
Un reciente estudio publicado por la revista The Lancet reveló que entre 1990 y 2021 la esperanza de vida mundial aumentó 6,2 años. El estudio, que evaluó la situación a nivel global, regional y nacional, consideró las principales causas de muerte y sus alteraciones, así como la irrupción de la pandemia del coronavirus y sus efectos en estas métricas.
En un primer momento, los investigadores habían concluído que las principales causas de muerte por edad a nivel mundial se mantuvieron entre 1990 y 2019 siendo éstas, en orden decreciente, la cardiopatía isquémica, el accidente cerebrovascular, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y las infecciones de las vías respiratorias inferiores. Sin embargo, en 2021, tras la aparición del coronavirus, este escenario cambió, desplazando al accidente cerebrovascular de su puesto y ubicándose en esta posición, con una tasa de 94 muertes por cada 100.000 habitantes.
En ese sentido, el estudio expuso que para aquel año, la tasa de mortalidad por esta enfermedad era mayor en África subsahariana -con 271 por cada 100.000 personas-, seguido por América Latina y el Caribe -con 195,4 por cada 100.000-. En tanto, las más bajas se encontraron en las regiones con mayores ingresos como el sudeste asiático, el este de Asia y Oceanía -con 23,2 muertes por cada 100.000 habitantes-.

No obstante, los avances de la ciencia sobre algunos diagnósticos, como las infecciones entéricas, las de vías respiratorias inferiores, la diarrea, la malaria, el VIH/SIDA, la tuberculosis, el sarampión, la fiebre tifoidea, el cáncer y las muertes neonatales, entre otras, permitieron contrarrestar estos efectos y la reducción neta de 1,6 años en la esperanza de vida, para cerrar igualmente en una cifra positiva. Puntualmente, los conocimientos sobre las enfermedades entéricas contribuyó al total en 1,1 años mientras que aquellos sobre vías respiratorias sumaron 0,9 años.
En algunas zonas como África subsahariana, el control de las enfermedades diarreicas impulsó las métricas a los 10,7 años seguida por el Sudeste asiático, Asia Oriental y Oceanía, donde los mayores progresos o la ausencia de estas enfermedades permitió que la esperanza de vida supere la media de 6,2 años para alcanzar los 8,3. En tanto, el sur de Asia estuvo cerca, con 7,8 años y, muy por detrás, se ubicó América Latina y el Caribe, con 3,6 años.
Liane Ong, coautora del estudio, señaló que “por un lado, vemos los logros monumentales de los países en la prevención de muertes por diarrea y accidentes cerebrovasculares, al tiempo que vemos cuánto nos ha hecho retroceder la pandemia del COVID-19″.
Así, este análisis sobre los patrones de las enfermedades a lo largo del tiempo es “una oportunidad para profundizar nuestra comprensión de la reducción de la mortalidad y las estrategias que podrían revelar áreas donde se han implementado intervenciones exitosas de salud pública”, aseguraron sus autores.
“Ya sabemos cómo evitar que los niños mueran por infecciones entéricas, incluidas enfermedades diarreicas, y el progreso en la lucha contra esta enfermedad ha sido enorme. Ahora, debemos centrarnos en prevenir y tratar estas enfermedades, fortalecer y ampliar los programas de inmunización y desarrollar vacunas contra E. coli, norovirus y Shigella”, sumó al respecto Mohsen Naghavi, también coprimer autor del estudio.
Por último, además de considerar las enfermedades más conocidas en la actualidad por su nivel de mortalidad, los investigadores incluyeron otras amenazas crecientes provenientes de enfermedades no transmisibles como la diabetes y los cuadros renales, que van en aumento en todos los países. Si bien los países de mayores recursos lideran en la prevención de éstas, se nota una fuerte discrepancia en aquellos con bajos ingresos.
“La comunidad mundial debe garantizar que las herramientas que salvan vidas y que han reducido las muertes por cardiopatía isquémica, accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades no transmisibles en la mayoría de los países de altos ingresos estén disponibles para las personas en todos los países, incluso donde los recursos son limitados”, concluyó Eve Wool, autor principal del documento.
Últimas Noticias
Un estudio afirma que evitar los incendios forestales es mejor que sembrar árboles para salvar la Amazonía
Un análisis publicado en la revista Science comparó distintas estrategias de conservación y concluyó que frenar las perturbaciones en los bosques existentes resulta tan decisivo como detener la deforestación para preservar aves y árboles nativos de la región

La NASA pone a prueba su tecnología para viajar a Venus: las claves de la misión
Una sonda diseñada por la agencia estadounidense logró resistir condiciones extremas de temperatura dentro de un horno industrial. Esto garantiza la integridad de sus instrumentos científicos durante el futuro descenso hacia el planeta

Se hundió casi 700 metros en pocas horas: qué pasó en el fondo del mar tras la violenta erupción de un volcán del Pacífico
Un estudio publicado en Nature Geoscience detalló las consecuencias de la explosión registrada en enero de 2022 en Tonga: el colapso de la caldera desplazó una masa de agua que provocó olas de más de 40 metros de altura y afectó cables de telecomunicaciones submarinos a lo largo de casi 200 kilómetros

Un estudio reescribe el origen de los murciélagos y lo sitúa en Europa hace 65 millones de años
La comparación de ADN de 103 especies vivas y 44 fósiles permitió reconstruir el desplazamiento hacia África y las posteriores expansiones hacia distintas regiones del planeta. La investigación reunió a 137 científicos de 64 países

Las imágenes desde el espacio revelan cómo la erupción de un volcán cambió una isla en un mes y dejó en alerta a Indonesia
El satélite Sentinel-2 registró el retroceso de la vegetación en Sertung tras la actividad de Anak Krakatau. El contraste, de agosto a septiembre, refleja la acumulación de cenizas y otros materiales expulsados


