
A los 74 años, Margaret Daffodil Graham se inscribió en un ensayo clínico que hacían en hospital para investigar la hipertensión. Como la sufre desde hace cuatro décadas, pensó que podía beneficiarse de nuevas formas de evitar el riesgo cardiovascular. Pero el estudio, SPRINT-MIND, también le enseñó a cuidar su mente: fue el primero en buscar —y establecer— que reducir activamente la presión sanguínea protege a las personas contra la deficiencia cognitiva, incluidos síntomas de demencia asociados al mal de Alzheimer.
SPRINT-MIND son las siglas del Ensayo para Intervenir la Presión Sistólica, que realizó el Instituto Nacional de Salud (NIH) de los Estados Unidos, y el sub-ensayo Memoria y Procesos Cognitivos en la Hipertensión Reducida. La investigación principal incluyó a 9.361 adultos de 50 años o más con una presión sistólica desde 130 milímetros de mercurio (mm Hg) y algún otro factor de riesgo, como enfermedad renal.
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Al bajar la presión de 140 a 120 mm Hg, SPRINT comprobó que "se redujeron en un 25% los eventos cardiovasculares y en un 27% el riesgo general de muerte". Y ahora el segmento MIND presentó "la primera confirmación sólida de que bajar la presión sanguínea reduce el riesgo tanto de deficiencia cognitiva leve, un grado de deterioro del cerebro que se considera la puerta a la demencia, como de la demencia probable", calificó Time.
Hacia 2050 unas 150 millones de personas en el mundo estarán afectadas por alguna forma de demencia senil. Y si bien se conocen maneras de reducir los riesgos coronarios o de cáncer por medio de cambios en los hábitos de vida (como no fumar, cuidar una alimentación saludable y hacer ejercicio), existen pocas prevenciones probadas para los trastornos degenerativos del cerebro, como el Alzheimer. No se puede evitar cumplir años, y la edad es un factor determinante; no se pueden cambiar los genes, y la herencia es otro.
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Debido a eso, la investigación se ha centrado en la búsqueda de medicaciones que puedan tratar estas enfermedades; sin embargo, muchas farmacológicas grandes abandonan los esfuerzos por la falta de resultados. Sólo dos de las drogas estudiadas recientemente, BAN2401 y aducanumab, produjeron una posible reducción en las placas de proteínas que causan la enfermedad.
Ahora, los resultados de esta nueva investigación podrían mostrar un camino adicional.
"¿120 es el nuevo 140?", planteó Alzforum, sitio de recopilación de investigaciones sobre estas enfermedades, al reseñar el estudio presentado en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer 2018, realizada en Chicago a finales de julio. En poco más de tres años, 147 personas a las que se trató para que tuvieran una presión más baja recibieron un diagnóstico de demencia, contra 175 en el grupo de control. Pero la diferencia significativa fue otra.
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"En el grupo estándar y en el grupo intensivo, respectivamente, 348 y 285 personas recibieron un diagnóstico de deficiencia cognitiva leve, una diferencia del 19%", indicó el análisis. "La incidencia de demencia probable o deficiencia cognitiva leve fue 15% menor en el grupo de tratamiento intensivo, también algo importante". Se trata de personas que en principio se consideró que sufrían deficiencia cognitiva leve y en un control posterior se diagnosticó con demencia.
"Es una de las primeras demostraciones reales de que un cambio en los hábitos de vida afecta los procesos cognitivos en la vejez", dijo a Time Ronald Petersen, director del Centro de Investigación sobre Mal de Alzheimer de la Clínica Mayo, quien no participó en el estudio.
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La posibilidad de que la presión sanguínea tuviera algún impacto era biológicamente razonable, explicó a la publicación Jeff Williamson, jefe de Medicina Geriátrica en la Facultad de Medicina Wake Forest de Carolina del Norte, también director del trabajo. "Con el tiempo, la presión alta puede dañar las paredes de las arterias más frágiles que llevan sangre al cerebro y otros órganos", dijo. "Y eso puede producir algunas de las cosas que vemos asociadas a la demencia: inflamación y pequeños derrames".
Aunque se necesita más investigación dado que se trata de enfermedades que se desarrollan a lo largo del tiempo, se comprobó que "controlar la presión sanguínea no sólo es bueno para el corazón sino también para el cerebro", según Williamson. "Es algo que se puede hacer".
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Time citó otro estudio, publicado en Neurology, que también probó que controlar la presión alta puede ser un recurso contra la deficiencia cognitiva. "El Centro Rush para el Mal de Alzheimer halló que las personas con presión más alta a lo largo del tiempo, tenían más lesiones cerebrales en la vejez, áreas de tejido muerto", sintetizó. "También tenían más nudos de proteína tau, otro sello distintivo del Alzheimer que tiende a aparecer más tarde en la enfermedad".
Petersen cree que estos hallazgos podrían marcar un camino hacia tratamientos mixtos, dada la creciente evidencia de que en una enfermedad causada por factores múltiples hará falta más que medicación. "Casi con seguridad habrá una terapia combinada para el Azheimer en el futuro", dijo a Time. "Y reducir la presión sanguínea es parte del asunto".
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