
La circulación continua y la evolución del SARS-CoV-2 da como resultado mutaciones y la aparición de diversas variantes. Hasta ahora, cada vez que aparecía una nueva variante dominante, superaba a su predecesora después de un breve período en el que convivían.
Ómicron, la última variante de preocupación, identificada a fin de noviembre de 2021 en Sudáfrica, se ha extendido rápidamente por todo el mundo. A diferencia de la variante Delta, anteriormente considerada como la dominante en la mayoría de los países, la dinámica de Ómicron mostró características diferentes.
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Gran cantidad de investigaciones se centran hoy en tratar de comprender sus diferencias y comportamientos, de modo de contar con la capacidad científica de prever el futuro de las nuevas variantes del COVID-19 y las necesidades de protección de la población, así como el desarrollo de vacunas y dosis que serían necesarias para acompañar esta evolución. Las dinámicas de estudio en este escenario preveían que Delta disminuyera a medida que aumentaba la dispersión poblacional de Ómicron.
Sin embargo, especialistas de la Universidad Ben-Gurion de Negev en Israel, encontraron que puede bajar la circulación de Ómicron en los próximos meses y la variante Delta podría resurgir. Sus hallazgos acaban de publicarse en la revista científica Science of the Total Environment.
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De este modo, el escenario que plantearon los investigadores es que la variante Delta puede resurgir este verano en el hemisferio norte. “Si bien Delta eliminó las variantes que la precedieron, Ómicron no hizo lo propio con Delta”, explicaron los biólogos Ariel Kushmaro y Karin Yaniv en el estudio publicado.
Para la investigación, el equipo de trabajo desarrolló matrices sensibles que pueden diferenciar variantes entre sí en aguas residuales. Estas fueron clave en el seguimiento de los contagios en India, por ejemplo, y continúan dando indicaciones de dónde está activo el coronavirus. La epidemiología basada en aguas residuales es una herramienta recomendada para la contención de una pandemia.
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Los investigadores de la Universidad Ben-Gurion monitorearon las aguas residuales de la ciudad israelí de Beersheba desde diciembre de 2021 hasta enero de 2022 y descubrieron que la variante Ómicron puede disminuir en los próximos meses, que no ha eliminado por completo a Delta; y, además, esta última variantes parece estar lista para resurgir.
Las muestras que obtuvieron en su investigación indicaron que incluso cuando los números de pruebas continúan cayendo, los rastros de COVID-19 todavía están activos en cantidades importantes. El modelo utilizado por los investigadores “predice que Omicron se está eliminando mientras que Delta está esperando su momento”, según un comunicado de la Universidad Ben-Gurion donde se brindaron detalles del estudio.
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Los especialistas indicaron que “en contraste con la dinámica esperada en la que la variante Delta iba a reducir su circulación a medida que aumentaba Ómicron, los resultados hallados a través de la detección de aguas residuales indicaron una circulación críptica de la variante Delta incluso con los niveles aumentados de la variante Ómicron”.
Los datos de las aguas residuales resultantes sobre las que basaron su estudio ilustraron la dinámica Delta-Ómicron inicial que se produce en tiempo real. A pesar de esto, los científicos advierten que el desarrollo futuro y la dinámica de las dos variantes en paralelo aún se desconocen en gran medida.
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Sobre la base de los resultados iniciales, se desarrolló un modelo de doble susceptible-infectado-recuperado para las dos variantes. Según el modelo desarrollado, se puede esperar que los niveles de Ómicron disminuyan hasta eliminarse, mientras que la variante Delta mantendrá su circulación críptica.
Si esto sucede, este estilo de circulación adoptada por estas variantes de modo particular puede resultar “en el resurgimiento de una onda de mortalidad de Delta o en la posible generación de una nueva variante amenazante”, escribieron textualmente los científicos en su informe.
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En conclusión, los investigadores, quienes continúan con el registro de las aguas residuales como una manera de seguir las rutas epidemiológicas y comportamiento de las variantes, recomiendan el despliegue de este tipo de rastreo como una herramienta conveniente y representativa para la contención de esta pandemia, y otras por venir.
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