El uso excesivo de plataformas digitales deteriora la concentración y dificulta la lectura, alerta un estudio

Un estudio de la Universidad de Binghamton identifica en el consumo intensivo de pantallas un mecanismo que entrena al cerebro para rechazar estímulos lentos y sostenidos, con efectos medibles sobre la atención sostenida y la comprensión de textos extensos

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
El uso excesivo de plataformas digitales altera la concentración, la lectura y la participación democrática, según una investigación de la Universidad de Binghamton - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El deterioro cognitivo asociado al consumo digital excesivo se está extendiendo debido al auge de las plataformas digitales, afectando la concentración, el interés por la lectura y la participación democrática.

Así lo indica una investigación liderada por la candidata doctoral Hera Hyeonseo Lee de la Universidad de Binghamton, cuyos hallazgos fueron difundidos por Phys.org. El diseño de estos servicios prioriza la monetización de la atención y coloca al usuario en una dinámica de hiperestimulación con repercusiones sociales.

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El modelo de negocio de las plataformas digitales transforma la atención en un recurso valioso, generando pérdida de concentración, dificultades para la lectura y un entorno propicio para opiniones polarizadas. Según el estudio difundido por la Universidad de Binghamton, este funcionamiento amenaza la capacidad de deliberación y el pensamiento crítico que sustenta a la democracia contemporánea.

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El modelo de negocio de las plataformas digitales monetiza la atención y genera hiperestimulación con efectos sobre el pensamiento crítico y la deliberación social - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo las plataformas digitales convierten la atención en negocio

La investigadora Hera Hyeonseo Lee, asociada del AI Now Institute, remarca que el llamado “deterioro cognitivo digital” surge cuando las plataformas tecnológicas maximizan la interacción para sostener sus valores bursátiles. Compañías como Meta, Alphabet, Microsoft y Amazon basan su rentabilidad en la retención de la atención de los usuarios.

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Desde 2008, estas empresas han orientado sus ingresos hacia métricas de participación, estimulando un flujo continuo de contenidos— muchos de ellos generados por inteligencia artificial y de baja calidad— que fragmentan la atención y provocan una adaptación cerebral a estímulos cada vez más breves.

El consumo diario es significativo: muchos jóvenes dedican aproximadamente ocho horas al día a sus teléfonos inteligentes. Según Lee, esta práctica repetitiva entrena la percepción visual y modela la manera de procesar información: “Si usas la pantalla durante ocho horas, estás entrenando tus ojos”, reflexionó.

Joven mirando su smartphone con una expresión de estrés y preocupación, rodeado por íconos de notificaciones, mensajes y 'likes' de redes sociales como Instagram. La fotografía captura el impacto de la constante conectividad online en la salud mental y la ansiedad en la era digital. (Imagen ilustrativa Infobae)
El flujo continuo de contenidos en plataformas digitales, incluidos materiales generados por inteligencia artificial, fragmenta la atención y adapta el cerebro a estímulos breves - (Imagen ilustrativa Infobae)

Efectos en la concentración y la vida democrática

La estructura algorítmica de las plataformas privilegia respuestas emocionales inmediatas, dificultando la reflexión profunda. Un caso citado en la investigación es el algoritmo de Facebook, que amplifica contenidos con reacciones negativas para incrementar la visibilidad. Esto, explica Lee, lleva a que los usuarios interpreten el mundo según patrones de estímulo rápido y polarización.

El deterioro de la lectura también es evidente. La propia Lee relata que, tras un uso excesivo de YouTube, perdió la capacidad de seguir textos extensos y de extraer significado de lecturas prolongadas, una dificultad especialmente marcada en entornos académicos. Esta carencia afecta tanto el desempeño estudiantil como los pilares del debate democrático.

“Las democracias exigen pensamiento crítico profundo”, subrayó Lee al medio especializado. A su juicio, la cultura digital, al favorecer la inmediatez y la polarización, debilita la empatía y reduce la capacidad de alcanzar acuerdos, facilitando la proliferación de mensajes extremistas y autoritarios.

Robots pequeños con luces verdes interactúan sobre una interfaz digital de motores de búsqueda en un entorno tecnológico.
Muchos jóvenes pasan cerca de ocho horas al día con sus teléfonos inteligentes, una rutina que moldea la percepción visual y el procesamiento de la información - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Opciones para enfrentar el deterioro cognitivo digital

Las respuestas pasan por estrategias individuales y regulaciones colectivas. Lee aconseja limitar el tiempo de pantalla y modificar los dispositivos utilizados, como cambiar el teléfono inteligente por un modelo básico o restringir el uso de aparatos electrónicos en clase. En sus experiencias docentes, la presencia y la interacción mejoran notablemente cuando los estudiantes dejan de mirar sus teléfonos.

Sin embargo, recalca que estos cambios personales resultan insuficientes. La problemática es estructural. Como destaca la Universidad de Binghamton, la autora sugiere medidas regulatorias a gran escala, como la regulación gubernamental. Países como Australia, Indonesia, Malasia y Brasil han implementado restricciones al uso de redes sociales para menores de dieciséis años. Además, propone que las métricas de participación sean transparentes y limitadas para frenar la competencia por captar la atención.

Lee insiste en que la responsabilidad no debe recaer únicamente en el individuo. “No quiero que la gente se culpe; yo estuve en esa situación y eso solo empeora el problema”, afirmó la investigadora.

El modelo de negocio de las grandes plataformas, al priorizar la retención de la atención, transforma la cognición colectiva y genera riesgos claros para la democracia y la vida intelectual, según concluye la universidad.

Comprender la lógica y la estructura de estas plataformas digitales es un primer paso para tomar distancia y recuperar autonomía frente a su influencia diaria.

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