
La falta de definición en los límites marítimos alimenta la confusión actual sobre el Esequibo, la zona en reclamación entre Venezuela y Guayana, le asegura a Infobae el doctor Jesús Troconis, quien propone un “arreglo provisional” que permita la participación equitativa entre Guyana y Venezuela en la explotación de los recursos de la Zona Económica Exclusiva. A su juicio el arreglo provisional ofrece ventajas evidentes, porque “favorece la paz; luego impulsa la creación de sociedades mixtas o joint ventures para la explotación conjunta de recursos, especialmente petróleo y gas, mientras se espera una decisión definitiva de la Corte Internacional de Justicia”.
El internacionalista sostiene que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría abrir una vía de entendimiento en la controversia por el Territorio Esequibo mediante una comisión conciliadora entre Venezuela y Guyana, presidida por el secretario de Estado, Marco Rubio, con base en la figura jurídica del Amicus Curiae. Según Troconis, una instancia de este tipo permitiría generar espacios de entendimiento y consenso sobre los 160.000 kilómetros del territorio en controversia. A su juicio, una aplicación estricta del Derecho Internacional abriría la puerta a fórmulas de concesión para empresas petroleras de cualquier origen, aunque subraya que la alternativa más conveniente sería un esquema de explotación conjunta, a través de joint ventures o compañías integradas por ambos países.
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El jurista advierte que la confrontación y, en particular, una eventual guerra, “no representa una vía viable hacia la paz ni favorece el aprovechamiento de los abundantes recursos de petróleo y gas presentes en la zona”. Ante ello plantea que una salida negociada que contribuiría al desarrollo económico, político y social tanto de venezolanos como de guyaneses, además de aportar estabilidad a un diferendo que supera el siglo de historia. En la conversación con Infobae, Troconis añade que Estados Unidos, como actor central en la historia de la industria petrolera, tiene capacidad de incidencia en esta coyuntura. Recuerda que Venezuela fue durante décadas un proveedor estratégico de crudo para Washington, tanto en tiempos de guerra como de paz, y destaca que en el litigio que hoy se ventila ante la Corte Internacional de Justicia los primeros asesores jurídicos del país fueron estadounidenses.

Para el académico, Trump tiene la oportunidad de traducir en hechos sus llamados a la paz, en sintonía con la tradición de juristas como Hans Kelsen, referente del Derecho Internacional y defensor de la resolución pacífica de los conflictos.
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Es el petróleo
Jesús Eduardo Troconis Heredia, abogado venezolano, es especialista en Derecho Internacional Público. Ha sido profesor de las universidades Central de Venezuela y Simón Bolívar, en Venezuela, y en la Universidad Carlos III de Madrid, donde obtuvo un máster en Derecho Público, tras doctorarse en la Universidad de Sorbona de París. Fue durante 15 años diputado al Congreso de Venezuela y ocupó cargos en la administración pública vinculados al área económica internacional.
Sostiene que el petróleo constituye una causa de graves desavenencias en el mundo de las relaciones internacionales, por lo que la disputa Venezuela-Guyana es, en el fondo, un conflicto geopolítico por recursos energéticos le dice a Infobae el abogado y exparlamentario venezolano Jesús Eduardo Troconis Heredia.
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Sostiene que el motivo real de la controversia es que el Esequibo posee “numerosos yacimientos de petróleo y gas”, de manera que el Estado consumidor busca seguridad de suministro y el productor quiere el mayor beneficio para su desarrollo. El jurista define el concepto de geopolítica según Zbigniew Brzezinski, antiguo Asesor de Seguridad del presidente de Estados Unidos Jimmy Carter: “es la lucha entre países consumidores y productores por el dominio de los hidrocarburos”.
Al referirse a los paralelos históricos, compara el Esequibo con otros conflictos por petróleo: Guerra del Yom Kipur 1973, Guerra del Golfo por Kuwait, y la guerra Israel-Hamas por el yacimiento Leviatán en Gaza.
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Unilateral no vale el Laudo
Enfatiza Troconis que el Acuerdo de Ginebra de 1966, que entró en vigor durante el Gobierno del presidente Raúl Leoni; Gonzalo Barrios, ministro de Relaciones Interiores; e Ignacio Iribarren Borges, ministro de Relaciones Exteriores. “Ese Acuerdo de 1966 echa por tierra la validez jurídica tanto del Tribunal Arbitral de 1897 como del Laudo Arbitral dictado en 1899, todo en virtud que no fue solicitado el Consentimiento de la República de Venezuela, condición indispensable para el funcionamiento de la Jurisdicción Internacional”, asevera el doctor el profesor y doctor en Derecho Internacional.

Explica que no existe la Instancia Arbitral sin el consentimiento de los Estados Parte, por lo que las acciones unilaterales quedan excluidas del marco regulador. La validez del Acuerdo de Ginebra es que fue suscrito entre Reino Unido, Guyana y Venezuela, “estableciendo los términos de fiel cumplimiento al arreglo amigable para resolver el despojo fraudulento de que fuimos objeto mediante el laudo arbitral de 1899, de 159.542 kilómetros cuadrados, por lo que el Laudo se estima nulo ab initio, es decir, su nulidad es absoluta”.
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Los intereses y las guerras
En ese marco de los aspectos geopolíticos de la controversia sobre el Territorio Esequibo, el doctor Troconis parafrasea Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad nacional del entonces presidente Carter, quien definía la geopolítica como la gestión estratégica de los intereses geopolíticos de los Estados. “Brzezinski reducía el concepto, a la lucha entre los países consumidores y los países productores por el dominio de los hidrocarburos, lo que lleva a Trononis a decir que “esa definición es correcta y nos lleva directo al motivo principal del conflicto entre Venezuela y Guyana”.
Recuerda que el Territorio Esequibo posee numerosos yacimientos de petróleo y gas. “Como es conocido, el Estado consumidor pretende la seguridad del suministro de los hidrocarburos para garantizar su progreso en los diferentes estadios, político, económico y social, en tanto que, el Estado productor aspira el mayor beneficio de la explotación a fin de aplicarlo a sus programas de desarrollo nacional”. No hay que profundizar para demostrar que “el petróleo constituye una causa de graves desavenencias en el mundo de las relaciones internacionales”, como queda en evidencia con la Guerra del Yom Kipur en 1973, dice Troconis, sobre el conflicto bélico llamado también guerra árabe-israelí, que enfrentó a una coalición de países árabes encabezada por Egipto y Siria contra Israel y que sucedió entre el 6 al 25 de octubre de 1973.
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También es un referente “la Guerra del Golfo por la invasión de Irak a Kuwait” como pruebas irrebatibles, así como el actual enfrentamiento bélico “entre Israel y Palestina, detonado por el cruento ataque terrorista de Hamas determina que Israel ejerce el derecho de la legítima defensa, al mismo tiempo que la defensa del rico Yacimiento de Leviatán y los yacimientos de gas natural, reservas probadas, en la costa mediterránea de Gaza”, dice Troconis. Agrega lo que sostiene el profesor de Harvard, Sergey Plokhy, al respecto que Gaza es el segundo frente de la guerra de Ucrania. “Actualmente, la agresión de Rusia a Ucrania, solamente un país de paso para el transporte de los productos del gas ruso a Europa occidental se convierte en una tragedia cruel que desde la perspectiva jurídica merece la más impetuosa condena, dado que Rusia es miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), cuya responsabilidad es salvaguardar la seguridad y la paz del Mundo."
Las concesiones petroleras
Para el doctor Jesús Eduardo Troconis Heredia, debe colocarse bajo objeto de estudio el otorgamiento de las concesiones petroleras que Guyana le ha otorgado a la empresa Chevron Corporation, en la Zona Económica Exclusiva.
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Lo considera “un punto neurálgico o un Punctum Dolens”, porque Guyana no tiene legalidad ni legitimidad para realizar actos de administración o disposición “sobre los recursos existentes en las áreas marina o submarina comprendidas en la Zona”.
A su juicio ese complejo entramado jurídico, integrado por el Tratado de Arbitraje de 1897, el Laudo Arbitral de 1899 y el Acuerdo de delimitación de 1905, dejó una discrepancia entre el límite terrestre y el marítimo de la antigua colonia británica y la República de Venezuela.A ello se suma que “Venezuela no suscribió la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar del 10 de diciembre de 1982, por lo que no está obligada por sus disposiciones específicas”, dice en referencia al artículo 2.1, según el cual “la soberanía del Estado se extiende más allá de su territorio y de sus aguas interiores”.
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Considera que lo más conveniente del “arreglo provisional” con participación equitativa entre Guyana y Venezuela en la explotación de los recursos de la Zona Económica Exclusiva, es que parafraseando al exprimer ministro de Francia Dominique de Villepin, “La guerre n’est pas le plus court chemin vers la paix”, es decir, la guerra no es el camino más corto hacia la paz.
En el tablero geopolítico
Troconis dice que las observaciones del catedrático Antonio Cabanillas y del joven jurista Tomás Daniel Heredia, centradas en los asuntos energéticos, permiten subrayar que la disputa en torno a Venezuela y sus vastos recursos energéticos “ya forma parte del tablero geopolítico global”.Además, Rusia, China e Irán mantienen fuertes inversiones en el país, mientras que la influencia política de la Cuba castrista sigue siendo determinante en la toma de decisiones, en una línea que fue consolidada por el fallecido presidente Hugo Chávez al trasladar parte del centro de gravedad político de Caracas a La Habana.
El segundo elemento apunta a los esfuerzos de la Federación Rusa por alcanzar una entente con China para reforzar su influencia sobre el mar Caspio, una región estratégica cuyos Estados ribereños concentran enormes reservas gasíferas. En este punto, se cuestiona lo que se califica como una “mentira de Estado”: la afirmación de Rusia de poseer las mayores reservas de gas del mundo.Desde esta perspectiva, el diferendo no debería interpretarse como una confrontación deliberada contra Guyana. Venezuela, de hecho, reconoció la independencia de Guyana por vía diplomática tras la firma del Tratado de Ginebra de 1966.Más aún, dice Troconis para finalizar, “creemos en la necesidad histórica de la independencia guyanesa, no somos colonialistas, estamos conscientes que el Derecho Internacional Público contemporáneo lo considera un crimen internacional”.
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