
"Una mujer es tan joven como su rodilla", decía la revolucionaria María Quant, la diseñadora británica que se ocupó de contagiar ese mensaje a la industria de la moda a partir de la creación de la minifalda.
El 10 de julio de 1964, en medio de su colección de verano, Quant lanzó la prenda que se convirtió en fetiche femenino y símbolo de empoderamiento. Sus cortas medidas despertaron la controversia.
Esta pieza no sólo generó ruido social en las calles sino una eterna disputa de su creación. El modisto francés Andrés Courrèges también se adjudicó su impulso.
La mini escandalizaba a los sectores más conservadores por sus extremas dimensiones llegaban a medir entre 35 y 45 centímetros, y tenía como objetivo lucir las piernas, algo impensado hasta el momento.
"Nace como una respuesta social a determinados eventos de la época, donde los jóvenes salen a protestar y buscan diferenciarse de los adultos", resaltó Patricia Doria, diseñadora de indumentaria y directora del área de Moda de la Universidad de Palermo Facultad de Diseño y Comunicación.
"Fue un fenómeno extraordinario y tuvo un gran impacto ya que era parte de la cultura juvenil emergente de la década de 1960", explicó a la BBC Valerie Steele, directora y curadora en jefe del museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York.

Según Dorling Kindersley, autor de Moda, historias y estilo, el nuevo aire de libertad femenino, seguido de la incorporación de la mujer y el surgimiento de la pastilla anticonceptiva, tuvo un fuerte impacto en la moda.

Poco a poco el ruedo fue escalando hasta que alcanzó el nivel del muslo. "La falda plisada a media pierna fue furor en los 50 con lo que descubrir las rodillas marcaba una separación etaria", puntualizó Doria
Los estilistas como Pierre Cardin o Jean Muir supieron interpretar esa necesidad de llevar un estilo diferente al que regía en esa época como fue la propuesta del new look de Christian Dior. "Una estética que alejaba de las siluetas predominantes con cinturas marcadas y faldas evasé", aclaró.
En poco tiempo, la industria la adoptó y se volvió un símbolo femenino alcanzando su auge de la mano de la modelo británica Twiggy. En sus comienzos se llevaba con zapatos bajos o botas altas, de colores estridentes, con una impronta adolescente.
Celebridades del mundo como Brigitte Bardot o Nancy Sinatra se unieron a la tendencia. De hecho, en 1966, la primera dama de Estados Unidos Jacqueline Kennedy le apostó a la revolucionaria prenda, integrada en forma de vestidos o equipo de dos piezas.

Luego de seis décadas esta prenda sigue vigente, no distingue colores, géneros, siluetas ni edad. Según las tendencias, sus versiones varían pero su espíritu feminista se mantiene intacto.

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