
Cuando el verano se instala, quienes tienen una piscina de concreto suelen disfrutarla sin advertir que tras el agua cristalina pueden ocultarse signos de deterioro. El uso frecuente, las variaciones de temperatura, el paso del tiempo y posibles descuidos en el mantenimiento generan condiciones propicias para que la estructura comience a presentar daños que, si no se detectan a tiempo, avanzan de forma silenciosa y pueden derivar en problemas costosos.
Desde pequeñas fisuras hasta pérdidas imperceptibles, existen indicadores técnicos que ayudan a anticipar y abordar los inconvenientes antes de que comprometan la seguridad o el bolsillo del propietario.
Especialistas en construcción, organismos internacionales y empresas del sector coinciden en la importancia de la prevención y del diagnóstico precoz. Aunque muchos inconvenientes surgen por el uso intensivo o el desconocimiento de los cuidados recomendados, existen parámetros técnicos claros para identificar cuándo una pileta de concreto está en riesgo y necesita atención urgente.
¿Por qué ocurre el deterioro y qué peligros implica?

La estructura principal que contiene el agua en la piscina de concreto enfrenta desafíos constantes: los cambios bruscos de temperatura, el llenado y vaciado, la presión hidrostática, los productos químicos de limpieza y la inevitable acción del tiempo.
Si estos factores se combinan con un mantenimiento deficiente o errores de construcción, pueden aparecer desde desprendimientos superficiales hasta fisuras profundas y corrosión interna. Más allá del impacto estético, estos deterioros comprometen la impermeabilidad y la estabilidad estructural, encareciendo cualquier reparación a futuro.
Según los principales estándares internacionales definidos por el American Concrete Institute (ACI) —la principal entidad técnica de Estados Unidos en normativas sobre hormigón — existen criterios objetivos para distinguir un problema superficial de un síntoma serio de deterioro.

En la misma línea, la Pool & Hot Tub Alliance (PHTA), asociación sin fines de lucro que promueve buenas prácticas en la industria de piscinas y spas, comparte recomendaciones sobre la inspección, los tipos de daños y la urgencia de la intervención profesional. Por su parte, especialistas en patología del hormigón y técnicos de Mapei, fabricante de productos para la construcción, advierten que el uso de materiales inadecuados, una impermeabilización deficiente o una colocación incorrecta están entre las causas más frecuentes de los daños que afectan a las piletas al comenzar la temporada.
Cuáles son los 6 signos que pueden indicar deterioro o fugas en una pileta de concreto:
1. Grietas anchas y profundas
No todas las grietas representan un riesgo inmediato, pero cuando el ancho supera los 0,2 mm (el equivalente a una tarjeta de crédito delgada) es un claro síntoma de alarma. El American Concrete Institute (ACI), a través de normas ampliamente aceptadas tanto en Estados Unidos como internacionalmente, establece ese límite como valor máximo permitido en superficies que permanecen en contacto permanente con el agua. Superar ese umbral implica que el agua puede infiltrarse hacia la estructura, alcanzando el acero de refuerzo.
A partir de ahí, empieza el ciclo de corrosión: cuando el agua rodea el hierro, este se oxida, se expande y comienza a romper el hormigón desde adentro. Por este motivo, si una fisura se nota al tacto o deja pasar la uña con claridad, es recomendable medir su ancho y consultar a un profesional antes de llenar la piscina. El tratamiento temprano puede evitar que un daño puntual termine en una reparación estructural costosa o en la pérdida de la estanqueidad del vaso.

2. Patrones de fisura en telaraña o “mapa”
Las grietas que dibujan figuras ramificadas, en “Y” o en forma de red sobre la superficie, son conocidas técnicamente como “map cracking”. Este patrón va mucho más allá de una simple fisura aislada: suele revelar un proceso químico interno que avanza de manera silenciosa. La Pool & Hot Tub Alliance (PHTA) señala que estos entramados están vinculados a la llamada reacción álcali-sílice (ASR), también denominada “cáncer del hormigón”.
El ASR ocurre cuando ciertos componentes minerales del hormigón reaccionan con álcalis y humedad, produciendo una expansión interna. La consecuencia es la formación de una red de grietas superficiales, que a menudo se ensanchan con el tiempo y comprometen la integridad total de la piscina. Si se observan estos patrones, es fundamental consultar a especialistas, ya que las reparaciones caseras no resuelven el origen químico del problema.
3. Manchas de óxido junto a las fisuras
Las manchas anaranjadas o rojizas que aparecen cerca de grietas o juntas son mucho más que un problema estético: son el síntoma inequívoco de que el agua logró atravesar el hormigón y alcanzar el acero de refuerzo.

El ACI, en sus estándares de durabilidad y mantenimiento de estructuras, advierte que la presencia de óxido visible es señal de corrosión activa dentro del hormigón. Este proceso no solo debilita los puntos afectados, sino que, al oxidarse, el hierro se expande y genera presión sobre el material circundante, provocando nuevos desprendimientos y fisuras.
Además, las zonas oxidadas pueden significar que la protección impermeable original ya falló y que la estructura está más expuesta a futuros daños. Frente a la aparición de manchas de óxido, la consulta y el diagnóstico profesional resultan ineludibles: ignorarlas solo acelerará el avance del deterioro.
4. Desprendimiento o descascarillado (spalling)
El “spalling” se manifiesta cuando pequeños o medianos fragmentos de concreto empiezan a desprenderse, dejando la superficie irregular, desnivelada o con bordes filosos. Según normas internacionales y la experiencia reportada por la PHTA y el ACI, el spalling suele deberse a dos factores: la expansión del hierro oxidado bajo la superficie o la utilización de materiales inadecuados en la construcción y el revestimiento.

Este tipo de daño es particularmente severo porque debilita la sección afectada y facilita la entrada de agua y suciedad, agravando el deterioro y multiplicando el riesgo de filtraciones serias. Revertirlo exige una intervención que no solo repare la zona afectada, sino que también analice la causa subyacente para evitar la repetición del problema.
5. Pérdida constante de agua y humedad en paredes cercanas
Cuando el nivel de agua desciende notablemente más rápido de lo habitual y en las inmediaciones del vaso aparecen manchas húmedas, eflorescencias o incluso pintura ampollada en muros, hay motivos para preocuparse. Según los manuales técnicos del ACI, una pérdida de agua excesiva indica, casi siempre, la presencia de fisuras ocultas, fallas de impermeabilización o deterioro de juntas internas.
Lo más riesgoso es que, en muchos casos, parte del daño es invisible y puede estar desarrollándose tras el revestimiento o entre las uniones del hormigón. Frente a estos síntomas, la medición cuidadosa del nivel de agua y la inspección visual de paredes y zócalos se vuelve clave: cuanto más rápidamente se detecta la causa, menor será el costo y la complejidad de la reparación.

6. Fallas en juntas y accesorios
El paso del tiempo, la exposición al sol y el uso permanente provocan el deterioro de juntas y sellos colocados en las zonas de contacto entre el vaso y los accesorios: skimmers, boquillas, luces, retornos y el propio borde perimetral. Estas áreas normalmente son más vulnerables porque el material de sellado puede resecarse, perder flexibilidad o retraerse. Los expertos de Mapei recomendaron el usar adhesivos y pastinas específicamente formulados para inmersión y movimientos estructurales, ya que estos sistemas aportan mejor adherencia y vida útil prolongada.
Revisar juntas, reponer sellos y controlar visualmente cada accesorio antes del inicio de la temporada ayuda a prevenir las tan temidas filtraciones, así como el “efecto de humedad negativa” que puede aparecer en las paredes externas de la pileta si el agua circula fuera del revestimiento.
Qué hacer ante estas circunstancias
Cualquiera de estos signos amerita no postergar la consulta con un profesional calificado. Organismos técnicos internacionales —como el ACI— y referentes del sector enfatizan la importancia de una inspección a fondo, la reparación con materiales certificados y la aplicación precisa de los sistemas de impermeabilización. Estas acciones son las mejores aliadas para preservar la estructura, evitar pérdidas y solucionar problemas antes de que se agraven.
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