
Entre las 3500 especies de mosquitos que existen en el planeta, unas pocas son capaces de transmitir virus y parásitos que pueden dañar la salud de los seres humanos.
Pero esas pocas provocan más de 700.000 muertes anuales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y hay grupos de científicos que las investigan. Dos nuevos estudios, que fueron realizados en los Estados Unidos, arrojaron luz sobre la capacidad de los mosquitos para adaptarse a las condiciones ambientales cambiantes.
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Uno de ellos fue publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y analizó cómo los mosquitos pueden evolucionar para soportar temperaturas más altas.

El otro trabajo, publicado en iScience, examinó el impacto de la sequía en el comportamiento de alimentación sanguínea de los mosquitos y su relación con la transmisión de enfermedades.
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Esos hallazgos refuerzan la importancia de comprender los efectos del cambio climático inducido por actividades humanas en la biología de los mosquitos y en la propagación de enfermedades.
¿Qué tan peligrosos son los mosquitos?

Los mosquitos han sido históricamente considerados una de las mayores amenazas para la salud humana. Se sabe que son los principales vectores de enfermedades infecciosas y que su capacidad de reproducción rápida dificulta el control de sus poblaciones.
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Antes de los estudios recientes, las investigaciones sobre el cambio climático y los mosquitos sugerían que las altas temperaturas podrían reducir sus poblaciones en ciertas regiones al hacer que sus hábitats se volvieran demasiado cálidos para su supervivencia.
También se consideraba que la sequía podría disminuir su número al reducir los sitios de reproducción acuáticos.
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Sin embargo, los nuevos estudios han demostrado que hay poblaciones de mosquitos que pueden resistir temperaturas extremas y modificar su comportamiento para compensar la falta de agua.
Estas adaptaciones podrían influir en la propagación de enfermedades en condiciones climáticas más extremas, aunque se requieren más investigaciones para determinar sus efectos a largo plazo.
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Qué relación hay entre más calor y mosquitos

El estudio dirigido por Lisa Couper, investigadora de la Universidad de California, Berkeley, y publicado en PNAS, analizó la capacidad de Aedes sierrensis para adaptarse a temperaturas más altas.
Para eso, el equipo recolectó larvas de esa especie en diferentes regiones de California y las crió en laboratorio durante tres generaciones.
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En la tercera generación, los investigadores sometieron a los mosquitos a temperaturas de 30 grados y compararon su tolerancia térmica con la de los mosquitos criados en condiciones normales de 22 grados.
Los resultados mostraron que los mosquitos expuestos a calor extremo desde la etapa larval tuvieron una menor tolerancia al calor en su fase adulta, lo que en un principio resultó inesperado.
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Sin embargo, el análisis genético reveló la presencia de más de 500.000 mutaciones asociadas a la tolerancia térmica, lo que indica un potencial evolutivo significativo.
Además, se identificaron 80 inversiones cromosómicas, modificaciones estructurales del ADN que han sido previamente vinculadas a la adaptación al clima.
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Lisa Couper, la primera autora del estudio, afirmó que los resultados señalan que se debe considerar más la evolución de los mosquitos en los modelos de predicción sobre la propagación de enfermedades.
Sugirió que los mosquitos pueden persistir en regiones cálidas a pesar del aumento de temperatura, aunque no se confirma que necesariamente expandan su distribución geográfica.
El impacto de la sequía
El estudio publicado en iScience fue liderado por Christopher Holmes de la Universidad de Cincinnati, analizó el efecto de la sequía en Aedes aegypti y Anopheles stephensi.

Investigaron si la falta de agua influía en la frecuencia de alimentación sanguínea de los mosquitos y, por lo tanto, en su capacidad para transmitir enfermedades.
Para llevar a cabo el experimento, los investigadores criaron mosquitos en condiciones controladas y los sometieron a entornos con baja humedad y sin acceso a agua durante períodos prolongados.
Observaron que los mosquitos incrementaban la frecuencia con que se alimentaban de sangre dentro de un mismo ciclo.
También detectaron que, en ausencia de agua, los mosquitos podían sobrevivir durante varios días porque se alimentaban de sangre, un comportamiento que les permite resistir períodos de sequía.
El estudio concluyó que la sequía no solo no reduce la cantidad de mosquitos, sino que podría favorecer la transmisión de enfermedades, ya que los insectos buscarán más oportunidades para alimentarse y pueden picar a las personas.
Sin embargo, no se demostró un vínculo directo entre la sequía y un aumento en los brotes de enfermedades como dengue o zika.

Los hallazgos de ambos estudios tienen implicaciones directas para la salud pública. La capacidad de los mosquitos para evolucionar frente al calor extremo y modificar su comportamiento en respuesta a la sequía sugiere que las estrategias actuales de control podrían necesitar ajustes en el futuro.
Si los mosquitos pueden tolerar temperaturas más altas y alimentarse con mayor frecuencia en ausencia de agua, el riesgo de transmisión de enfermedades como dengue, malaria y zika podría cambiar en distintas regiones del mundo.
Además, los modelos de predicción epidemiológica deberían considerar la evolución biológica de los mosquitos, en lugar de asumir que el cambio climático reducirá su presencia.

La doctora Couper advirtió que estos resultados enfatizan la importancia de mantener los esfuerzos de prevención, ya que los mosquitos no solo persistirán en el calentamiento global, sino que podrían adaptarse a condiciones extremas.
Por su parte, Holmes coincidió en que la sequía, en lugar de ser un factor limitante, podría favorecer la transmisión de virus, algo que debe ser considerado en futuras investigaciones y en el diseño de políticas de salud pública.
“Se espera que el calentamiento climático modifique la distribución geográfica de distintas especies de mosquitos, de forma tal que los límites de su distribución se extenderían hacia zonas más frías”, dijo a Infobae el biólogo Andrés Visintin, quien es profesor en la cátedra de entomología de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba e investigador del Conicet en Argentina.
Las pruebas indican que la tasa máxima de adaptación evolutiva y tolerancia al calor de los mosquitos excederá la tasa proyectada de calentamiento climático. “Implica que los mosquitos se puedan adaptar a las nuevas condiciones en nuevas áreas”, resaltó.
Por otro lado, a través del estudio publicado iScience, se observó que en condiciones de sequía los mosquitos sufren un incremento en la pérdida de agua y de nutrientes.
Para compensar esa pérdida que sufre su organismo, los insectos ingieren sangre un mayor número de veces de lo que ocurriría en condiciones normales como un mecanismo compensatorio.
Durante la época cálida y seca, la supervivencia de mosquitos Aedes aegypti puede aumentar al incrementarse el número de veces que se alimentan y, por lo tanto, pueden ingerir una mayor cantidad de sangre.
“La forma de responder al estrés hídrico causado por el cambio climático significa que se ponen en contacto con sus hospedadores (fuentes de sangre) un mayor número de veces, lo cual implica una mayor probabilidad de transmisión de patógenos”, afirmó el científico argentino. Los mosquitos demuestran una notable capacidad de adaptación.
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