanos, investigadora del Departamento de Neurociencia y del Centro de Inmunología Cerebral y Glía (Centro BIG) de la UVA.
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En tanto, en el comunicado profundizaron que, si bien STING es un importante protector del cerebro, “también puede volverse hiperactivo y causar inflamación dañina y daño tisular. Esto llevó a Lukens y a su equipo a determinar su posible papel en el Alzheimer. Descubrieron que bloquear la actividad de la molécula en ratones de laboratorio ayudaba a prevenir la formación de placa de Alzheimer, alteraba la actividad de las células inmunitarias llamadas microglía y redirigía la actividad de genes importantes, entre otros efectos”.

Desde hace años, otros equipos han puesto el foco en moléculas vinculadas al Alzheimer. Pero STING se presenta como un objetivo terapéutico especialmente atractivo. “Esto se debe a que el bloqueo de STING parece ralentizar tanto la acumulación de placas amiloides como el desarrollo de ovillos de tau, las dos principales causas del Alzheimer. Otras moléculas carecen de una participación tan sólida y, además, solo podrían ser diana en etapas muy específicas y limitadas de la progresión de la enfermedad”, apuntaron en el documento.
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“Apenas estamos empezando a comprender el complejo papel de la activación inmunitaria innata en el cerebro, y esto es especialmente cierto tanto en el envejecimiento normal como en el patológico”, señaló Thanos. A su entender, identificar las células y señales que desencadenan esa activación permitirá diseñar estrategias más precisas.
Claro que el hallazgo también abre interrogantes. Antes de diseñar tratamientos basados en la inhibición de STING, los científicos deberán estudiar cómo actúa esta molécula en otros contextos, como en la respuesta inmunitaria contra el cáncer. El objetivo es evitar efectos adversos derivados de una eventual supresión no deseada del sistema inmune, según los expertos.
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Aun así, el equipo de la UVA ya proyecta nuevas líneas de investigación. “Esperamos que este trabajo nos acerque a encontrar formas más seguras y eficaces de proteger el cerebro envejecido, ya que existe una necesidad urgente de tratamientos que puedan ralentizar o prevenir el daño neuronal en el Alzheimer”, afirmó Lukens. “Aclarar cómo STING contribuye a dicho daño podría ayudarnos a identificar moléculas similares y, en última instancia, desarrollar tratamientos eficaces que modifiquen la enfermedad”, precisó.
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