
El coronavirus causa la enfermedad COVID-19. A su vez, esa infección puede provocar otra enfermedad, que ya se ha llamado oficialmente como “COVID-19 de larga duración”. También se la conoce como COVID prolongado, post Covid o COVID persistente, y engloba más de 200 síntomas que se desarrollan como secuelas después de haber tenido la infección por el coronavirus, tanto confirmada como probable.
Las secuelas suele aparecer normalmente “tres meses después del inicio de la infección por el coronavirus. Los síntomas duran al menos dos meses y no pueden explicarse por un diagnóstico alternativo”, según la definición oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Como se trata de un síndrome nuevo, se fueron construyendo diferentes mitos sobre cómo afecta y a quiénes.
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La falta de claridad entre los profesionales de la salud acerca de la enfermedad complicó los esfuerzos por avanzar en la investigación y el tratamiento del COVID prolongado. Pero a más de dos años y medio de la pandemia, ahora hay cientos de estudios sobre las secuelas del COVID-19 y muchos más están en proceso. Recientemente se dieron a conocer los resultados de trabajos que derribaron tres mitos sobre el COVID prolongado:
Mito 1: solo los pacientes hospitalizados pueden tener COVID prolongado

Lo que se sabe: La verdad es que las personas con cuadros leves o moderados también pueden padecer el COVID prolongado. En los Estados Unidos, se realizó un estudio a partir del análisis de decenas de miles de pedidos en los seguros médicos privados. Se encontró que más de tres cuartas partes de las personas a las que se les había diagnosticado COVID prolongado o de Larga duración no habían estado lo suficientemente enfermos como para ser hospitalizados por su infección inicial.
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Los investigadores analizaron los datos de los primeros meses después de que los médicos empezaran a utilizar un código de diagnóstico especial para el síndrome del COVID de larga duración, que fue creado el año pasado. Los resultados de ese trabajo se sumaron a un creciente conjunto de evidencias que indican que, si bien los pacientes que han sido hospitalizados corren un mayor riesgo de padecer COVID de larga duración, las personas con infecciones iniciales por coronavirus leves o moderadas también pueden seguir experimentando síntomas debilitantes tras la enfermedad, como problemas respiratorios, fatiga extrema y problemas cognitivos y de memoria.
El estudio fue llevado a cabo por la organización sin fine de lucro FAIR Health. Reveló que el 76% de los pacientes con COVID de larga duración no había requerido hospitalización por su infección inicial por coronavirus.
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Otro hallazgo sorprendente del trabajo fue que, aunque dos tercios de los pacientes tenían problemas de salud preexistentes en sus historiales médicos, casi un tercio no los tenía, un porcentaje mucho mayor del que se esperaba. Se trataba de personas que han estado sanas antes del COVID-19.
Mito 2: las vacunas no protegen contra el COVID prolongado

Lo que se sabe ahora: vacunarse contra el coronavirus también sirve para reducir los efectos del COVID prolongado. En un estudio publicado en la revista British Medical Journal, investigadores evaluaron la asociación entre la vacunación y los síntomas del COVID Prolongado en residentes de comunidades del Reino Unido (RU) que habían tenido el virus antes de la vacunación.
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Se sabía que las vacunas contra el COVID-19 han sido eficaces para disminuir las infecciones, la transmisión, las hospitalizaciones y las muertes. La probabilidad de desarrollar COVID largo puede ser menor entre los individuos infectados por el coronavirus después de la vacunación. Sin embargo, la asociación entre la vacunación contra COVID-19 y los síntomas de COVID largo no estaba clara.
Un total de 6.729 participantes (24%) experimentaron síntomas de COVID largo al menos una vez durante el período de seguimiento. Tras la primera vacunación, se observó una reducción del 13% en la probabilidad de síntomas de COVID largo. Después de la segunda dosis, se observó una reducción inicial del 9% en la probabilidad de síntomas COVID largos, seguida de nuevas reducciones del 0,8% semanal.
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Hubo 4.747 participantes (17%) con síntomas de COVID prolongados que limitaron sus actividades diarias al menos una vez durante el periodo de seguimiento. La primera vacunación se asoció con una disminución inicial del 12% en la probabilidad de limitación de la actividad diaria. La segunda vacunación se asoció con una disminución inicial del 9% en la probabilidad de limitación de la actividad diaria, seguida de un -0,5% semanal hasta la finalización del periodo de seguimiento.

Las probabilidades de experimentar menos de 3 ó 5 síntomas de COVID largo disminuyeron inicialmente después de la primera y la segunda vacunación. Después de la primera vacunación, las mayores disminuciones se observaron para la pérdida del olfato, del gusto y el mal sueño. Después de la segunda vacunación, los descensos más significativos se observaron en la fatiga, los dolores de cabeza y la falta de sueño.
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En general, los resultados del estudio mostraron que las probabilidades de padecer síntomas prolongados de COVID disminuyeron tras la vacunación contra el coronavirus, con una inmunidad sostenida tras la segunda vacunación, al menos durante el periodo medio de seguimiento de 67 días. Los resultados respaldan la importancia de la vacunación para reducir la carga sanitaria de la COVID prolongada, según los investigadores del Departamento de Medicina Nuffield de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.
Mito 3: el COVID prolongado no afecta a niños ni adolescentes
Lo que se sabe ahora: el síndrome del Covid prolongado o de larga duración también se puede desarrollar en niñas, niños y adolescentes después de que se recuperaron de la fase aguda de la infección por el coronavirus. Una cuarta parte de los niños con síntomas del COVID-19 desarrollan luego el COVID prolongado o persistente, según los datos agrupados de 21 estudios realizados previamente en Europa, Asia, Australia y Sudamérica. Los expertos médicos y las autoridades sanitarias ya dan recomendaciones a las familias sobre los síntomas que deben tener en cuenta para actuar a tiempo.
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Entre los 80.071 niños con el COVID-19 en los estudios, el 25% desarrolló síntomas que duraron al menos entre 4 y 12 semanas o nuevos síntomas persistentes que aparecieron en 12 semanas, informaron los investigadores en la plataforma MedRxiv, que aún espera la revisión por pares. La revisión de estudios fue realizada por Carol Perelman, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y dirigida por la española Sonia Villapol, que trabaja en el Colegio Médico Weill Cornell, de los Estados Unidos, y otras investigadoras, de Estados Unidos, México, y del Instituto Carolina de Suecia.
“Hasta ahora, la atención se centraba principalmente en la fase aguda de la enfermedad”, señalaron las autoras del estudio. “Sin embargo, una vez que la fase aguda del COVID-19 ha terminado, muchos individuos experimentan meses de síntomas debilitantes del COVID-19 que requieren atención médica adicional y seguimiento”, advirtieron.
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Desde la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría, la doctora Elizabeth Bogdanowicz dijo a Infobae: “Los niños y los adolescentes pueden tener COVID prolongado, un síndrome que aún está en estudio. La vacunación contra el COVID-19 reduce el riesgo de síndrome inflamatorio multisistémico y el COVID prolongado”.
Los síntomas en niños y adolescentes son muy variados, aunque se parecen también a los de los adultos: cansancio, dolores musculares, insomnio, apatía, problemas de concentración, febrícula a veces, o dolor abdominal, entre otros. “Los síntomas son muy variados. Hay que controlarlos en el tiempo según cada caso”, destacó la doctora Bogdanowicz.
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