
Los murciélagos han vivido con coronavirus durante milenios. Los detalles aún son confusos sobre cómo uno de estos virus se convirtió en la causa del COVID-19 en humanos. Los científicos siguen estudiando si pasó directamente de los murciélagos a los humanos o a través de otra especie animal, cuándo ocurrió y por qué.
Los investigadores que están detrás de estas pistas están convencidos de que si no pueden responder estas preguntas, tienen pocas esperanzas de prevenir la próxima pandemia. Sin embargo, sus sistemas inmunológicos sobrealimentados les permiten coexistir con estos virus sin parecer enfermos.
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Un equipo de trabajo encontró una respuesta sorprendentemente simple a las preguntas precedentes en una nueva investigación sobre una especie de murciélagos: los zorros voladores en Australia. Concluyeron que la clave está en proteger y restaurar el hábitat de los murciélagos nativos para impulsar la protección natural.

”Cuando destruimos los bosques nativos, obligamos a los zorros voladores comedores de néctar a entrar en modo de supervivencia. Pasan de ser animales principalmente nómadas después de la floración de los eucaliptos y formar grandes espacios usados para dormir a animales menos móviles que viven en una gran cantidad de pequeños sitios cerca de tierras agrícolas donde pueden entrar en contacto con los caballos” explicó Alison Peel, Investigadora Principal en Ecología de Enfermedades de la Vida Silvestre, Universidad Griffith, autora principal del documento que se publica en la revista Nature.
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El virus Hendra lo transmiten los murciélagos y puede propagarse a los caballos. Dos tercios de los casos de Hendra en caballos han ocurrido en áreas muy despejadas del norte de Nueva Gales del Sur y el sureste de Queensland, sitio donde los especialistas realizaron su investigación.
“Eso no es una coincidencia. Ahora que sabemos cómo se vinculan la destrucción del hábitat y el derrame de contagio, podemos actuar. La protección de las especies de eucalipto de las que dependen los zorros voladores reducirá el riesgo de que el virus se propague a los caballos y luego a los humanos. Los datos que recopilamos también permiten predecir los momentos de mayor riesgo del virus Hendra, con hasta dos años de anticipación” afirmó Peel.
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Desde los zorros hacia el resto
Los zorros voladores son el mamífero volador más grande, en Australia a menudo se ve enmarcado contra los cielos nocturnos de verano en las ciudades. Estos murciélagos, amantes del néctar, juegan un papel vital en el ecosistema al polinizar los árboles nativos de Australia. La polinización allí no se limita a las abejas: también lo hacen las moscas, las polillas, los pájaros y los murciélagos.
Durante el invierno, dependen del néctar de algunas especies de árboles, como los eucaliptos rojos del bosque (Eucalyptus tereticornis), que se encuentran principalmente en el sureste de Queensland y el noreste de Nueva Gales del Sur. “Desafortunadamente, la mayor parte de este hábitat ha sido despejado para la agricultura o las ciudades”, confirma Peggy Eby, profesora titular adjunta del Centro de Ciencias de Ecosistemas de la misma universidad y otra de las autoras principales de la documentación.
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Los zorros voladores suelen ser nómadas y vuelan grandes distancias. Cuando los eucaliptos florecen en áreas específicas, estos murciélagos descenderán sobre la abundante comida y se congregarán en sitios con más de 100.000 ejemplares.
Durante las severas sequías provocadas por El Niño, los eucaliptos pueden dejar de producir néctar. Para sobrevivir, los zorros voladores deben cambiar su comportamiento. “Se propagan en muchas direcciones, buscando otras fuentes de alimento, como frutas introducidas. Esta respuesta normalmente solo dura unas pocas semanas. Cuando se reanuda la floración de los eucaliptos, los murciélagos vuelven a alimentarse en los bosques nativos” indicó Eby.
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Entre 1996 y 2020, los investigadores encontraron que los grandes refugios invernales de murciélagos nómadas en el sureste de Queensland se volvieron cada vez más raros. En cambio, los zorros voladores formaban pequeños refugios en áreas rurales que normalmente habrían ignorado y se alimentaban de plantas introducidas como ligustro, laurel alcanforado y cítricos. Esto los ha acercado a un contacto más cercano con los caballos.

En una investigación relacionada publicada el mes pasado, el mismo equipo de científicos detectó que los sitios para dormir más pequeños que se forman en estas áreas rurales también tenían tasas de detección más altas del virus Hendra, especialmente en los inviernos después de una escasez de néctar provocada por el clima.
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“Este es un ejemplo muy claro. Descubrimos que el virus Hendra nunca saltó de los zorros voladores a los caballos cuando había abundante néctar de invierno. Proteger y restaurar el hábitat de los murciélagos y replantar especies de árboles clave lejos de los potreros de los caballos mejorará la salud de los murciélagos y nos mantendrá más seguros” afirmaron los especialistas.
Los zorros voladores dejan sus refugios en las ciudades o áreas rurales cuando hay abundantes eucaliptos en flor en otros lugares. ”El SARS-CoV-2 no será el último virus de murciélago en saltar entre especies y revolucionar el mundo. A medida que los expertos planifiquen formas de responder mejor a la próxima pandemia y trabajen en vacunas humanas basadas en las vacunas contra Hendra para equinos, también podemos ayudar”, concluye Eby.
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