En la vida cotidiana, muchas estafas funcionan porque alguien toma una decisión rápida, bajo presión y sin hacer las cuentas completas. Uno de los mejores ejemplos del cine argentino está en Nueve Reinas (2000), cuando Juan (Gastón Pauls) lleva a cabo la famosa estafa conocida como “la uruguaya”.
La escena es simple: Juan entra a un kiosco y hace una compra por $5 (sí, cinco pesos). Nota que la cajera tiene dificultades para calcular ese monto al combinar monedas de $1,25 y $3,75. En ese instante detecta algo clave para cualquier estafador: una víctima potencial, alguien que duda y calcula lentamente.
Cómo funciona la estafa
- El amague inicial. Juan aparenta pagar con un billete de $50. La cajera, correctamente, comienza a preparar el vuelto de $45.
- El cambio repentino. Luego, Juan “cambia de opinión”, ya que “encuentra” un billete de $5 en su bolsillo. Estaba a punto de recibir sus $45 de vuelto del billete de $50… pero en ese instante aparece el truco.
- La mezcla que confunde. Juan junta: los $5 que encontró, los $45 del vuelto que la cajera ya le preparó y los $50 iniciales.

Con esos $100, le propone a la cajera canjear todos estos billetes por uno de $100. La cajera, apurada y algo desorientada por el ida y vuelta, acepta.
A primera vista, ambos se van con $100, lo que podría hacer creer que fue un intercambio neutral. Pero revisemos:
- Juan inicia con $55 (los $50 iniciales + los $5 “encontrados”).
- La cajera inicia con $145 (los $45 de vuelto + el billete de $100 de caja).
Después del intercambio, ambos terminan con $100. Juan ganó $45 y la cajera perdió $45.
La clave está en que ella entregó su billete de $100 sin advertir que ya le había dado previamente $45 de vuelto. Su mente solo siguió el “atajo cognitivo” del estafador: “Dame uno de 100 y yo te doy dos billetes que suman lo mismo”. Demasiada información en muy poco tiempo, con un estafador que, como todo estafador, apura.
Si algo nos ayuda a hacer mejores cuentas es llevar un registro interno rápido de cuánto teníamos al comenzar y con cuánto deberíamos terminar. Esa comparación inmediata (“arranqué con tanto, recibí tanto, por lo tanto ahora debería tener tanto”) es una de las formas más efectivas de detectar errores, confusiones o intentos de engaño.
Cuando esa verificación básica falla, es mucho más fácil que alguien nos convenza de que un intercambio es correcto aun cuando no lo es. Para eso, ejercitar el cálculo mental no solo mejora nuestra agilidad numérica: nos da una especie de brújula interna para identificar si las cuentas realmente cierran.
El cálculo mental, además de una habilidad escolar, es una herramienta de defensa.
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