
Es imposible medir en el tiempo las infinitas emociones que podemos sentir en apenas unos segundos. Algunas negativas, como la ira, la rabia, el enojo o la irritación; otras positivas, como la felicidad, la placidez y la alegría. Sin embargo, hay una que tiene ambas caras: el orgullo.
Por un lado, es fundamental para la autoestima, porque cuando nos valoramos a nosotros mismos, experimentamos, nos sentimos seguros e importantes.
Pero el costado menos beneficioso se presenta al funcionar como una coraza que nos aleja de enfrentar ciertos temores y sentimientos y nos impide entablar nuevas relaciones.
Según la psicoanalista y coordinadora asistencial de Fundación Buenos Aires, la licenciada Adriana Martínez, el orgullo puede aparecer de dos formas distintas, pero siempre como una actitud que, inicialmente, resulta un mecanismo de defensa frente a situaciones en las que una persona se ha sentido vulnerada o expuesta.
Mientras que muchos, mediante esta valoración exacerbada de nosotros mismos, toman la distancia que no pudieron sostener antes, otros muestran ante los demás un valor personal excesivo, que también impone un alejamiento, pero con la intención de inspirar admiración; en este último caso, el orgullo deviene vanidad. "En cualquiera de estos casos, el resultado tiende a ser el de relacionarse de manera disfuncional o con cierto grado de conflicto, ya que se trataría de que esa distancia pueda establecerse de otros modos, y no mediante actitudes orgullosas".
Pero ¿qué hay detrás de esta actitud que podemos definir como pedante? Para Martínez, se trata de inseguridades personales, dificultades para establecer vínculos maduros y un gran temor al abandono. Entendiéndolo así, se puede trabajar por encontrar el equilibrio y sentirnos más a gusto con nosotros y con los demás.
Una mirada diferente

Vencer el orgullo no significa dejar de apreciarnos o sentirnos bien con nosotros mismos, sino, como enuncia la especialista, entrar en sintonía con los temores y debilidades que realmente lo constituyen. "Se debe tratar de entender qué nos lleva a recubrir un sentimiento de falta con una actitud que intenta demostrar a los demás lo contrario. El orgullo está dedicado a los otros, es para que otros lo vean y lo perciban, y promueve vínculos basados en el temor y en la desconfianza mutua".
Tomar conciencia de cómo daña nuestras relaciones afectivas, de cómo nos distancia y nos impide ser aceptados tal cual somos es el primer paso para lograr un verdadero cambio en los vínculos que construimos a diario. ¿Cómo lograrlo?
Tomá nota:
1. Afianzar lo bueno en nosotros: El orgullo positivo implica reconocer los puntos a favor de nuestra personalidad, valorarnos y aceptarnos como somos.
2. Reflexionar sobre nuestras actitudes soberbias: Todos tenemos ciertas formas al hablar y relacionarnos que no son agradables. Darnos un tiempo para meditar sobre la soberbia y cómo podemos apaciguarla es necesario si queremos lograr un cambio. No significa ponerse al servicio de los demás, sino actuar sin sentirnos superiores ni inferiores al resto.
3. Bajar a la realidad: Las ansias de éxito y grandeza muchas veces nos motivan a avanzar, pero también nos estancan en fantasías que nunca llegan a cumplirse, en una nube de autoexigencia y frustración. La vida no es un objetivo a futuro, sino que se conforma de cada paso del camino. Viví el presente y buscá transitar con menos presiones.
4. Aceptar las críticas y los fracasos: No somos perfectos y apuntar a la perfección es un ideal irrisorio. Todos cometemos errores, y transitarlos forma parte del aprendizaje. Repasar las críticas que nuestros seres queridos nos realizan nos ayuda a encaminarnos: muchas veces los otros ven lo que nosotros mismos no queremos observar.
5. Aprender a pedir perdón: Erradicar al cien por ciento nuestras malas maneras y costumbres es imposible y, por ende, pedir perdón es indispensable. Recapacitar sobre nuestros errores y disculparnos es necesario para lograr un pleno equilibrio con nosotros mismos y con los demás.
Aprender a equilibrar nuestro orgullo puede ayudarnos a lograr un gran cambio. La vida no es una pulseada y, por lo tanto, dejar de mirar siempre desde uno, desde el ego, no es sinónimo de perder, sino de madurar, de asumir las adversidades con valentía y de seguir avanzando.
SEGUÍ LEYENDO
Cómo compararse con los demás genera malestar y efectos devastadores para la autoestima
Últimas Noticias
Estados Unidos sancionó a 16 miembros de una red internacional de financiamiento para Hezbollah
El grupo terrorista “sigue desviando fondos que legítimamente pertenecen al pueblo libanés para financiar sus operaciones” en Medio Oriente, aseguró el secretario del Tesoro de EEUU
Murió María Takara de Oshiro, la Madre de Plaza de Mayo que luchó 50 años por encontrar a su hijo
Tenía 95 años, era referente de la comunidad nikkei en Argentina y desde noviembre de 1976 reclamaba por la aparición de su hijo, Jorge Eduardo Oshiro. Fue reconocida por Nora Cortiñas como integrante de la organización en 2018

Horchata de avena: una alternativa refrescante, económica y fácil de preparar en casa
Esta receta se muestra como una opción natural con altos beneficios para la salud general

Dani Dayan, ex presidente de Yad Vashem: “Irán tenía un plan que iba a culminar con un 7 de octubre balístico contra Israel”
Durante su visita a Buenos Aires para el traspaso de mando de la Alianza para el Recuerdo del Holocausto dialogó con Infobae sobre la importancia de fortalecer la memoria de la Shoá, el aumento del antisemitismo y el actual conflicto con Irán

Llegaron los helicópteros a Tucumán para reforzar asistencia sanitaria y provisión de alimentos
Tras el temporal y las inundaciones en la provincia de Tucumán, se desplegaron operativos aéreos para ayudar a las zonas de Monteagudo y Niogasta


