
Varias estaciones de servicio de Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra otra vez están rodeadas de camiones que esperan para cargar combustible. Según se constató en un recorrido por Santa Cruz durante el fin de semana, en varios surtidores habían conos en señal de que no había disponibilidad de diésel ni gasolina. En otros, se amontonaban los vehículos para llenar sus tanques.
Según Francisco Duchén, encargado de Comunicación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), los despachos de combustible son regulares pero hay una sobredemanda de diésel debido al trabajo agrícola de cosecha y al incremento en el uso de maquinaria pesada, particularmente en el norte de La Paz, tras las inundaciones registradas en algunos municipios.
“Hay bastantes compromisos con el sector público, en el norte de La Paz por las inundaciones se requiere maquinaria pesada con diésel. También el agro, por la temporada de cosecha, lo que deja un vacío en otros usuarios. No hay una ausencia de despachos, pero el uso ha incrementado por las particularidades de la época”, explicó.
Los testimonios de los operadores de las estaciones de servicio coinciden en cuanto a la dotación de combustible: afirmaron que en la última semana hubo una provisión menor de diésel pero el abastecimiento de gasolina fue regular. Sin embargo, explicaron que se produjo una demanda mayor de gasolina ante el temor de una interrupción en el flujo. Este lunes por la mañana, a las 09:00 hora local, de los 15 surtidores que tiene una cadena de estaciones de servicio en Santa Cruz solo ocho estaban vendiendo diésel y 11 gasolina.

Bolivia atraviesa desde el año pasado periodos de escasez de combustible debido principalmente a la baja producción local y las crecientes dificultades de importación, en un contexto de crisis económica y escasez de dólares.
El momento más crítico ocurrió en noviembre del año pasado, cuando el desabastecimiento se agudizó y prolongó por más de una semana obligando a realizar esperas de hasta 12 horas para cargar gasolina y de varios días para comprar diésel, afectando incluso la circulación regular del transporte público por la falta de operabilidad de algunos buses.
En ese entonces el Gobierno atribuyó la carestía a la alteración en la logística de distribución debido a los bloqueos realizados por simpatizantes de Evo Morales que cortó el tránsito en las principales ciudades del país. Sin embargo, la regularización del suministro de combustible duró varios días después de que se levantara la medida.
A inicios de enero de este año, el presidente de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Armin Dorgathen, anunció mejoras en la logística de importación de combustibles, como la ampliación de la operatividad de un puerto en el norte de Chile y la habilitación de un puerto en Perú prevista para amarzo. “El año 2025 no vamos a tener filas”, señaló Dorgathen.
No obstante, a finales de enero se observaron algunas jornadas en las que hubo filas para abastecer los tanques y la situación se repite un mes más tarde.

El irregular suministro de carburantes le ha traído una serie de problemas al Gobierno que enfrentó protestas y presiones de varios sectores, entre ellos el transporte y la agroindustria que se vieron particularmente afectados por el desabastecimiento prolongado.
Para paliar la crisis energética en el corto plazo, el Gobierno autorizó la importación y comercialización de combustible a actores privados por un plazo de tres años.
Un problema estructural
El tema de los combustibles es uno de los que más problemas genera en la administración pública en Bolivia. Los precios del diésel y la gasolina son subvencionados por el Estado y significativamente más baratos que el precio internacional, por lo que las cuentas están abriendo un hueco en la debilitada en economía del país.

Bolivia importa el 86% del diésel y el 56% de la gasolina que necesita para abastecer el mercado interno. En 2024, esta importación supuso un gasto de 2.381 millones de dólares de dólares. Para este año, se dispuso un monto aún mayor: 2.900 millones dólares, lo que equivale a alrededor de 56 millones de dólares semanales, esta política permitirá que el precio del diésel se mantenga en 3,74 bolivianos y el de la gasolina en 3,72, equivalentes a 0,53 centavos de dólar.
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