
Cuando una persona tiene dos o más enfermedades al mismo tiempo se habla de “multimorbilidad”. En la actualidad, esa coexistencia de trastornos es un reto mundial cada vez mayor y tiene efectos sustanciales sobre las personas afectadas, sus cuidadores y la sociedad en general.
Esos efectos se deben a que la multimorbilidad aumenta el riesgo de morir prematuramente, requerir internación en un hospital y tener una hospitalización más larga que las personas con una sola enfermedad crónica.
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En el Reino Unido, un grupo de investigadores publicó un nuevo estudio en la revista The Lancet Public Health sobre la multimorbilidad. Postularon que el orden en que se desarrollan las enfermedades en una persona puede impactar de forma diferente en la esperanza de vida.
Los científicos de la Universidad de Swansea, en Gales, evaluaron en el estudio la evolución a lo largo del tiempo de una serie de enfermedades múltiples de larga duración: la psicosis, la diabetes y la insuficiencia cardíaca congestiva. Y relacionaron a esos trastornos con el efecto que pueden tener en la esperanza de vida.
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Analizaron la evolución de esas enfermedades durante un período de 20 años en más de 1,6 millones de adultos mayores de 25 años. Se utilizó información del banco de datos SAIL, que proporciona acceso seguro a registros sanitarios y administrativos anónimos recopilados de forma rutinaria para la población de Gales. También trabajaron con pacientes y ciudadanos de todo Reino Unido para conocer su experiencia de vida con múltiples enfermedades de larga duración.
A través de modelos estadísticos, los investigadores examinaron el orden y el momento en que se desarrollan la psicosis, la diabetes y la insuficiencia cardíaca congestiva en pacientes de la misma edad, sexo y nivel de privación, así como el impacto relacionado en su esperanza de vida.
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De esa manera, descubrieron que el orden en el que las personas desarrollaban esas enfermedades tenía un impacto importante en su esperanza de vida. Aquellos que desarrollaron diabetes, psicosis e insuficiencia cardíaca congestiva, en ese orden, tuvieron la mayor pérdida de esperanza de vida (aproximadamente 13 años, de media).
En cambio, las personas que desarrollaron las mismas afecciones en un orden diferente se vieron menos afectadas. Así, por ejemplo, un hombre de 50 años que resida en una zona de ingresos medios podría experimentar una diferencia en su esperanza de vida de más de 10 años, dependiendo del orden en que desarrollara las tres enfermedades.
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También el estudio identificó que las personas que primero desarrollaban diabetes, luego psicosis y, por último, insuficiencia cardíaca congestiva, tenían un mayor riesgo de desarrollar la siguiente enfermedad de larga duración, o de morir en los cinco años siguientes a su último diagnóstico.
Sin embargo, la aparición de otras enfermedades no siempre es mortal, aclararon. Por ejemplo, las personas diagnosticadas de psicosis y diabetes -en cualquier orden- tenían una mayor esperanza de vida que las diagnosticadas sólo de psicosis.
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Aunque se trata de un hallazgo sorprendente, los investigadores hicieron un llamado de atención. Esperan que las personas con diabetes tengan un contacto más regular con sus profesionales de la salud. Asistir a clínicas para personas con diabetes -por ejemplo- podrían mejorar su salud en general.
Además, la investigación descubrió que la insuficiencia cardíaca congestiva por sí sola, y en combinación con la psicosis (en cualquier orden), tenía un efecto similar en la esperanza de vida que la combinación “en el peor de los casos” de diabetes, psicosis e insuficiencia cardiaca congestiva (en ese orden).
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Se trató del primer estudio que examina cómo afecta a la esperanza de vida de una persona el orden en que se desarrollan múltiples enfermedades de larga duración. Podría servir para informar a pacientes, profesionales de la salud y responsables en la toma de decisiones sobre la identificación adecuada de enfermedades y la gestión de la atención al paciente. A su vez, esto podría redundar en mejores resultados para los pacientes y el sistema de salud.
Los resultados contribuyen también a la prestación de asistencia sanitaria mediante el estudio de los factores que pueden aumentar el riesgo de que una persona desarrolle una enfermedad, así como la identificación de posibles oportunidades para la detección de enfermedades y la intervención precoz.
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“Las investigaciones futuras podrían evaluar el impacto de los programas de tamizaje y las intervenciones para retrasar el desarrollo de otras enfermedades de larga duración y prolongar la vida”, sostuvieron los investigadores Rhiannon Owen, Keith Abrams, y colegas de la Universidad Swansea.
Igualmente mencionaron algunas limitaciones del trabajo. Utilizaron información de registros sanitarios recopilados de forma rutinaria, que no siempre son precisos: algunos diagnósticos pueden faltar o estar retrasados. Además, los diagnósticos no siempre se describen con exactitud. Todos estos factores son importantes para poder estimar con precisión el impacto de las enfermedades múltiples de larga duración en la esperanza de vida.
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Los investigadores sugirieron que su enfoque podría reproducirse para cualquier otra combinación de afecciones, incluido el desarrollo de afecciones a largo plazo tras la infección por el coronavirus, que se conoce como COVID prolongado, y el impacto sobre la calidad de vida.
El año pasado, otro trabajo por expertos del Reino Unido y Tailandia también había apuntado a soluciones para responder al reto de la multimorbilidad. Se había publicado en la revista Primary Health Care Research & Development. Entre otras recomendaciones, los autores resaltaron que es clave promover el autocuidado de los pacientes para lograr los resultados de salud esperados.
Varios factores clave de éxito que pueden promover el autocuidado incluyen el uso del enfoque participativo, la comprensión de la situación del paciente, la mejora de la motivación del paciente, el refuerzo de la adherencia, el suministro de recursos y habilidades educativas, y el desarrollo del apoyo entre pares a través de reuniones grupales.
La evidencia muestra que los programas de educación para el autocuidado pueden ayudar a los pacientes con enfermedades crónicas únicas, así como a aquellos con morbilidad múltiple. Se deben dar materiales adicionales de apoyo para el autocontrol del paciente y dispositivos de autocontrol apropiados para su condición
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