
La distinción de Patrimonio Mundial de la UNESCO (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) es, para muchos, una meta que se persigue durante años: visibilidad global, una marca de conservación y la promesa de recursos para proteger edificios, paisajes y tradiciones.
Pero ese mismo sello, para otras comunidades, puede convertirse en una presión cotidiana: más visitantes, menos intimidad y una transformación difícil de soportar.
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Eso es lo que sienten algunos residentes de Vlkolínec, un pueblo de Eslovaquia, que quieren que el lugar deje la lista del organismo por el impacto del turismo sobre la vida diaria.
La petición parte de vecinos que sostienen que la designación atrae visitantes, pero también invasión de privacidad y pocos beneficios para quienes viven allí. El caso abrió un debate más amplio sobre otros lugares que cuestionan ese reconocimiento por sus efectos sobre las comunidades locales.

El debate en Vlkolínec no se limita a una eventual salida de la lista, sino a cómo proteger del sobreturismo a una pequeña comunidad. El pueblo está a 718 metros de altura en los Cárpatos, forma parte del municipio de Ruzomberok y la UNESCO lo incorporó en la lista de Patrimonio de la Humanidad en 1993.
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La UNESCO define al pueblo de Vlkolínec como “un asentamiento extraordinariamente bien conservado, con 45 edificios que presentan las características tradicionales de un pueblo centroeuropeo. Se trata del conjunto más completo de este tipo de casas de troncos tradicionales, que suelen encontrarse en zonas montañosas, en toda la región”.
Anton Sabucha, vecino de 68 años, habló con la agencia alemana DW y distinguió entre los visitantes respetuosos y quienes tratan el lugar como un decorado. “Quienes vienen con humildad, para admirar el pueblo y comprender cómo vivía aquí la gente, siempre son bienvenidos”, dijo .Añadió que el problema no son todos los turistas, sino quienes invaden espacios privados. “No me molestan. Son los maleducados los que incordian”, afirmó.
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Se estima que antes de la incorporación a la lista vivían unas 200 personas en la aldea y que hoy quedan 17 residentes durante todo el año. Pero la localidad llega a recibir más de 100.000 visitantes al año.
El vecino relató a DW que algunos visitantes entran en jardines particulares, pisan flores y toman fotos pese a los carteles de prohibición. Los residentes reciben unos 400 euros al año por la venta de entradas a museos y exposiciones, una suma que, a su juicio, apenas compensa.
El responsable de turismo del municipio de Ruzomberok, Miro Parobek, rechazó que salir de la lista sea la solución. “Nuestra principal prioridad es preservar la arquitectura tradicional”, declaró ante DW .
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Parobek añadióque el objetivo municipal también es mantener la vida cotidiana del pueblo. “Pero nuestro objetivo es también que este siga siendo un pueblo vivo. Queremos apoyar a las personas que viven aquí”, dijo.

El sello de la UNESCO que da prestigio y es un imán para turistas
La Lista del Patrimonio Mundial distingue lugares de “valor universal excepcional” y que desde 1978 ha crecido hasta 1.248 sitios en 170 países. Esa designación puede facilitar fondos internacionales para la conservación y dar visibilidad global a lugares poco conocidos.
John H. Stubbs, experto en preservación y exvicepresidente del World Monuments Fund, defendió ante la BBC que la idea de patrimonio compartido como un bien de toda la humanidad. Pero ese reconocimiento también puede transformar las comunidades cercanas por el tirón turístico.
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Greg Richards, investigador especializado en turismo cultural y saturación turística, dijo a BBC que el aumento de visitantes es una consecuencia previsible de entrar en la lista. “Creo que existe un consenso entre los principales expertos mundiales: si bien la inclusión en la lista de la UNESCO puede derivar en una amplia variedad de situaciones, una consecuencia segura es el incremento de las visitas”.
Algunos investigadores describen ese proceso como museificación. Se trata de la conversión paulatina de espacios de vida en lugares cada vez más orientados al visitante y menos a quienes residen allí.
Ese choque también afecta la idea de autenticidad, lo que unos entienden como preservación fiel otros pueden verlo como una reconstrucción artificial.

Otras localidades afectadas por el estatus de Patrimonio Mundial
A unos 7.000 kilómetros de Vlkolínec, la Alianza Internacional de Solidaridad Masái planteó que el Área de Conservación de Ngorongoro, en Tanzania, salga de la lista. La organización sostiene que las políticas de conservación ligadas al reconocimiento internacional desplazaron a residentes de sus tierras de pastoreo ancestrales.
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Ese caso como parte de un debate más amplio sobre qué ocurre cuando chocan la preservación y los intereses de las comunidades locales. En esa misma línea menciona a Venecia, donde la saturación turística empuja a más residentes a dejar la ciudad.
La misma fuente cita también a Lijiang, en China, donde el turismo creció tras la designación de 1997 y transformó partes del casco antiguo en zonas de pensiones y tiendas de recuerdos.
En Marrakech, agrega, el aumento del turismo y la inversión extranjera en la medina alimentó discusiones sobre el alza del precio de la vivienda y la gentrificación.
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Por qué es difícil dejar la lista de la UNESCO
La UNESCO solo retiró tres lugares de la lista y siempre por razones de conservación, en 2007, 2009 y 2021: el Valle del Elba en Dresde, la zona histórica ribereña de Liverpool y el Santuario del Órix Árabe de Omán.
Para algunos expertos, perder el reconocimiento tampoco garantiza una caída brusca del turismo, como muestran Liverpool y Dresde. La salida de la lista difícilmente resolvería el problema y la respuesta quizás pasa por una planificación de la conservación que tenga en cuenta la economía, la ubicación y la población local.
Más de cuatro décadas después del inicio de la lista en 1978, el conflicto ya no se limita al estado de monumentos o paisajes. Los casos de Vlkolínec y Ngorongoro muestran que proteger un sitio puede resultar más sencillo que resguardar la vida de quienes todavía lo habitan.
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