
Las calles de Balao siguen cubiertas de agua y lodo varios días después de las lluvias más intensas de marzo de 2026. En este cantón costero de la provincia del Guayas, el desbordamiento del río Balao y las precipitaciones acumuladas dejaron barrios enteros anegados, viviendas dañadas y cientos de familias intentando recuperar lo que quedó de sus casas mientras el nivel del agua desciende lentamente. El panorama resume una de las emergencias más visibles del invierno que golpea al litoral ecuatoriano.
Balao está ubicado en la parte suroriental de la provincia del Guayas, cerca de la frontera con El Oro, y se caracteriza por ser un territorio de baja altitud atravesado por el río que lleva su mismo nombre. Esa geografía lo vuelve particularmente vulnerable a inundaciones cuando el caudal aumenta tras varios días de lluvia. En marzo de 2026, ese riesgo se materializó con rapidez: el río se desbordó y el agua comenzó a avanzar hacia el casco urbano y zonas rurales, cubriendo calles, viviendas y cultivos.
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Las imágenes que circulan desde el cantón muestran avenidas convertidas en canales, casas con el agua hasta las ventanas y lugares cubiertos de lodo. En varios sectores, los habitantes debieron refugiarse en los pisos superiores de sus viviendas o evacuar mientras equipos de rescate y autoridades locales intentaban abrir paso entre el agua y los escombros. En algunos barrios el nivel del agua superó el metro de altura, lo que obligó a movilizar maquinaria pesada para limpiar sedimentos y permitir la circulación.
La situación en Balao ocurre en medio de una temporada lluviosa que ha dejado una extensa estela de daños en todo el país. Según el informe de situación número 48 elaborado por la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, entre el 1 de enero y el 11 de marzo de 2026 se registraron 1.600 eventos adversos relacionados con lluvias en Ecuador, que afectaron a 189 cantones y 578 parroquias.
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Las inundaciones constituyen el fenómeno más recurrente en esta temporada invernal, con más de seiscientos eventos registrados a nivel nacional, seguidas por deslizamientos y episodios de lluvias intensas. En conjunto, estos eventos han impactado a decenas de miles de personas y han provocado daños en viviendas, vías y cultivos en diversas provincias del país.
Los datos oficiales muestran la magnitud del impacto acumulado del invierno. Hasta el 11 de marzo, las lluvias habían dejado ocho personas fallecidas, 44.034 personas afectadas y 3.587 damnificadas en Ecuador. Además, se reportaban 12.503 viviendas afectadas y 80 destruidas, así como más de 33 kilómetros de vías con daños estructurales.
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La provincia del Guayas figura entre las más golpeadas por esta temporada lluviosa. En ese territorio se registran más de 18.000 personas impactadas por las precipitaciones, además de miles de viviendas con algún tipo de daño. La emergencia en Balao forma parte de ese escenario regional donde varios cantones han experimentado desbordamientos de ríos, anegamientos urbanos y afectaciones a la infraestructura.
Mientras el agua continúa acumulada en calles y patios, las autoridades han desplegado asistencia humanitaria para las familias afectadas. La Secretaría de Gestión de Riesgos reporta que, en el contexto de las emergencias provocadas por las lluvias, se han entregado más de 22.000 bienes de asistencia humanitaria, entre ellos kits de alimentos, higiene, limpieza, colchones y purificadores de agua.
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En varias zonas del país también se habilitaron alojamientos temporales para recibir a las personas que no podían permanecer en sus viviendas. De acuerdo con el mismo reporte oficial, se han activado varios albergues y centros de acogida donde se alojan familias desplazadas por las inundaciones y otros eventos asociados al invierno.
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología había advertido previamente sobre la posibilidad de lluvias intensas entre el 10 y el 13 de marzo, con precipitaciones de variable intensidad acompañadas de tormentas eléctricas y ráfagas de viento en diversas regiones del país. Estas condiciones climáticas explican en parte la magnitud de los desbordamientos y anegamientos registrados en la Costa ecuatoriana durante esos días.
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En Balao, sin embargo, la emergencia no termina cuando cesa la lluvia. Tras el descenso paulatino del agua, los habitantes enfrentan otro desafío: limpiar el lodo, recuperar enseres y evaluar los daños en las estructuras de sus viviendas. Muchos hogares quedaron cubiertos por una capa de sedimentos que obliga a retirar muebles, electrodomésticos y materiales dañados antes de intentar volver a la normalidad.
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