En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, la economista y autora Elena Alonso presentó las principales ideas de su libro Los números hablan pero a veces mienten, donde explora cómo nuestra relación con el dinero está profundamente influenciada por creencias, emociones y aprendizajes heredados.
Explicó que las finanzas personales son mucho más que números: reflejan quiénes somos, nuestros deseos, nuestros miedos y la forma en que proyectamos el futuro.
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Además, destacó la importancia de revisar periódicamente las finanzas, definir objetivos propios y dejar de buscar la validación externa como medida del éxito. También reflexionó sobre los errores financieros más comunes y compartió consejos prácticos sobre ahorro, inversión e interés compuesto, remarcando que el verdadero empoderamiento financiero consiste en alinear el dinero con los proyectos de vida que cada persona desea construir. El episodio completo podés escucharlo en Spotify y YouTube.
Elena es economista, especialista en finanzas e inversiones y una de las referentes argentinas en educación financiera. Graduada de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), cuenta con un posgrado en Mercado de Capitales y Finanzas Empresariales de la UCA y un MBA de la Universidad de Barcelona. Es cofundadora y CEO de Emerald Capital, fundadora de la plataforma Elena Financiera, docente universitaria y miembro del directorio de Endeavor Cuyo. A través de sus libros, conferencias, redes sociales y apariciones en medios de comunicación, se dedica a acercar conceptos financieros al público general desde una perspectiva práctica y humana. Es autora de Tu mejor inversión y Los números hablan pero a veces mienten, libros en los que aborda el vínculo entre el dinero, las emociones, los hábitos y los proyectos de vida.
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—Publicaste un libro muy interesante que aborda nuestra relación con el dinero mucho más allá de los números: cuánto influyen nuestras creencias, nuestras limitaciones y aquello que heredamos de nuestros padres. ¿Por qué tomaste la decisión de escribir este libro?
—Es el segundo libro. Mi primer libro se llama Tu mejor inversión, que es como los pasos que a mí me hubiera gustado tener cuando empecé a ordenarme financieramente. Si bien soy economista y me dediqué a las finanzas, pensar las finanzas personales es otra cosa muy diferente. Y en este, es el proceso que también lo voy viviendo. Con los libros voy transportando eso que me pasa a mí a la escritura, en donde yo veía que el problema que tenían muchas personas de no ver los números, primero, de no querer verlos, ¿no? De evitar ver las finanzas, de evitar ver cómo estoy, porque sé que voy a tener que hacer cosas y no estoy dispuesto a hacerlo, no me siento cómodo. Y después de cómo pensamos el futuro de nuestras finanzas.
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Se llama así porque es como si vos ves la radiografía financiera de alguien, va a decir mucho. Podemos sacar muchas conclusiones, cualquiera que vea. Pero también si vos ves el futuro, esas proyecciones, ves que cómo pensás los objetivos que tenés. Y ahí empieza a ocurrir mucho esto que vos decías, la historia que tengo con el dinero, cómo me proyecto con eso, qué objetivos te ponés, si pensás en chico, si pensás en grande, cuáles son esas limitaciones. Y lo que hago a través del libro es tratar de ir acompañando esos pensamientos y viendo cómo somos en ese sentido. Y trabajar capítulo a capítulo para que eso se pueda mejorar. Y encontrar esa persona que quiero ser y que los números y las finanzas hablen de eso.
—Algo en lo que hacés mucho hincapié en el libro es que nuestra relación con el dinero, en realidad, funciona como un espejo de muchos aspectos de nuestra personalidad. ¿Qué creés que refleja la manera en que nos vinculamos con el dinero?
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—En el gasto se ve mucho. Cómo gastás, por qué gastás, qué te impulsa al gasto. Muchas veces compramos cosas por la apariencia, el famoso gasto vidriera. Si nadie te lo viera, ¿te lo comprarías igual? ¿El estilo de vida que llevás refleja lo que querés ser? Por eso hablo del espejo. A veces eso que miramos de nuestras finanzas no refleja quién soy, porque nunca me puse a trabajar. Y eso también va por la falta de educación financiera y de pensar las finanzas desde un lugar que es más humano en realidad, porque yo no hablo mucho de fórmulas. Si uno quiere tener algo, ¿por qué lo quiere tener? ¿Qué es lo que me motiva a tenerlo? Y por el lado de los ingresos, mucho más para trabajar.
Decís: “Bueno, me quedo en este trabajo, que no me pagan lo que me gusta, pero bueno, estoy cómodo”. ¿Por qué no? ¿Por qué no apuntar a querer tener eso que a veces nunca me lo planteé? Entonces, primero pensar qué quiero. Segundo, que las finanzas muestran ese trayecto y que claramente va a requerir un esfuerzo, porque a nadie le gusta a veces dejar de hacer algunos gastos o ponerse en situaciones incómodas de buscarse a lo mejor otro trabajo o ir a hablar y pedir un aumento. A las mujeres nos cuesta un poquito más esta situación todavía, pero hay que accionar. El libro trata de acompañar y generar conciencia en que el futuro va a ser tan importante como el presente que vos estás viviendo y es hoy el momento de empezar.
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—Es hoy el momento de empezar ¿a qué?
—A ordenarte, a mirar tus finanzas, a pensar quién querés ser a futuro. Hoy tenemos una situación que nos empuja a eso, que es el tema de la jubilación y cómo de qué vamos a vivir a futuro. Antes vivías dos años, tres años más después de jubilarte. Las personas vivían muchos menos años. Está buenísimo vivir hasta los 90, pero ¿cómo vas a hacer para sostener esos 20 años sin la actividad que hoy tenés? O quizá no la vas a querer tener. Si bien las personas trabajan más tiempo, pero ¿cómo vas a empezar hoy a trabajar para eso? Entonces es de los ingresos que tengo, si yo no gasto el 100%, sino que gasto el 70% desde que empiezo a trabajar, la situación financiera de las familias sería muy diferente, ¿no?
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Porque ya nos hubiéramos acostumbrado a que el ahorro es un parte de un gasto fijo y lo pienso de otra manera. Esa es la oportunidad que tienen los jóvenes, las personas más jóvenes. Y si sos más grande, yo tengo 42, no importa que tengas 40, 50. A mí me siguen personas de todas las edades y hoy recibí un mensaje de una persona de 65 o 70 años, creo que tenía, me dijo: “Mirá, soy grande, pero quiero empezar a invertir”. El momento de empezar a invertir, a ordenarse es ahora. La peor decisión que podés tomar es no hacer nada. Entonces hay que activar cuanto antes esto.
—¿Cuáles crees que fueron algunas creencias o algunos hábitos que transformaron la manera en la que vos te relacionabas con el dinero?
—Amor propio, te diría. Creo que el primer acto de amor propio que hice fue mirar mis finanzas. Por eso ha sido tan fuerte y por eso hablo desde ese lugar también. El primer libro que escribí fue describirme en ese proceso. Porque mirar las finanzas, en mi caso particular, me iba a hacer ver cosas, de mi vida que tenía que cambiar, no porque gastábamos de más, sino porque en la cuestión de los ingresos familiares, en cosas que iba a tener que decidir mucho más profundas que gastar más o menos, eran otras cosas. Y pensar qué quiere Elena. Nunca me lo había planteado. Siempre en lo profesional sí, más que nada en los puestos de trabajo, en la empresa en la que estaba, a dónde quería llegar o qué clientes por ahí quería tener. Esas cosas sí me las planteaba, pero no desde lo personal. ¿Qué te gustaría tener? A qué te gustaría llegar en unos años, cómo te gustaría sentirte. Es como que estaba en modo avión en eso.
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Entonces, creo que en lo personal fue pensar un poquito en mí, dejar de acompañar siempre el objetivo del resto, de las personas que te acompañan. Mismo yo le daba consejos a mis clientes y digo: “¿Y yo?” ¿Cuándo me puse a pensar esto? Entonces, eso es lo primero. Y después para ir a un hábito más concreto de algo más de la diaria es ponerse una reunión. Yo para empezar a entrenar hace muchos años me lo tuve que empezar a agendar como una reunión. Con las finanzas es lo mismo. Decir: “Agarro todos los meses antes que te entre la plata y mirás tus números, enfrentás eso y todos los meses”, porque si vos lo hacés por motivación, porque leés el libro o escuchás un podcast y decís: “Che, voy a empezar a ordenarme” y no le das continuidad, no se transforma en hábito. Entonces, decir: “Todas las semanas o todos los meses, una horita sola, dos horitas solo, dónde voy a ver dónde estoy y que tenga posibilidad de gestionar ahí.
O sea, que puedas llamar al seguro, puedas ver los resúmenes, puedas activar gestiones. Porque si es un sábado a la mañana te va a quedar para el lunes y capaz que el lunes te olvidás. Entonces, hay que ser estratégico en esto. Para mí fue más lo proactivo que me hizo empujar mis finanzas y mi crecimiento profesional y económico. Ponerme objetivos grandes. No dejar de ver al otro que es posible que lo tenga, sino yo también sentirme que podía tenerlo. Y después miro para atrás y he ido logrando esos objetivos, no porque lo económico sea el fin último, sino ese es el real empoderamiento financiero. Decir: “Me pongo un objetivo que realmente quiero y que la plata sea un instrumento para eso”.
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—¿Qué aspectos revisás en esa reunión? ¿Tus gastos, tus ingresos, tus deudas, tus objetivos financieros? ¿Cómo es concretamente ese encuentro periódico con vos misma?
—Tengo una planilla que yo incluso la doy para que la puedan tener. En el libro hay QRs para descargarlo y siempre estoy compartiendo esa información. Es una planilla en la compu donde yo voy anotando mis gastos y voy viendo para adelante. Agarrás los resúmenes de tarjeta, completás para cada seis meses cuánto tenés que pagar. Las tarjetas van dentro de los gastos fijos, no los variables. Entonces, yo me empecé a topear lo que eran los deseos. Decir: “Bueno, hasta esta plata gasto en cosas que van a surgirme por el deseo, por las ganas”. Y el ahorro es una parte de esas líneas que pueden tener diferentes nombres, ¿no?
Puede ser tu fondo de emergencia, puede ser tu viaje, puede ser tu fondo de retiro. Le voy poniendo diferentes nombres. Depende la situación en el momento que estoy, ¿no? Cuando compré mi casa, el objetivo principal era ese y los otros los postergué. Por ejemplo, termino de pagar la casa, me pongo a armar mi fondo de retiro, porque también meterse tantas cosas a veces me abruma o prefiero concretar algo y seguir al, al siguiente. Y ahí decir: “Bueno, a ver cuánto pago de celular”, ¿no?
La primera vez que negociás. Llamás a la compañía y es impresionante lo que te ahorrás, digamos, haciendo un llamado telefónico, ni siquiera por WhatsApp hoy resolvés eso. El seguro, al “broker” de seguro le decís: “Che, esta póliza que tengo con esta aseguradora, ¿hay otra en otra empresa que tenga las mismas condiciones?” Y empiezan, pero si vos no le decís, el del seguro con tanto lío que tiene, es muy difícil esa proactividad de parte del proveedor. Internet, plataformas de “streaming”. Yo me di cuenta que tenía cinco y al final, en qué momento, nunca veía. Son cosas de 15 dólares, 20 dólares que suman. Y después vivís para pagar gastos.
En vez de decir: “Bueno, me pago el viaje, voy ahorrando para otra cosa que me genere más satisfacción en el largo plazo y una cuotita de este futuro que tiene que existir”. Cuando vos haciéndolo todos los meses, te ponés a ver: “Esto lo proyecté para este mes. ¿Qué pasó? Y le pifié. ¿Por qué?” No vas a ser un robot. A mí no me gusta estar anotando: tomo un café, gasté 5 mil. Entonces, hago al revés, digo: “Bueno, esta plata me la dejo y gasto en cosas que me van surgiendo”. Me acuerdo de una amiga hace muchos años. Nos íbamos a ir de viaje por Mendoza y le digo: “Vamos el mes que viene”. “No, yo el mes que viene no puedo”. Porque ya tenía sus gastos, es super ordenada. Y está bien, vos sabés que eso no te va a quitar tranquilidad.
Te podés ir un fin de semana a pasarla bien, pero después pasarla mal tres meses porque calculaste mal. Entonces, de eso se trata la reunión, ¿no? De poder ver las cosas, pero también poder actuar y gestionar lo que tengo que cambiar. ¿Cuál es el número que a mí me gustaría tener y ganar todos los meses? ¿Por qué? ¿Por qué está mal? Está bien. No quiere decir que vayas a hacer todo a costa de eso. Eso habla mucho de los valores de una persona. Hay cosas que yo no pongo en juego por ganar dinero. Para mí lo más importante es dormir tranquila a la noche y jamás he tenido un problema con ningún cliente porque me he tomado el tiempo de asesorar y crear equipos que funcionen de esa manera.
Si vos tenés objetivos monetarios, está fantástico y estas cosas hay que hablarlas. A las mujeres nos cuesta más hablar de esto. En los grupos de amigas, decir: “Che, me quiero comprar este auto, me quiero ir de viaje a tal lado, o todos los años quiero hacerme un viaje largo o quiero irme”. Cuesta hablar de esas cosas. Hay que empezar a hablar de eso, de qué proyectos, más allá de la compra, de qué proyectos, de esto: “Siento que en mi laburo estoy estancada, estoy viendo”. Bueno, a ver qué estás haciendo para saltar, que te asciendan o buscarle la vuelta, irte a otro lado o hacer un emprendimiento, ¿no? Es como que te activan esas cosas. El dinero te empuja o te hunde, ¿no? Las malas decisiones financieras te hunden por completo, que hoy lo veo mucho, lamentablemente.
Pero las buenas decisiones: sean de salir de un trabajo, de empezar a invertir, de divorciarte, de empezar a buscar otro trabajo, lo que sea, eso te va a generar una transformación personal. Por eso te decía que una de las cuestiones que a mí más me marcó fue el hecho de empezar a mirarme y a ver qué es lo que yo quiero. Y de ahí empezó a surgir que la plata empiece a tener un sentido para lograr esos objetivos que yo quería, no que el resto.
—Vamos a los errores más comunes que mencionás en tu libro: confundir ingresos con riqueza, gastar antes de planificar, no diferenciar necesidades de deseos, confundir el éxito con la validación social, no tomar decisiones, creer que el dinero es algo puramente racional y pensar que nuestras decisiones financieras solo nos afectan a nosotros. ¿Con cuál empezamos?
—El éxito con validación. Porque el éxito lo mide uno con los objetivos que se puso. Porque si vos buscás el éxito por la validación de que ser exitoso para los demás, no va. Hay que buscar ser exitoso para uno mismo. Capaz que para uno mismo es estar tranquilo y listo. Y alquilar, tener un auto, ese es el éxito. Cada uno lo va a valorar de diferente manera. Pero si vos buscás la validación del otro, hoy nos comparamos no con los vecinos, con los de la cuadra, hoy nos comparamos con miles de personas que incluso ni conocemos.
Las redes sociales han ampliado ese espectro y es muy frustrante todo el tiempo estar buscando esa validación social. Por otro lado, el tema de que el dinero es mucho más que algo frío. Justamente por lo que hablábamos recién, ¿no? Esto de que hablar de plata está bien, porque aparte la plata ya la empezás a manejar de chico, es algo que hay que internalizar. Incluso en las familias hay que hablar de dinero, no para estresar a los chicos y que sea el fin último, sino por todo lo contrario, ¿no? Ponerlo sobre la mesa y hablar.
Si vos tenés que hacer un presupuesto de un trabajo, vos lo mandás y quizá antes que te digan, ya estás mandando un WhatsApp. “Mira, pero fíjate si a lo mejor me lo tengo que bajar”. Es como una inseguridad cuando uno se pone un precio. ¿Qué precio le ponés a tu trabajo? Nos cuesta un montón. A mí me costó mucho trabajar eso. Para mí era más fácil que alguien pusiera el precio de mi trabajo que yo. Es como ahí empezás con el síndrome del impostor y un montón de cosas psicológicas en eso. Por eso el dinero es más psicológico que racional.
Obviamente cuando arrancás, tenés que poner precio a algo que no estabas acostumbrado, hay que hacer una validación de mercado y está buenísimo. Pero digo que a veces es como que nos cuesta vendernos a nosotros mismos. Un consejo que me dio mi papá es: “Siempre vos podés venderlo, pero tenés que venderte vos. ¿Vos cómo te vendés?” Y eso es la confianza, el sentirse seguro, creer que lo valgo. Las decisiones financieras nos atraviesan a todos, en las decisiones personales, en las decisiones cuando tenemos una empresa y eso marca nuestra tranquilidad. Yo creo que el fin último de manejar bien la plata es lograr esa tranquilidad y que el dinero no sea un tema que me preocupe.

—Me interesa mucho el de “No decidir, parálisis por análisis”. Dame un ejemplo concreto de cómo se ve eso en la mayoría de las personas.
—Quiero largarme a hacer un emprendimiento, pero voy a ver esto y aquello. Es como que no decidís nunca porque querés que todo esté perfecto y que los números sean perfectos. Y es mejor lo bueno hecho que lo perfecto sin hacerse. El sobreanálisis de todo, es algo que te va generando que vas perdiendo tiempo y plata. Y si lo traspolamos a las inversiones, si te da miedo empezar a invertir, que esto le pasa a la mayoría de las personas, digo: “¡Uy! Sí, escucho, pero no lo hago porque me da miedo, me paralizo”. Bueno, ahí estás perdiendo un montón, ¿no? Porque estás dejando que tu plata, que es el fruto de tu trabajo, que te cuesta tanto y que ya hablamos de todo lo que tenés que generar para lograr cobrar, después esa plata que guardás la dejás estancada porque te da miedo. Entonces podemos traspolarlo a diferentes puntos de decisiones financieras, pero no decidir es muy caro. Entonces esa parálisis es a lo mejor lo que le pasa a la mayoría y en las inversiones te digo que es muy recurrente. Lo que te va a ayudar a salir de esa parálisis es decir: “Bueno, ¿para qué estoy guardando esta plata?” Te vas a fin de año de viaje, necesitás dólares. Si tenés una cuenta de inversiones, vos le preguntás al, a la persona que está ahí, el agente de bolsa, el asesor, y te va a decir si hay algún instrumento que vos inviertas en pesos y te devuelva más dólares en seis meses.
A veces no hay, porque no hay justo una inversión que te venza en diciembre y que entres y que te dé un rendimiento más o menos bueno. Entonces, por lo menos, ¿qué vas a empezar a hacer? A comprar dólares y guardarlos y por lo menos dejarlos en una cuenta remunerada del banco, que es dejar los dólares en la caja de ahorro y te paga el banco dos, uno, más o menos, depende qué. No es nada, pero ante la nada misma es mejor. Después digo “esta plata la quiero guardar para mi fondo de emergencias”, que es de tres a seis meses de gastos mensuales para estar tranquilo por si te quedas sin trabajo o por si tenés alguna contingencia. ¿Y eso sirve guardarlo en dólares? Y no, ¿por qué? Porque cómo ajustan esos gastos que tengo y más por inflación que por el dólar. Entonces, ¿qué hago? Invierto en algo que sé que me va a dar más pesos. Y ahí tenés opciones. Si no soy experto, un fondo común de inversión es el primer paso. La billetera virtual ya es un paso. Podés usar cualquier billetera virtual. Y hay una parte que se llama reservas en las billeteras, que incluso vos separás plata de la que ves a la vista. La podés usar, pero vos la separás y le ponés un nombre, un objetivo. Yo digo que para cada objetivo hay una billetera o una cuenta de inversiones, no la que usás siempre, porque la plata la vas a ver ahí y si tenés que comprarte algo es probable que lo uses. Entonces, buscar esos escudos.
Entonces, yo puedo delegarle a gente que sepa y no estar pendiente si compro o vendo, que eso es lo que la gente no quiere. Entonces, en el fondo común de inversión, hay fondos que tienen acciones, que tienen bonos y acciones mixtos. Entonces, diversificás. Y no creer que me la sé toda. La humildad, la humildad en, en las inversiones es fundamental, porque eso te hace diversificar. Empezar por lo que uno conoce y lo más básico. Después vas aminimándote y vas haciendo otras cosas. Es uno de los mejores consejos que podés empezar si tenés esa parálisis. Yo siempre digo este el ejemplo: tenés un hijo, el primer mes le ponés 100 dólares en una cuenta de inversiones. Como tenés muchos años por delante, lo ponés a una inversión moderada al 8% anual. Todos los meses, 100 dólares en esa inversión. A los 18 años le podés dar 47.000 dólares.
Si esa persona no los toca, los deja invertidos en eso, es decir no pone un peso más, un dólar más ni saca un dólar, a los 65 años tiene 1.700.000 dólares. Interés compuesto durante muchos años, invirtiendo al 8% anual, 100 dólares durante 18 años, no durante los 65. No digo que les dejen su fondo de retiro a los hijos, pero cuando me dicen: “Quiero armar un fondo a mi hijo, ¿cómo hago?” Empezar con poco, con lo que puedas, pero el interés compuesto, hace la magia. Pero más que el interés compuesto, el hábito de ir ahorrando e invirtiendo. Porque si vos solo ahorraras la plata, tendrías es muchísimo menos.

—Otro de los errores que mencionas es confundir ingresos con riqueza.
—Vos podés poner dos personas, una que gana 10 y una que gana dos. Y si el que gana 10 gasta 12 y el que gana dos gasta 800, el que gana dos va a construir riqueza y el que gana 10 va a descapitalizarse y va a terminar fundido. Los ingresos no significan que una persona va a ser más exitosa o va a ser más próspera que otra, sino en cómo vas gastando en consecuencia de eso y no al revés. El otro error es gastar y después ahorrar. Tiene que ser al revés. Si yo sé que hoy voy a tener un estilo de vida más chico porque voy a construir eso en el tiempo, la constancia es fundamental. Hay un video que muestra la disciplina y la motivación. Vos ves andar en bicicleta al motivado y al que tiene disciplina. Disciplina siempre va con la misma velocidad, siempre va con la misma; y el otro lo pasa, luego vuelve atrás. El otro llega muy lejos y el otro se cansó.
La motivación no te dura mucho. Entonces, eso tiene que ver también con la disciplina, la constancia en separar una parte como si fuera un gasto, como pagás el alquiler. Eso transforma mucho lo que te va pasando después con esa tranquilidad financiera que vos querés tener. Decidir a veces es salirse de esa zona de confort. Pero te trae muchas satisfacciones. Decidir quién querés ser te hace ponerte objetivos que a lo mejor incomoden al resto, que tengas que hacer cosas que no estabas acostumbrado, de priorizarte y que los números sean un envión para eso, no una traba. Y para eso tengo que manejar bien el dinero. Yo mismo a mis alumnos de la facultad que están en cuarto año, digo: “¿Cuánta plata manejan?” Le digo: “Bueno, empiecen a ver, están estudiando finanzas, tienen que saber cuánta plata manejan, cuánta plata les pasan, que se lo pasen a principio de mes. Sus padres se enojan conmigo (risas) me mandan al frente, pero manejen un presupuesto, páguense ustedes la cuota de la facultad, que les transfieran, administren, empiecen a administrar su plata, vean cuánto les cuestan las cosas. Ustedes sáquenle jugo a eso, inviértanla mientras esté quieta”. Empezar a hacer cosas y a comprometerme.
Mientras más chico se empiece a ocupar de esto, lo voy a incorporar y no me va a costar. Por eso en los países desarrollados, el caso de Estados Unidos, por ejemplo, los chicos empiezan de chicos a invertir, tienen educación financiera de chicos. Nosotros podemos como adultos también incorporarlo y empezar a hacer cosas. Hay un montón de información. Uno tiene que elegir también de dónde se informa y la persona que te genere confianza es la que vos vas a terminar eligiendo, ¿no? Pero sí creo que actuar es la palabra para que los números, cuando los veas, de acá a unos años y veas cómo has ido creciendo, hablen de eso y no te mientan a vos mismo.
—Voy a hacerte la última pregunta, con la que cierro todas mis entrevistas. Más que una pregunta, es una invitación a que nos dejes una recomendación. Puede ser algo relacionado con lo que venimos hablando o algo distinto: un libro, una película, una frase que te inspire o cualquier idea que te gustaría compartir como reflexión final.
—Mi recomendación es pensarse uno en lo que quiere ser hacia futuro, sacándose la mirada del otro. ¿Quién querés ser en 10 años? Sin lo que piense nadie de vos. Cada uno hacer eso, escribirlo y ver cómo hacer para que todo los meses que vayan pasando te vayas acercando más a ese objetivo, que para mí de eso se trata la felicidad y para mí la felicidad es de valientes.
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