
Más de 14 millones de adultos mayores sufren caídas cada año en Estados Unidos, pero pocos casos retratan con tanta claridad la resistencia física y mental como el de Dale Sanders, que a los 91 años volvió a completar el Sendero de los Apalaches y recuperó el récord como el senderista de mayor edad en terminar la ruta. El aventurero acumuló 71 caídas durante el recorrido, fue hospitalizado en una etapa del viaje y aun así llegó hasta la cima del monte Katahdin, en Maine, para cerrar una travesía de 3.530 kilómetros.
La nueva marca devuelve al longevo caminante apodado “Barba gris” un récord que ya había logrado en 2017, cuando terminó el sendero a los 82 años. Cuatro años después, ese registro pasó a manos de su amigo Meredith J. Eberhart, de 83, conocido en la ruta como “El Nómada de Nimblewill”. Desde entonces, la historia quedó abierta: Sanders ya no caminaba solo contra la distancia y la edad, sino también contra la idea de haber perdido una marca que él mismo había instalado.
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La travesía, sin embargo, fue mucho más exigente que la anterior. Según explicó, esta vez llegó con una preparación de seis meses, pero sin la condición física que consideraba ideal. A eso se sumó el desgaste acumulado por la edad y una serie de accidentes que pusieron en duda, en varios momentos, la posibilidad de completar el desafío.

La Appalachian Trail Conservancy, organización que define y certifica este tipo de recorridos, considera una caminata completa aquella en la que una persona cubre todos los tramos del sendero dentro de un año, sin importar el orden y con pausas permitidas.
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El Sendero de los Apalaches atraviesa 14 estados entre Georgia y Maine, en Estados Unidos, lo que da una dimensión más precisa del reto que afrontó Sanders. Comenzó el 6 de septiembre pasado en Virginia Occidental, realizó varias interrupciones a lo largo del camino y terminó el lunes en el pico más alto de Maine, donde se detuvo a rezar junto al cartel que marca la cumbre.

“Tuve que darle las gracias a Dios y también a mi equipo de apoyo y a todos los que me ayudaron a llegar hasta aquí”, expresó Sanders en diálogo con AP al concluir la travesía.
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Recuperó la marca después de una travesía marcada por golpes y lesiones
La dimensión del desafío no se explica solo por la distancia. Sanders calculó que sufrió 71 caídas durante el recorrido y precisó que seis de esos episodios fueron especialmente fuertes. Uno de esos accidentes derivó en una breve hospitalización y otro ocurrió cuando ya estaba a unos 200 metros de la meta, un dato que resume el grado de riesgo que enfrentó hasta el tramo final.

Pese a esa seguidilla de tropiezos, nunca abandonó de manera definitiva. Cada caída agregó una duda nueva sobre la viabilidad del intento, sobre todo porque el cuerpo ya no ofrecía el mismo margen de recuperación que en 2017. La persistencia, más que un rasgo de carácter, terminó siendo la condición necesaria para que la travesía siguiera en pie.
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“Incluso hoy, siento que probablemente debería estar en mejor forma”, había dicho el mes pasado. “Tengo 91 años y estoy abriendo nuevos caminos al recorrer largas distancias como esta”, agregó.

Uno de los momentos más delicados ocurrió en junio, cuando descendía del monte Killington, en el centro de Vermont. Sanders cayó hacia adelante sobre una zona de rocas y terminó con raspaduras en piernas, brazos y manos. “Gracias a Dios no me rompí nada. Me di unos golpes. No me limpié la sangre y seguí caminando”, relató.
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Semanas después sufrió otro episodio que lo obligó a detenerse. Se le entumeció el brazo izquierdo y terminó en un hospital de Maine. Los médicos evaluaron inicialmente la posibilidad de un derrame cerebral, pero luego determinaron que se trataba de un nervio pinzado. Aunque recibió el alta poco después y quedó en condiciones de continuar, en ese momento consideró seriamente la posibilidad de dejar la caminata.
Una pausa familiar cambió el rumbo de la caminata
A comienzos de agosto, Sanders regresó a su casa en Tennessee para acompañar a su esposa tras la muerte de su suegra. La pausa interrumpió el ritmo de una caminata que ya venía atravesada por golpes, fatiga y desgaste. También abrió una pregunta más difícil que las pendientes del sendero: si todavía tenía sentido volver a la montaña para completar una meta que, a esa altura, ya había puesto a prueba casi todos sus límites.
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Según su propio relato, fue su esposa quien lo convenció de regresar para terminar lo que había empezado. Esa decisión resultó decisiva para cerrar la travesía y recuperar una marca que había quedado pendiente desde 2021.
La caminata también modificó su objetivo inicial. Sanders había partido con la idea de recuperar el récord, pero con el avance de los meses entendió que su historia estaba generando otra clase de repercusión. Miles de personas comenzaron a seguir su recorrido en redes sociales y otros senderistas lo transformaron en una referencia dentro de la ruta.
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“Quiero recuperarlo, pero ahora mismo eso es secundario. Lo más importante es que la gente se sienta motivada y alentada por mis esfuerzos”, dijo durante el trayecto.

Esa evolución del propósito fue uno de los elementos más visibles de la travesía. Lo que comenzó como una búsqueda individual vinculada a una marca etaria terminó convirtiéndose también en una historia de inspiración para otras personas que seguían su marcha desde distintos puntos de Estados Unidos.
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En el sendero se convirtió en una figura seguida por otros excursionistas
Entre los caminantes de larga distancia, Sanders ya no era solo un competidor por un récord. Su presencia en la ruta lo transformó en una figura reconocida, en parte por su edad y en parte por la regularidad con la que seguía avanzando pese a las caídas.

Una de las personas que lo conoció durante el recorrido fue Meredith Ewenson, que se cruzó con él en junio mientras guiaba una excursión en New Hampshire junto a otras diez mujeres. Según contó, el grupo vio a Sanders temprano por la mañana, pero fue recién horas después, cuando pasó nuevamente junto a ellas, que reconocieron en su ropa el logo de Grey Beard y entendieron quién era.
Más tarde volvieron a encontrarlo en una cabaña del Appalachian Mountain Club. Ewenson recordó que su grupo llegó cerca de las 16 y que Sanders les comentó que él había arribado al mediodía, una diferencia de ritmo que llamó la atención por tratarse de un excursionista de 91 años.
A la mañana siguiente, varios integrantes del grupo lo aplaudieron cuando retomó la caminata. Sanders respondió con un pequeño “baile de la victoria”, una escena que Ewenson recordó como una de las más llamativas de toda la experiencia.

“Su movilidad es increíble”, dijo. También contó que le resultaba difícil asociar su rostro con el estado físico que mostraba en el sendero, por la energía con la que seguía avanzando después de jornadas extensas y terrenos complejos.
Pensilvania, Vermont y Maine marcaron momentos distintos del reto
El recorrido de Sanders atravesó varios estados y dejó escenas muy distintas según el tramo. En Pensilvania, según reveló, vivió algunos de sus mejores días por el estado de los senderos y por la ayuda de los llamados “ángeles del sendero”, personas que colaboran con excursionistas a través de comida, bebidas o asistencia improvisada. “Cuando la gente te cuida y te trae frappés de caramelo por el camino, las rocas no importan”, exclamó.

En Vermont, en cambio, atravesó uno de los accidentes más fuertes del recorrido. En Maine quedaron asociados tanto el paso por el hospital como el cierre final del desafío, con la llegada al monte Katahdin. Ese último tramo es considerado por muchos senderistas como uno de los más exigentes de toda la ruta, por su terreno irregular y el esfuerzo adicional que demanda en el desenlace.
En la parte final del viaje, Sanders todavía conservaba capacidad para superar árboles caídos, pendientes pronunciadas y zonas de piedra. Sin embargo, el cansancio empezó a hacerse más evidente al final de una jornada de 19 kilómetros. En un momento se tendió sobre el sendero, dijo que necesitaba una siesta reparadora y se quedó dormido por unos minutos.

Poco después se levantó y siguió caminando. La escena condensó con precisión el tono de toda su travesía: un recorrido interrumpido por pausas, golpes y dificultades, pero sostenido siempre por la decisión de avanzar.
La llegada al monte Katahdin cerró una cuenta pendiente
El lunes, en la cima del monte Katahdin, dentro del Parque Estatal Baxter, Sanders hizo una pausa para rezar antes de celebrar. La imagen cerró una travesía de casi un año que combinó preparación, lesiones, interrupciones, ayuda externa y una meta personal que fue cambiando de sentido con el tiempo.

La llegada también resolvió una cuenta que había quedado pendiente desde que perdió el récord en 2021. A los 91 años, Sanders volvió a ocupar ese lugar y dejó otra marca inusual en una de las rutas más conocidas del senderismo en América del Norte.
Su trayectoria de resistencia empezó mucho antes de este récord
La historia de Sanders no comenzó con esta caminata. Nació en Kentucky en 1935, dos años antes de que se completara el Sendero de los Apalaches. Según contó, durante la infancia sufrió bullying por su baja estatura, pero encontró confianza en deportes individuales como la acrobacia y la natación.

Más tarde integró la Marina de Estados Unidos y, tras esa etapa, desarrolló una carrera prolongada en el área de parques y recreación, de la que se retiró en 2002. Con el paso de los años construyó un perfil público ligado a desafíos de resistencia en edades avanzadas.
Entre sus antecedentes más conocidos figura el récord como la persona de mayor edad en recorrer en kayak toda la longitud del río Mississippi, una travesía de 87 días que comenzó el día en que cumplió 87 años. Ese historial permite entender que su vínculo con las pruebas físicas extremas no es reciente, aunque la recuperación de la marca en los Apalaches tiene una carga especial por tratarse de un objetivo que había perdido y quiso reconquistar.
En ese marco, la nueva llegada al monte Katahdin no fue solo la conclusión de otra aventura. También significó la recuperación de un lugar simbólico dentro del senderismo de larga distancia en Estados Unidos, una disciplina en la que la edad suele funcionar como límite y en la que Sanders decidió moverse en sentido contrario.

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