
Cuando alguien nos critica o nos señala un error, la reacción más frecuente es rechazar el comentario y adoptar una postura defensiva. Esto sucede porque estamos acostumbrados a interpretar los señalamientos como ataques directos. Entonces, en vez de capitalizar el comentario para poder cambiar y ser mejores, terminamos contraatacando o enojándonos con esa persona.
Según explica el Lic. Santiago Gómez, director de Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva, "lo que falla es la forma en la que realizamos la interpretación de lo que nos dijeron". Es decir, si nuestro jefe nos dice que estamos realizando mal un determinado trabajo y que deberíamos hacerlo de otra manera, van a aparecer pensamientos negativos tales como "a los otros no les dice nada"; "siempre es conmigo" o "voy a continuar trabajando de la misma forma", lo que desemboca en emociones de enojo y de ira.
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Casi siempre, la razón por la cual nos afecta tanto una crítica es nuestra propia inseguridad. Cuantas más dudas tenemos acerca de nosotros mismos, más vulnerables nos volvemos al juicio ajeno. Por eso, cualquier reproche toca una fibra interior en las que nos sentimos frágiles, y contraatacamos como una manera de defendernos.
Es importante comprender que una crítica hecha con buena intención puede ayudarnos a ser mejores personas y a observar cuestiones que no habíamos podido ver por nuestra cuenta.
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Para continuar con el ejemplo laboral, Gómez señala que una interpretación saludable sería "qué bueno que me dijo lo que debo cambiar para mejorar"; "esto me sirve para aprender" o "ahora voy a poder ser más efectivo en mi trabajo".
"Estos pensamientos son resolutivos, porque apuntan a soluciones y le permiten al sujeto poder adaptarse de manera activa a su trabajo. Al tener pensamiento positivos, se generan emociones de bienestar y buena predisposición para cambiar", indica el especialista.
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Es necesario seguir algunas claves para aprender a ser más receptivos y aprovechar las críticas como una forma de crecimiento.
–Separar las críticas del ámbito personal. Cuando una persona que nos aprecia juzga alguna conducta errónea de nosotros, no se trata de un ataque directo y con mala intención.
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– Distinguir los comentarios constructivos de aquellos que solo buscan herir.
– Hacer un trabajo de introspección. A nuestro propio ritmo, luego de que alguien emite un juicio negativo contra nosotros, conviene plantearnos, con sinceridad, hasta qué punto estamos de acuerdo con la crítica.
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– Ser positivos. Contraatacar o renegar de cualquier comentario solo nos hará sentir más débiles.
– Aceptar las debilidades y fortalezas. Si descubrimos que esa persona tenía razón ¡enhorabuena! Emprendamos lo que haga falta para cambiar.
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– Agradecer. Aunque requiera de mucho valor, resulta liberador recurrir a la persona que nos juzgó para agradecerle su comentario y asegurarle que procuraremos trabajar en esa dirección.
Si logramos aliviar la postura defensiva, podremos utilizar la mirada de los demás para crecer aún más como personas. Lo importante es siempre mantener la cabeza en alto: todos tenemos aspectos que nos gustaría mejorar.
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Ayudar sin herir
Dar consejos no es fácil. En el momento de comunicarle a un ser querido qué
elementos consideramos que debería cambiar, corremos el riesgo de que esa persona no nos comprenda y salga lastimada.
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– Expresarse con una recomendación personal. "Si estuviera en esa situación, yo haría esto", es una buena manera de dar un consejo sin apelar directamente al error.
– Ser honestos, pero amables. Por más que lo que digamos sea cierto, hay que evitar las expresiones que puedan herir a quien está pasando por un momento difícil.
– Evitar el reproche. Frases como "¿cómo pudiste hacer eso?" o "en qué estabas pensando?" no construyen, y ponen al otro a la defensiva.
– Destacar lo positivo. Es bueno matizar la crítica con un elogio. No se trata de ser aduladores, sino de transmitir que todos tenemos enormes virtudes además de defectos. Ofrecer ayuda. Es importante no limitarse a emitir un juicio de valor, sino darle a entender a la persona que estaremos ahí para lo que necesite.
– Siempre hay que ser delicados y ponerse en el lugar de quien escucha.

¿Para bien o para mal?
No siempre las personas que señalan algo negativo lo hacen para ayudarnos a ser mejores. A veces, la crítica destructiva es fruto del rencor o de una frustración personal. Es importante saber distinguirlas y no dejarse llevar por esos sentimientos perjudiciales.
Crítica destructiva:
– Ataca a la persona, pero no ofrece una solución.
– No aporta nada positivo a quien la recibe.
– Conlleva un espíritu de recelo o de envidia.
Crítica constructiva:
– Viene desde el conocimiento.
– Ofrece soluciones o formas de mejorar.
– Persigue el único objetivo de ayudar al otro a crecer.
– Cuando aprendemos a diferenciar los comentarios hirientes de los positivos, nos volvemos más receptivos a lo que puede ayudarnos a crecer.
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