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El cambio climático está cambiando el tablero mundial del vino: las nuevas oportunidades para la Argentina

Muchas regiones vitícolas reconocidas y de larga trayectoria están obligadas a replantear sus estilos e incluso las variedades que emplean, con el objetivo de mantener su propuesta con la misma identidad y calidad

Bandera argentina izada en un mástil de madera entre hileras de vides con uvas, un camino de tierra, montañas al fondo y un cielo con nubes al atardecer.
La vitivinicultura argentina recuperó superficie de Malbec hasta 47.000 hectáreas y logró vinos con 100 puntos de la crítica internacional (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Se dice que las crisis generan oportunidades, aunque ello no implique que todos las puedan aprovechar. Estas crisis surgen de diversos tipos y en distintos lugares. Y si bien no se trata de celebrar las problemáticas que generan, muchas veces abren puertas que se creían cerradas o inexistentes.

En la Argentina, los empresarios de todos los sectores conocen muy bien lo que significa esa palabra y, especialmente, los bodegueros. Porque en este último siglo han atravesado varias: la que llevó la superficie plantada con Malbec de 60.000 hectáreas a 15.000, para hoy tener 47.000; la que provocó la caída del consumo per cápita de vino desde los 90 litros anuales hasta los 16 actuales; o la de la falta de vinos, que generó la autorización gubernamental del momento para “estirarlo” (diluirlo con agua), con consecuencias directas en la calidad, derivando incluso en casos de adulteración fatales.

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Copa de vino tinto sobre una mesa de madera clara, junto a un racimo de uvas rosadas con hojas verdes. Luz natural entra desde la izquierda, creando destellos.
El vino argentino acumuló crisis históricas, desde la caída del Malbec hasta el derrumbe del consumo per cápita de vino (Imagen Ilustrativa Infobae)

Todas estas y muchas otras, sin contar las hiperinflaciones y demás crisis económicas, son las que padeció la industria del vino argentino. Pero ha quedado demostrado que es una industria resiliente, porque, así como la vid renace cada año y con la nueva cosecha da nuevos frutos, las bodegas deben hacer lo mismo, por más complicado que sea el panorama. Por eso sigue en pie, y hoy se elaboran los mejores vinos de la historia del país, con varios exponentes de Malbec y Chardonnay que han logrado los 100 puntos de la crítica internacional y un potencial que no tiene límites.

Cambio climático: impacto global y nuevas ventajas competitivas

Al mismo tiempo, algo está ocurriendo con el cambio climático, que está convulsionando al mundo más que nunca. Aunque desde Argentina no se perciba tanto, gracias a su ubicación geográfica y extensión, eso podría, en el corto o mediano plazo, impactar favorablemente en el vino argentino.

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La crisis del cambio climático ha llegado para quedarse y esto es solo el comienzo. Si bien no comenzó ahora, actualmente está haciendo estragos en muchos lugares, incluyendo zonas vitivinícolas.

Mesa de madera con una colección de copas de vino blanco y tinto, varias botellas de vino argentino, barricas de roble y un viñedo al fondo.
El aumento de temperatura modifica el perfil del vino y la experiencia de la Argentina en manejo del viñedo puede impulsar sus exportaciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por ejemplo, la cosecha comercial de Champagne de este año será la segunda más baja del siglo, debido a los daños ocasionados en los viñedos por alteraciones climáticas. Se prevé que Champagne registre su segunda cosecha más baja del siglo, ya que fenómenos meteorológicos extremos han afectado drásticamente la previsión de la vendimia de 2026. El Comité Champagne decidió fijar la denominación de origen comercial en 8.800 kilogramos por hectárea (200 kg/ha menos que el año pasado), convirtiéndola en la segunda más baja del siglo después de los 8.400 kg/ha de 2020.

Esto abre una puerta a los demás vinos espumosos del mundo, porque, si bien no son iguales al Champagne, muchos pueden competir por calidad, aunque con estilo y carácter propio. En ese segmento, Argentina puede posicionarse como uno de los principales oferentes, junto con España (CAVA) e Italia (Prosecco).

Reducción de viñedos y cambios en los principales mercados

Por otra parte, Napa Valley (Estados Unidos) anunció la necesidad de arrasar viñedos. Según una fuente interna del gobierno local, la industria vitivinícola enfrenta una drástica reducción de tamaño. Los pequeños viticultores son los más perjudicados por la actual contracción del Valle de Napa, y más de mil deberán abandonar y arrasar sus viñedos cuanto antes. Esto evidencia que el impacto económico y, sobre todo, la caída global de las ventas de vinos ha llegado a la base de la industria vitivinícola estadounidense: la viña.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Napa Valley enfrenta una reducción drástica de la industria vitivinícola y más de mil pequeños viticultores deberían abandonar sus viñedos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Argentina, esa problemática ya existe, y la superficie de viñedos pasó de 224.599 hectáreas en 2015 a 196.199 diez años más tarde. No obstante, esta reducción del 12,6% se ha compensado con la reconversión de muchas viñas, enfocadas en variedades finas. Hay menos hectáreas plantadas, pero de mejor calidad.

Aunque el impacto sobre la base de la cadena de valor es similar, y a los pequeños productores se les dificulta el día a día, la crisis no es tan profunda como para arrancar miles de hectáreas de viñedo, lo que en Napa Valley significará una menor producción de vinos, en su mayoría tintos. Esto abre otra puerta a los tintos de Argentina.

También están los incendios en el sur de Francia (que llegan a Burdeos) y en España, en los alrededores de Madrid, que han dañado a una de las zonas emergentes más atractivas: Gredos. Es una verdadera tragedia medioambiental y un golpe duro para la región, con viñas rodeadas por el fuego, familias desalojadas y el fuego cerca de las bodegas. Eso aún no ha terminado porque el fuego sigue sin control, por lo que todavía no se puede estimar el daño para ambas industrias, la francesa y la española.

Adaptación, experiencia argentina y potencial exportador

El cambio climático ya no solo está afectando dónde se puede cultivar la vid, principalmente en el Hemisferio Norte, sino que también está alterando el perfil de muchos vinos. Con temperaturas más altas, las uvas acumulan azúcar más rápido y, durante la fermentación, ese azúcar se convierte en alcohol. Por eso hoy es más común encontrar vinos de 15 o 16% de alcohol donde antes predominaban los de 12 o 13%.

Dos copas de vino tinto (Freepik)
El cambio climático afecta a las regiones vitivinícolas del mundo y puede darle al vino argentino una ventaja de corto o mediano plazo (Freepik)

A la vez, el calor acelera la degradación del ácido málico, disminuyendo la acidez natural. Esto implica menos frescura y vinos con una sensación más pesada en boca. El desafío mayor ocurre dentro del viñedo: el azúcar madura antes que los aromas y taninos. El viticultor debe decidir entre cosechar antes para preservar la acidez, sacrificando desarrollo aromático, o esperar una madurez fenólica mayor, asumiendo un mayor grado alcohólico y menor frescura.

Por eso, principalmente en los países vitícolas del Viejo Mundo, buscan soluciones que no empiezan en la bodega, sino desde la elección de la variedad, el clon y el portainjerto adecuados, además del manejo del viñedo. En un clima cambiante, elegir la planta correcta deja de ser solo una decisión agronómica, para convertirse en una herramienta crucial en la definición del vino. Incluso, en algunos casos, se está trasladando el cultivo hacia zonas más frescas o de mayor altitud.

Todo esto ocurre en muchas regiones, pero, en la práctica, son desafíos que los productores argentinos conocen hace años. Cuando Argentina tuvo que reconvertirse tras la crisis de los 80, apostó por la calidad, se tecnificó y aprendió a manejar los viñedos para obtener vinos de alta calidad. En los últimos 30 años, también enfrentó el clima para adaptarse a una “nueva vitivinicultura”, surgida de otra crisis.

Una persona sirve vino blanco de una botella oscura en una copa de cristal. El líquido amarillo claro forma burbujas al caer en la copa.
Champagne tendrá la segunda cosecha comercial más baja del siglo y el recorte abre espacio para espumosos de la Argentina, España e Italia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo curioso es que, en Europa, por los efectos del cambio climático, enfrentan hoy problemas vitícolas que Argentina padece desde comienzos de este siglo. Casi todos los vinos argentinos surgen en terruños desérticos y soleados, lo que implica una gran madurez de las uvas y, por ende, un alto potencial alcohólico.

Gracias a esto, Argentina lleva ventaja en el desarrollo de grandes vinos con altos alcoholes. Aquí se mejoraron los manejos de viñedo y se permite el riego. Además, las regulaciones son más permisivas, permitiendo a las bodegas combinar uvas de distintas regiones. Y se sabe que el país cuenta con una gran diversidad de terruños, incluso dentro de una misma región.

Por último, y tal vez lo más importante en función de la oportunidad que representa, es que si muchos productores de distintas regiones del mundo deben cambiar el estilo de sus vinos reconocidos para adaptarse al cambio climático, pueden motivar a sus consumidores habituales a buscar nuevas alternativas. Quienes estaban acostumbrados a un estilo definido podrían preferir cambiar frente a la modificación “obligada”. Argentina, con sus vinos actuales, tiene una gran oportunidad no solo para posicionarse, sino para conquistar mercados y crecer en exportaciones.

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