
En las remotas y heladas tierras del Ártico, donde el sol apenas se asoma durante varios meses del año, Susana García-Espada, nacida en Guadalajara, España, realiza un trabajo clave para el avance de la ciencia global.
Desde el Observatorio Geodésico de la Tierra en Ny-Ålesund, Svalbard, Noruega, esta ingeniera lidera proyectos que aporta datos para hacer estudios que impactan directamente en la investigación climática, la precisión del GPS y el monitoreo del cambio climático.
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“Trabajo en Noruega, como parte de una cooperación científica con España”, explicó García-Espada al ser entrevistada por videollamada por Infobae, mientras afuera del departamento donde reside la temperatura era menor a 15 grados. La estación de investigación ya se volvió su segunda casa desde que, hace cuatro años, se trasladó desde el Observatorio Geodésico de España.

Ny-Ålesund es uno de los lugares más septentrionales del planeta en el que se agrupan algunas de las instalaciones científicas más importantes para el estudio del cambio climático inducido por actividades humanas y sus efectos en el entorno ártico.
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El Observatorio Geodésico de la Tierra opera bajo la administración de la Autoridad Noruega de Cartografía y es referente internacional en la investigación geodésica, que es la ciencia que estudia la forma y las variaciones de la Tierra.

Desde este centro, la ingeniera española lidera los trabajos por los cuales se realizan mediciones que van desde el monitoreo de la rotación del planeta hasta la variación de los niveles del mar.
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En el observatorio se utilizan tecnologías avanzadas como un radiotelescopio que permite observar quásares a distancias infinitas. “A través de esas detecciones, estimamos cómo la Tierra se mueve respecto a esos puntos en el Universo”, explicó García-Espada.
Estos datos no solo sirven para conocer mejor los movimientos terrestres, sino que también son fundamentales para los sistemas de navegación global, como el GPS.
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Otro de los instrumentos clave en el trabajo que realiza García-Espada es el gravímetro, que permite estimar las variaciones en la gravedad terrestre en diferentes puntos del planeta. “Los datos, además de contribuir a las investigaciones científicas, son esenciales para gestionar la órbita de los satélites artificiales”, contó.
Aunque la geodesia es una disciplina relativamente desconocida para muchos, la ingeniera ve en ella “un campo fascinante”, donde el aprendizaje nunca se detiene.
“Me atrae porque estoy en continuo aprendizaje. Las técnicas evolucionan y hay que ir aprendiendo algo nuevo todo el tiempo. También me gusta la interacción con personas e instituciones de otros países”, comentó.
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En Ny-Ålesund, también están las instalaciones del Instituto Polar Noruego y de AWIPEV, que es una base conjunta de investigación alemana y francesa.
“En general, se habla en inglés en toda la estación. Pero estoy aprendiendo noruego. No es fácil, pero me interesa hablarlo mejor”, dijo García-Espada, quien reconoce que la vida en un entorno tan aislado exige adaptación y un fuerte sentido de comunidad.
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Una rutina adaptada al clima extremo

Uno de los mayores desafíos para quienes viven y trabajan en el Ártico es la oscuridad que domina durante los meses de invierno. En Ny-Ålesund, los días sin luz solar pueden durar semanas, lo que tiene un impacto directo en la salud mental y física de los habitantes del lugar.
“Los inviernos son oscuros. Son un desafío tanto para la salud mental como física, porque se puede alterar el sueño por las noches, entre otros efectos”, resaltó.
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Para contrarrestar estos efectos, el personal del observatorio donde García-Espada trabaja sigue una rutina estricta. “Cada cuatro meses viajo generalmente a España para ver el Sol”, dijo.
Las actividades como desayunar y almorzar se realizan juntos con los compañeros de trabajo. Además, consideró que realizar deportes y tener buenos hábitos de sueño son fundamentales para el bienestar del equipo.
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“Tenemos una rutina de trabajo que nos ayuda a enfrentar el clima hostil. Generalmente, desayunamos y almorzamos juntos. Tener buenos hábitos para comer y dormir a la misma hora son claves para no volverte al revés”, contó.
Durante los días más oscuros, García-Espada también utiliza una lámpara especial que simula la luz solar, lo que la ayuda a regular su organismo y mitigar los efectos del invierno polar.
Además, el equipo de trabajo realiza actividades físicas grupales, como el bandy, una especie de hockey sobre hielo que ayuda a mantener el cuerpo activo y enérgico.
Un entorno cada vez más inclusivo

En una comunidad científica históricamente dominada por hombres, la participación femenina en Ny-Ålesund ha ido en aumento en los últimos años. Además, se celebra la diversidad de género y orientación sexual.
“La persona que se ocupa de hacer las reparaciones de electricidad en varias instalaciones es también una mujer. También hay varias investigadoras en las diferentes instalaciones de la estación”, señaló. “Mi generación se centra más en buscar oportunidades laborales y las valoramos. También en Noruega hay una cultura más abierta a la participación femenina”, afirmó.
Según García-Espada, el entorno laboral noruego ha favorecido su desarrollo profesional y le permitió crecer dentro de una comunidad científica internacional que está comprometida con la sostenibilidad y el avance del conocimiento global.

El día a día en Ny-Ålesund no solo está marcado por el trabajo científico, sino también por la belleza única de la naturaleza ártica. “Llevo 4 años aquí y cada día me maravillo al ver la naturaleza que me rodea”, dijo.
La posibilidad de presenciar auroras boreales durante el invierno o de ver osos polares caminando cerca del observatorio en verano es uno de los momentos que hace que trabajar en el Ártico sea una experiencia inigualable. “Es uno de los motivos que hacen que trabajar en Svalbard sea tan especial”, señaló.
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