
Los cuidados sanitarios por la pandemia de COVID-19 imponen restricciones a la hora de emprender un viaje soñado, tal vez sea momento de reservar las grandes ciudades italianas para una futura temporada; en este tiempo islas y pueblos fuera del radar ofrecen toda la historia antigua sin las multitudes citadinas de las urbes más clásicas.
Esta es la época del año más popular para visitar Italia y por una buena razón, el clima es cálido, el agua brillante y las plazas están prácticamente destinadas a cenar al aire libre. Por supuesto, la popularidad genera multitudes, y cuando se trata de las ciudades más famosas de Italia, es difícil evitar a las aglomeraciones en los meses de verano y otoño. Es un buen momento para aprovechar y visitar destinos más pequeños y con menos tráfico, donde abunda la cultura, comida y las pintorescas playas italianas igualmente atractivas, sin multitudes.
No olvidar que en la mayoría de las atracciones de Italia, incluyendo bares y restaurantes, se está exigiendo documentación que verifique estado de vacunación o test negativo reciente. Aunque, en los pequeños pueblos, las situaciones son más ligeras.

Parma y Padua a cambio de Florencia
Florencia es conocida como la “cuna del Renacimiento” y también por platos tentadores como callos y Bistecca alla Fiorentina. Las multitudes se congregan alrededor de la estatua de David de Miguel Ángel, desfilan por la Galería de los Uffizi y luchan por conseguir reservas en los mejores restaurantes. Afortunadamente, dos ciudades cercanas pueden satisfacer los antojos culturales y gastronómicos alejadas de las masas. Parma y Padua son ciudades universitarias, como Florencia, a las que se puede acceder en tren. Ir Parma por la comida y a Padua por el arte.
El queso parmesano y el jamón de Parma provienen de la primera ciudad, y se puede probar lo mejor de ambos en el restaurante Ai Due Platani. Pasear en bicicleta por tranquilas plazas y calles llenas de pequeños negocios y bares de vinos es una experiencia poco posible en ciudades más grandes. Es imposible perderse la catedral y su baptisterio, considerado uno de los monumentos medievales más importantes del país por su inclusión de arquitectura románica y gótica (especialmente bonita durante la puesta de sol, cuando su tono rosa realmente brilla). En Padua es imperioso visitar la Capilla de los Scrovegni para ver los frescos de Giotto. Las obras de arte del Renacimiento decoran las paredes de casi todas las iglesias, y la Basílica de San Antonio también está llena de pinturas y esculturas famosas. Para tomar un aperitivo en la plaza principal, Prato della Valle es el lugar, que tiene una pequeña isla rodeada de un foso y bordeada de estatuas.

Ravenna por Venecia
Los canales de Venecia son encantadores en todo el año, pero en tiempos de pandemia es mejor visitar Ravenna, una ciudad portuaria en la costa este, que compensa la falta de canales con mosaicos notables. Venecia es famosa por las cúpulas bizantinas y los mosaicos de la Basílica de San Marcos, pero Ravenna es conocida por tener los mejores mosaicos bizantinos fuera de Estambul. Se pueden ver en casi todos los edificios, pero es especialmente recomendable visitar la Basílica de San Vitale y el Mausoleo de Galla Placidia para ver algunos de los mejores ejemplos.
Al igual que Venecia, Ravenna también está llena de música y el Festival de Música de Ravenna se se extiende en esta temporada. Si todavía está se extrañan los canales, espera Marina di Ravenna, una ciudad balnearia en la costa donde se puede cenar pescado fresco mientras se observan las regatas.

Dejar Capri por Ponza
Capri es la isla más glamorosa de Italia: su gruta azul y hoteles de lujo atraen tanto a estrellas como a turistas de todo el mundo. Ponza es igualmente hermosa y tiene su propia Grotte di Pilato, una colección de piscinas y túneles, pero es mucho menos pretenciosa. La isla ha sido una de las favoritas entre los romanos desde siempre, pero sigue siendo un secreto entre los turistas extranjeros. Desde Roma se puede llegar manejando o tomar el tren a Formia-Gaeta o Anzio, luego tome un ferry a Ponza.
Si se intenta vivir como un lugareño se puede pasar un día en un bote alquilado, nadando en las encantadoras aguas turquesas y descansando bajo el sol hasta que llegue la hora de un Spritz. Para ver la puesta de sol con calamares fritos y pasta de mariscos, hay que apuntar una mesa en Il Tramonto. El Bar Pizzeria Nautilus es el sitio perfecto para tomar un café matutino y cornetto. Dato curioso: la leyenda dice que Circe sedujo a Ulises en el lugar donde los escarpados acantilados de Ponza se encuentran con el mar Tirreno.

Tropea en vez de Amalfi
La costa de Amalfi es tan perfecta como se ve en todas las fotos de Instagram: casas de color pastel encaramadas en acantilados que se sumergen en aguas de un azul profundo. Lo que no se ve en las fotos son los autos que congestionan la ruta y la gente que colma las plazas durante el verano. La invitación es descubrir Tropea, una pequeña ciudad en la costa de Calabria que no tiene las casas de colores, pero tiene un castillo, una playa con aguas increíblemente claras (es apodada “la costa de los dioses”) y una comida regional maravillosa.
Puede estar un poco abarrotado durante el verano, pero casi todos los turistas son italianos, y Tropea sigue siendo mucho más asequible que cualquier otro lugar de la costa de Amalfi. Hasta ofrece una cala escondida debajo del acantilado. Hay que rastrear dónde nadan los lugareños desde la playa principal para encontrarla.

Un lago por otro: no a Como, sí a de Iseo
No es de extrañar que George y Amal Clooney tengan una casa en la región de los lagos italianos; es un retiro idílico de las ciudades italianas. Mientras otros disfrutan del costoso (y concurrido) lago de Como y el lago de Garda, hay que desviar camino al lago Iseo, el más tranquilo de los lagos y especialmente agradable para los viajeros al aire libre. Una buena idea puede ser hospedarse en una casa de huéspedes en Iseo o acampar en uno de los muchos campings cercanos.
Es ideal tomarse un día para visitar Monte Isola en ferry desde Sulzano. La isla lacustre más grande de Europa no admite coches, por lo que es un lugar tranquilo para recorrer en bicicleta pueblos de pescadores y ruinas de castillos. De regreso al continente, hay que probar franciacorta, el vino espumoso local producido en las colinas entre el lago Iseo y Brescia. Para llegar al lago Iseo, se puede tomar un tren desde Brescia o volar a Milán y alquila un coche para un trayecto de dos horas.
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