
Lejos aún del pico de coronavirus y a las puertas del invierno austral, Brasil camina hacia una tormenta perfecta con la curva del COVID-19 al alza, el inicio de la temporada de influenza, el final de la de dengue y brotes activos de otros virus que creía superados, como el sarampión.
Mientras se llenan las unidades de cuidados intensivos de los hospitales, el presidente Jair Bolsonaro sigue enfrascado en una “guerra política” contra las medidas de aislamiento de los Gobiernos regionales y a favor de la vuelta a la normalidad.
En esa cruzada ya han caído dos ministros de Salud en menos de un mes: Luiz Henrique Mandetta, defensor acérrimo de las cuarentenas, y Nelson Teich, que se negó a recomendar la cloroquina para todo tipo de pacientes con coronavirus, como desea el líder ultraderechista. Los dos eran médicos y ahora, con la curva en plena escalada exponencial, la cartera de Salud está en manos, de forma interina, de Eduardo Pazuello, un general del Ejército sin experiencia en el área.
Hasta este domingo, Brasil registraba 241.080 casos confirmados y 16.118 muertes por coronavirus, y varios gobernadores y alcaldes relatan altos índices de ocupación de las unidades de cuidados intensivos, que amenazan con el colapso del sistema de salud público. El pico está previsto que se alcance en las próximas semanas, aunque el coronavirus no será la única emergencia sanitaria a la que tendrá que hacer frente el precario sistema brasileño de salud pública.

UNA COMBINACIÓN “EXPLOSIVA”
La expansión del coronavirus, que llegó a Brasil en febrero, se produce en medio de otros brotes infecciosos que ya venían preocupando a las autoridades sanitarias.
El país ahora está superando el pico de dengue, transmitida por el mosquito Aedes Aegypti, que también es portador del virus del Zika, la fiebre amarilla y el chikunguña, que suele ser en abril y mayo. Según el último boletín del Ministerio de Salud, en lo que va de año se han notificado 676.928 casos probables de dengue, con una tasa de incidencia de 322 casos por 100.000 habitantes, y 265 decesos.
A partir de junio, con la llegada del invierno austral, los casos de dengue bajan, pero suben los de gripe común y otras enfermedades respiratorias.
En 2019, Brasil, que cuenta con una población de 210 millones de habitantes, registró 1.122 muertes por los tres tipos de influenza, según datos oficiales.
Este año a la influenza y el dengue se suma el COVID-19 y con ello la dificultad de diferenciar cada caso, pues los tres virus provocan síntomas similares en los primeros días de la enfermedad.

"Esa combinación es bastante explosiva", explica a Efe el doctor Adriano Massuda, profesor de salud colectiva en el centro de estudios privado Fundación Getulio Vargas (FGV).
Mauricio Lacerda, investigador de la Fundación de Amparo a la Investigación del Estado de Sao Paulo (FAPESP), trabaja en el hospital de Sao José do Rio Preto y asegura que "las perspectivas son muy malas" de cara al invierno.
“Aquí en el hospital ya tenemos pacientes de influenza, de COVID-19 y de dengue, y tuvimos muertes por las tres. Es una situación muy complicada” y que “sobrecarga demasiado” la red pública, afirma a Efe.
A todo esto hay que añadirle también brotes de sarampión que continúan activos en las cinco regiones de Brasil: norte, nordeste, centro-oeste, sudeste y sur.
En lo que va de año se han reportado 2.910 casos de sarampión, casi la mitad de ellos en el estado de Pará, también uno de los más afectados por el coronavirus, y tres fallecidos.
“El sarampión está volviendo a Brasil, presenta una cobertura de inmunización baja y puede ser un problema más”, advierte Massuda.
En 2019, hubo en todo el país 18.200 casos de sarampión y 15 muertes, 14 de las cuales en Sao Paulo, hoy el epicentro brasileño del COVID-19.
DENUNCIAN FALTA DE INVERSIÓN EN EL ÁREA DE LA SALUD
El desafío para el Sistema Único de Salud (SUS), que engloba toda la red de hospitales públicos y del que dependen el 75 % de los brasileños, será enorme y más aún con el problema crónica de financiación que sufre.
Para Massuda, la política de austeridad fiscal, que empezó con el Gobierno de Michel Temer (2016-2018) y continuó con Bolsonaro, ha agravado esa situación.
Según informes de organizaciones de derechos humanos, desde que a finales de 2016 se aprobó un polémico techo de gastos presupuestario, Brasil ha dejado de invertir en el sector salud unos 30.000 millones de reales (hoy unos 5.170 millones de dólares).
Aunque el problema se arrastra de antes, pues, según esos cálculos, entre 2007 y 2019, la falta de recursos ha provocado una reducción de 49.000 camas de cuidados intensivos en el país.
“Los laboratorios del sistema de salud pública están desmantelados y eso no es de seis meses atrás, es de diez, quince años. Eso atrasó la detección y el diagnóstico del coronavirus y ahora los hospitales van a pagar un precio enorme”, sentencia Lacerda.
(Con información de EFE)
MÁS SOBRE ESTE TEMA:
Últimas Noticias
Cuartos de final de la Copa Centroamericana: lo que pone en juego cada serie entre el 9 y 17 de septiembre
La fase se jugará en series de ida y vuelta entre el 9 y el 17, con ocho equipos en competencia y cuatro cruces que definirán a los semifinalistas del certamen regional

Productores de papa y cebolla en Honduras llaman a frenar el contrabando
Agricultores advierten que el ingreso ilegal de papa y cebolla procedente de otros países está golpeando los precios y dificultando la venta de la producción hondureña

Ataques del Gobierno al Poder Judicial generan malestar y valoración negativa de Laura Fernández sube al 25%, según encuesta del CIEP
La presidenta mantiene un 64% de opiniones positivas, pero el estudio de la UCR revela que los cuestionamientos al sistema de justicia encabezan las acciones gubernamentales que más incomodan a la ciudadanía.

Scott Bessent reivindicó el uso del Tesoro de Estados Unidos como herramienta de política exterior en América Latina
El secretario del Tesoro admite que la intervención cambiaria previa a las legislativas de octubre buscaba sostener a Milei y anticipa una disputa global entre tres modelos económicos
Cuba autoriza las farmacias privadas, pero reserva al Estado la importación de medicamentos
El Ministerio de Salud Pública confirmó que toda compra externa deberá canalizarse por Medicuba o Farmacuba, en medio de una escasez que afecta al 69% del cuadro básico y limita la oferta nacional



