
Un relevante avance en la biología marina ha salido a la luz: una nueva especie de carabela portuguesa, conocida científicamente como aguaviva, ha sido identificada en el Mar de Tasmania. Este descubrimiento, presentado por el equipo del Dr. Samuel Church de la Universidad de Yale, ha cambiado la perspectiva sobre la diversidad de estas criaturas marinas.
Durante mucho tiempo, los científicos han asumido que todas las fragatas azules pertenecían a una única especie, Physalia physalis, hasta este estudio. Sin embargo, el reciente análisis genético de 133 ejemplares recogidos de diferentes partes del mundo ha revelado cuatro variedades distintas, con características únicas y rangos geográficos delimitados.
Tres de estas especies ya se conocían: P. physalis, Physalia utriculus y Physalia megalista. La cuarta, la nueva especie identificada en el Mar de Tasmania, aún no ha sido oficialmente nombrada.

La nueva especie de carabela portuguesa descubierta en el Mar de Tasmania posee varias características distintivas. Entre ellas, destacan múltiples tentáculos, un flotador más pequeño y robusto, y una cresta menos pronunciada en su flotador, en comparación con otras especies conocidas.
La distribución geográfica de esta especie parece estar limitada a las regiones circundantes de Tasmania y Nueva Zelanda. Esto indica una estructura poblacional regional a pesar de sus capacidades de dispersión a larga distancia a través de vientos y corrientes marinas.
Diversidad genética y morfológica
Para llegar a esta conclusión, el equipo utilizó una combinación de métodos genéticos y morfológicos. Además del análisis de ADN de los 133 especímenes, los investigadores revisaron más de 4000 fotografías de fragatas azules publicadas en el portal iNaturalist, una plataforma de ciencia ciudadana.
Las imágenes permitieron estudiar detalladamente la morfología de estos organismos coloniales, que están compuestos por zooides genéticamente idénticos con diferentes funciones: digestión, reproducción y alimentación.

Kylie Pitt, integrante del equipo de investigadores y profesora en la Universidad Griffith en Gold Coast, Australia, explicó al medio New Scientist: “Parecen globos de agua o bolsas de plástico flotando en el océano y hemos estado asumiendo que son una sola especie. Tienen una diversidad que ha estado ocultándose a plena vista y muestra cuánto no sabemos”.
Orientación del flotador
Un aspecto fascinante de las fragatas azules es la orientación de sus flotadores. Según Church, las carabelas portuguesas pueden orientarse hacia la derecha o la izquierda, lo que afecta la dirección en la que derivan.
Este fenómeno influye en qué playas pueden llegar a parar, especialmente durante tormentas o cambios en las corrientes oceánicas. “Las fragatas azules pueden ser diestras o zurdas, lo que significa que la mayoría de los cuerpos y tentáculos emergen del lado derecho o izquierdo del flotador”, contó Church a New Scientist.
“Esto cambia la dirección en la que derivan en respuesta al viento y puede afectar qué fragatas terminan en la playa. No sabemos con certeza cómo se determina esto, pero nuestro mejor entendimiento es que no es genético”, señaló Church.

Implicaciones del Descubrimiento
Este hallazgo tiene significativas implicaciones para la conservación de la biodiversidad marina. Al reconocer la existencia de varias especies de carabelas portuguesas, los científicos pueden entender mejor su comportamiento, distribución y el impacto potencial en las playas donde arriban.
Esta información es vital para predecir y gestionar brotes de carabelas portuguesas en costas turísticas, reduciendo el riesgo para nadadores y turistas.
Comprender las corrientes y ubicaciones de cada especie de Physalia también permitirá a los investigadores mejorar sus modelos predictivos sobre la llegada de estas criaturas a las playas.
“Entender dónde están ubicados los diferentes grupos de fragatas azules y las corrientes que las mueven permitirá a los científicos predecir mejor cuándo una plaga podría llegar a una playa y representar un peligro para los nadadores”, añadió Pitt en New Scientist.
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