
Aunque el velo ha sido durante años el emblema más reconocible de la novia, desde hace varias temporadas el sombrero gana espacio como alternativa estética dentro del vestuario de boda.
Según Vogue, esa presencia va del sombrero de copa que llevó Elizabeth James en la película Tú a Londres y yo a California a reinterpretaciones actuales vistas en pasarelas, editoriales y bodas recientes como la de Dua Lipa.
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Podría decirse que el canotier es uno de los sombreros más frecuentes en el universo nupcial. Lo usan tanto invitadas como novias y, sobre todo en su versión XL, reúne varios de los rasgos que explican su presencia constante en temporada de bodas.

Su origen se vincula a los clubes de remo franceses del siglo XIX. Tiene copa plana y ala rígida, una estructura que le da una dimensión casi escultórica.
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Una de las figuras que ayudó a popularizarlo fue Coco Chanel, que lo incorporó a su vestuario personal y animó a otras mujeres a llevar un accesorio que entonces aún se consideraba masculino. En un principio se hacía con paja trenzada, pero en la última década sus variaciones han llamado la atención de muchas novias.
Algunas versiones se mantienen sobrias y centran toda su fuerza en la estructura y en el tamaño del ala, corta o amplia. Otras incorporan cintas de seda, aplicaciones florales, bordados artesanales o velos sutiles bajo el sombrero para añadir movimiento al conjunto.
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Las bodas en viñedos, jardines, fincas y otros destinos mediterráneos han reforzado su presencia en celebraciones estivales. El medio citado lo presenta como un accesorio de aire relajado y sofisticado, con una base clásica capaz de acompañar casi cualquier vestido de novia.
La pamela, por su parte, posee una fuerza visual difícil de igualar. Popularizada en el siglo XVIII por las aristócratas inglesas, se convirtió en símbolo de elegancia, protección y feminidad.
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No fue hasta 1870 cuando, de la mano de Madame Paulette, este sombrero pasó a ser un accesorio indispensable en la moda y entró poco a poco en el universo nupcial. Su versión tradicional suele confeccionarse en paja o en tejidos ligeros, con copa baja de base redonda y ala muy ancha y flexible.

La gran referencia de novia con pamela es Bianca Jagger. En su boda con Mick Jagger, en 1971, cambió el imaginario nupcial con una pamela de ala ancha con velo diseñada por Yves Saint Laurent, junto a una chaqueta Le Smoking y una falda de satén color marfil del mismo creador.
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Décadas después, Dua Lipa retomó ese código en su boda civil en Londres, con un diseño de Schiaparelli y una pamela de ala ancha forrada en pan de oro de Stephen Jones, según recogió Vogue. Ese poder de transformación explica parte de su vigencia: algunas novias optan por líneas arquitectónicas y limpias, mientras otras añaden plumas, flores de organza o velos desmontables.
Cuando aparece el pillbox de Halston, la asociación inmediata suele ser Jacqueline Kennedy, quien lo hizo icónico el 20 de enero de 1961 en la inauguración presidencial de John F. Kennedy. Pocas piezas de sombrerería han quedado tan ligadas a una figura como este modelo, gracias a su silueta pequeña, limpia y estructurada.
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Durante décadas, el pillbox se vinculó con la aristocracia y la alta sociedad. También lo llevó en varias ocasiones la princesa Diana de Gales, y hoy vive un resurgimiento en pasarelas y firmas como Loro Piana o Chloé.
En clave nupcial, su tamaño más contenido lo distingue de otros modelos más voluminosos. Resalta el rostro sin competir con el vestido y permite sumar velos cortos, joyas, perlas o detalles florales delicados dentro de una línea de sofisticación clásica.
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Hay novias, de todos modos, que prefieren alejarse del sombrero en un sentido estricto. Ahí aparece otra vía dentro de la moda nupcial: el accesorio escultórico, concebido como una pieza híbrida entre velo, sombrero y tocado.

Puede integrarse con el vestido sin adueñarse por completo del conjunto. Se plantea como un elemento artístico de alta costura que acompaña tanto la silueta como la identidad de quien lo lleva.
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Uno de los referentes culturales más reconocibles de esa estética apareció en Sexo en Nueva York. En su boda, Carrie Bradshaw, personaje interpretado por Sarah Jessica Parker, lució un tocado de Vivienne Westwood con gran volumen, flores, plumas y un velo que caía con suavidad sobre el rostro y los hombros.
Ese tipo de piezas tiene un acabado teatral y casi editorial. Para Vogue, encaja en novias que entienden el look como una composición completa y buscan un accesorio que prolongue el vestido y traduzca su personalidad.
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