
Decir o no decir, he aquí la cuestión. Muchas veces nos preguntamos hasta qué punto es bueno ser frontal, ser directo e indicar lo que uno piensa sin tener pelos en la lengua. Sin vueltas ni preámbulos, hay personas que más que hablar, vomitan sus ideas y emociones. Aunque la frontalidad es una característica muchas veces alabada, en otras ocasiones puede rebotar como un boomerang. ¿Es sinónimo de ser transparente, de hablar de forma compulsiva y sin filtro? Claramente, no.
La sinceridad es un valor que remite a ser auténtico en lo que uno hace. Sin embargo, para lograrlo, se necesita tener mucho tacto, porque no solo importa qué se dice sino cómo se lo dice. Las formas al trasmitir información, una opinión o una revelación que el otro no quiere escuchar son de suma importancia para que el mensaje sea bien recibido.
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De nada sirve "ir de frente", si convertimos ese acto en una ofensa. Cuando debemos decir una verdad que no es agradable, buscar las palabras apropiadas, las expresiones correctas y el momento indicado es fundamental. Si nuestro propósito es ayudar, la sinceridad no debe ir de la mano de la impulsión, sino de la elaboración previa de nuestro consejo o crítica.
Dime cómo reaccionas…
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Según la psicóloga Alicia Dubkin, la frontalidad puede aparecer partiendo de diferentes tipos de personalidad. Por un lado, se puede concebir como una forma de actuar que responde a la madurez, a tener claras las jerarquías, las prioridades, las capacidades y los límites de cada uno. En esos casos, la decisión rápida y la respuesta justa muestran que dicha persona goza de un autoconocimiento y una capacidad de poner límites al otro ya sea en el plano laboral, afectivo, sexual.
Sin embargo, existen casos en donde da cuenta de una cuestión más impulsiva, que actúa como un mecanismo de respuesta rápida sin que el mismo cuente con una elaboración de la situación. Para la licenciada Dubkin, esta reacción impulsiva deja en un primer momento muy tranquila a la persona, pero en realidad no resuelve la situación, sino que desemboca en una sensación de duda con respecto al accionar, de malestar por la forma usada, y de preocupación por las consecuencias que podrían surgir en el otro con respecto a uno mismo. Por ende, no siempre la frontalidad es sinónimo de madurez y claridad.
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La sinceridad es el cimiento fundamental para construir relaciones basadas en la confianza y el entendimiento. Para el desarrollo personal, profesional y emocional, es importante distinguir la sinceridad y la frontalidad de la imprudencia. Es que la sinceridad se debe conjugar con la confianza y la sabiduría para que nuestras palabras sean tomadas como consejo o indicación. La intencionalidad y el mantenimiento de las formas respetuosas son dos aspectos que debemos cuidar a la hora de "ir de frente".
Parece muy fácil decir siempre la verdad, pero no es tan simple cuando esa crítica o afirmación puede desembocar en decisiones que marquen un punto de inflexión en la vida de uno mismo o del otro. Utilizar "mentiras piadosas" es válido, pero es mejor tomar coraje, pensar las palabras adecuadas y optar por la frontalidad.
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"Una voz fuerte no puede competir con una voz clara, aunque ésta sea un simple murmullo", enuncio el filósofo chino Confucio. No hacen falta las malas formas, el tono alto y la imprudencia para que el otro escuche lo que tenemos para decir. Con claridad, elaboración previa y adecuación al contexto en el que nos situamos, ser frontal será una cualidad que nos llevará a buen puerto.
Decirle no a la agresión
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¿Dónde está el límite de la frontalidad para que no se convierta en una agresión? Según la licenciada, dicho límite se encuentra en la elaboración y seguridad personal: "Saber diferenciar lo importante de lo urgente, y anticipar cuándo esa reacción y esa puesta de frontalidad tendrá un saldo positivo para uno mismo y para la situación, es lo que diferencia una persona impulsiva, de una persona madura y clara". No hace falta el mal trato, el tono alto, la soberbia o la arrogancia para decir lo que pensamos. La sinceridad no siempre juega en el mismo equipo que la confianza y el consejo.
Las palabras deben estar acompañadas de los gestos y de una elaboración previa de aquello que queremos trasmitir, aconsejar o predecir, encontrando el espacio y tiempo indicado para que nuestra recomendación se reciba de manera bien intencionada. "El poder de anticipar el resultado de nuestras acciones evaluando ganancias y pérdidas, es lo esencial para que la frontalidad y la madurez vayan de la mano", enuncia Dubkin. Ser frontal trae consecuencias: cuidá las formas para que lo que digas sea tomado como consejo y no como agresión.
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