Las condiciones de los presos políticos en los centros de detención de Venezuela, como lo detalla la cronista Karou Yunekura, muestran un sistema caracterizado por el aislamiento extremo, la falta de garantías legales y situaciones de maltrato.
La información oficial sobre los detenidos es escasa, generando incertidumbre entre los familiares. Yunekura, citando datos del Comité de Familiares de los Presos Políticos, indica que actualmente hay alrededor de 150 detenidos, tanto extranjeros como venezolanos, en recintos con normativas arbitrarias y visitas familiares restringidas bajo estricta vigilancia.
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Uno de los datos que resalta Yunekura para Infobae en Vivo apunta a los módulos de máxima opresión dentro de estos centros. Describió espacios denominados por los propios reclusos como el “piso cuatro”, donde los detenidos permanecen esposados y con acceso mínimo a alimentos.
“Estamos hablando de tres cucharadas de arroz y huevo una vez al día. Todos salen flacos de este piso cuatro”, dijo Yunekura.
También hizo referencia a la “cápsula del tiempo”, una celda individual en la que, conforme a los testimonios, los prisioneros están desnudos, encapuchados, con solo un vaso de agua y una comida diaria. El agua está racionada: cinco litros al día por detenido.
Las visitas familiares bajo restricciones arbitrarias
La dinámica de visitas familiares está igualmente sujeta a controles rigurosos. Desde la apertura del centro en febrero de 2024, los allegados ingresan encapuchados, sin conocer el lugar exacto, y los encuentros dependen del criterio de autorización del personal.
“Las llamadas entre el familiar y el detenido todavía son monitoreadas y son un máximo de veinte minutos a discreción del funcionario”, indicó Yunekura. Si se menciona algo considerado inadecuado, la llamada se corta de inmediato.

Las personas privadas de libertad enfrentan límites estrictos sobre correspondencia y pertenencias: únicamente dos cartas por detenido, de un máximo de dos páginas. Los libros permitidos deben ser de géneros especificados y los medicamentos solo se aceptan si cumplen con la marca y la cantidad oficial. Las restricciones también afectan el aspecto emocional.
“Las visitas infantiles son solo una vez al año. No han tenido videollamada desde que están en ese lugar”, advirtió Yunekura. Muchos hijos de los detenidos continúan en el exilio y no han podido contactarse con sus padres desde la detención.
El apoyo entre familiares sustituye al Estado
Sobre la asistencia a los extranjeros detenidos, Yunekura precisó que la ayuda proviene únicamente de los familiares de los venezolanos privados de libertad.
“Desde que están allí hemos sabido que se arma una cadena de solidaridad y esas paqueterías ahora son dobles, porque ese detenido comparte con el que puede”, expresó. No existe ninguna organización civil que pueda asistir formalmente a los reclusos extranjeros; los gestos de ayuda surgen de la iniciativa de familiares.
Esta lógica de apoyo informal se repite ante la falta de información oficial. Yunekura relató la experiencia de los allegados de los argentinos Nahuel Gallo y de Germán Giuliani, ambos detenidos sin noticias sobre su ubicación durante varios días.
“Es obligación de esta gente informarle a los familiares. En este momento entiendo que Germán ha tenido, cuando mucho, una llamada cada quince días, dos minutos. ¿Qué es eso?”.
Diferencias según el centro y la nacionalidad
Las condiciones y derechos permitidos varían de manera arbitraria. Yunekura enfatizó a Infobae que “en Venezuela cada detenido tiene su carcelario. Dependiendo del detenido o del centro de detención, las normas cambian. Pueden ser más flexibles o más difíciles. Todo cambia. No hay una normativa que funcione para todos”.
Las reglas también difieren según la nacionalidad del prisionero y el centro de detención. Sobre Germán Giuliani, la cronista puntualizó que permanece en Yare II, un centro donde los reclusos denuncian la existencia de bates de béisbol nombrados como ‘ibuprofeno’, ‘constitución’ y ‘derechos humanos’, usados como elementos de amenaza o castigo físico, según describen quienes han estado allí.
La información reunida por Yunekura ayuda a comprender la situación de los presos políticos en Venezuela: sus condiciones de detención están marcadas por el aislamiento, la arbitrariedad normativa, la incomunicación familiar y medidas que se acercan al trato cruel. La ausencia de datos oficiales deja a las familias dependientes de redes informales y el sostenimiento diario recae casi por completo en la solidaridad de los propios allegados, en un sistema donde el Estado ha relegado la asistencia humanitaria al apoyo improvisado entre quienes padecen la realidad del encierro.
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