Por Susana Ceballos

El millonario y amable Señor Drummond vivía en Nueva York y era un típico estadounidense, en cambio su álter ego, Conrad Stafford Bain era… canadiense. Nació el 4 de febrero de 1923 en la provincia de Alberta, Canadá. Su padre, Harrison Bain, era un vendedor mayorista. Su madre se llamaba Jean Agnes. Pero Bain no llegó al mundo solito sino acompañado por Bonar, su hermano gemelo. Tres años más tarde, Gordon completaría la familia.
La infancia del pequeño Conrad y sus hermanos no era muy diferente a la de los chicos canadienses del período de entreguerras. La escuela, los libros, y los deportes típicos como hockey y el patinaje sobre hielo, ocupaban sus días hasta que en la adolescencia y durante un acto escolar le picó el bichito de la actuación.
Su formación actoral fue interrumpida cuando la Segunda Guerra Mundial extendió sus garras y atrapó a Conrad que se enroló en el ejército canadiense. No solía hablar de esos tiempos pero sí contaba que apenas consiguió la baja, lo primero que hizo fue anotarse para seguir sus estudios en Centro de Arte de Banff, Alberta. Allí, no solo sellaría definitivamente su futuro profesional, también encontraría una compañera para toda la vida, Monica Sloan, una artista plástica con quien se casó en 1946 y de la que, como cuentan las buenas historias de amor, solo los iba a separar la muerte. La pareja se instaló en Nueva York y el joven Conrad, ya ciudadano norteamericano, continuó su formación en la Academia de Arte Dramático y pronto consiguió su primer rol en televisión, en el programa Studio One.
En 1956 debutó en Broadway con The Iceman Comet, de O'Neill. Si Mónica era su amor, el teatro era su pasión. En el escenario desarrolló su principal actividad actoral, representando a autores como Shakespeare e Ibsen. Por ese entonces la industria no paraba de florecer ni de generar ingresos y Bain empezó a preocuparse por las condiciones económicas de los artistas. Así nació la cooperativa federal de actores, una organización sin fines de lucro creada para ayudar financieramente a los artistas, de la que él fue el primer presidente.

Mientras tanto, su carrera circulaba por varios caminos. En cine, actuó con Clint Eastwood, Gene Hackman y Sean Connery, y fue dirigido por Woody Allen en Bananas. El teatro le había dado oficio, el cine empezaba a hacer su rostro cada vez más visible, pero la gran fama le iba a llegar con la televisión.
Su cara se hizo conocida para los hogares norteamericanos con el papel del doctor Arthur Harmon en Maude, como contrafigura conservadora y estructurada de la liberal Bea Arthur. Fueron seis temporadas al aire y hasta se dio el gusto de actuar con su hermano gemelo, que hizo un papel de malvado. Su interpretación como médico fue tan convincente que la gente le pedía diagnósticos y consejos cuando lo cruzaban.
Con el physique du role del gentleman ya desarrollado y el timing para la comedia adquirido durante seis años, solo faltaba el trampolín para su consagración a nivel mundial: la serie Blanco y Negro. Bain se convirtió en Phlippe Drummond, un millonario viudo con una hija adolescente (Dana Plato, Kimberly) que acaba de adoptar a dos niños huérfanos, negros y de Harlem (Gary Coleman como Arnold y Todd Bridges como Willis), hijos de su antigua ama de llaves recientemente fallecida.
Si bien el carismático Arnold fue el gran protagonista de la serie, era imposible no querer al Señor Drummond, quien hacía malabares para administrar los humores de la familia recientemente ensamblada. Blanco y Negro se presentaba como una serie con un contenido aparentemente liviano, aunque el simple hecho de tener a dos niños pobres y negros viviendo en un penthouse en el centro de Nueva York podía causar problemas además de espanto. El odio racial no era una "sensación" de hecho tanto Bain como Bridges denunciaron haber recibido cartas amenazadoras del Ku Kux Klan, la tristemente célebre organización racista.
(Video: Primer capítulo de "Blanco y Negro" / Youtube)
Sin embargo, el público respondía y Blanco y Negro rompía fronteras. Arnold era una criatura entrañable para todo el mundo y los guionistas se decidieron a jugar un poco más fuerte, abordando a partir de "capítulos especiales", algunas temáticas que no eran de tan fácil digestión para el público de los primeros '80. El capítulo más emblemático fue el del abuso infantil, en el que Arnold y un amigo sufren el acoso de un vendedor de bicicletas.
Pero también trataron la bulimia, el alcoholismo y el consumo de drogas, con la presencia de la entonces primera dama, Nancy Reagan, que llevó a la sitcom su campaña "Just say no" (solo decí no). Claro que –como se supo tiempo después- los adolescentes reales Plato y Bridges estaban un poco más descarriados que los ficticios, Kimberly y Willis. De hecho compartieron un cigarrillo de marihuana a espaldas de la mismísima primera dama, como confesó el actor en su autobiografía.
En la séptima temporada, el Señor Drummond encontraría el amor, pero el hastío y los problemas fuera de los sets no le permitían ser el hombre despreocupado y feliz que mostraba en la ficción. Coleman había sufrido un segundo trasplante de riñón, su ira crecía y exigía un rol más adolescente para Arnold; mientras que Bridges y sobre todo Plato experimentaban más de lo debido con el alcohol y las drogas. La joven quedó embarazada y fue excluida del reparto. Solo tuvo algunas participaciones hacia el final. La octava temporada fue crónica de un final anunciado, y el 7 de marzo de 1986 Blanco y Negro colgó el cartelito definitivo de The End.
El fin de la serie fue prácticamente el fin de la experiencia de Bain en la televisión. Solo tuvo una participación recurrente en 1987 en la serie Mr. President, que solo duró 24 capítulos. Su último trabajo acreditado como actor de televisión es simbólico. Junto a Coleman y como Drummond y Arnold respectivamente, participaron en 1996 del capítulo final de El príncipe del rap, protagonizada por Will Smith. El paradigma de las comedias familiares había cambiado y Bain no encontraba lugar para él. "Creo que perdieron fuerza cuando comenzaron a contratar comediantes de stand-up para liderarlas", analizó hacia fin de siglo. "En lugar de tener personajes creando situaciones reales, lo que ves es a personas tratando de ser graciosas", agregó.

El teatro, aquel punto de partida donde encontró la vocación, el amor y la lucha por los derechos de los trabajadores, terminó siendo el lugar que eligió para sus últimos trabajos. Cada vez más enfocado en el rol de guionista, se fue alejando de a poco de la escena y se retiró a su casa de Livermore, California. Pasó el tiempo con su familia y sus amistades, entre las que se contaba la actriz uruguaya China Zorrilla. "Somos amigos, cada tanto hablamos mucho por teléfono", contó al pasar China en Almorzando con Mirtha Legrand, pero enseguida la actriz cambió de tema y no dejó lugar para la repregunta.
La vida de Bain transcurría tranquila y con un matrimonio consolidado. Solo la muerte de Mónica, el 26 de febrero de 2009 puso fin a sus 64 años de matrimonio. Con ella tuvieron tres hijos, una mujer y dos varones, otro punto de encuentro con el Señor Drummond.
Mucho se escribió sobre la maldición de Blanco y Negro, ese destino trágico que persiguió a los actores juveniles una vez concluida la serie. Ninguno logró trabajar con continuidad en el mundo del espectáculo. Plato murió de una sobredosis en 1999, Bridges tuvo problemas con las drogas y fue acusado de asesinato y Coleman demandó a sus padres por estafa y falleció víctima de la enfermedad congénita que nunca pudo controlar. Plato solía bromear al respecto. "Ese Drummond sí que fue un pésimo padre", contaba la actriz, en tanto que Bain siempre fue cuidadoso con sus palabras. "Me cuesta mucho hablar de sus problemas porque los amo", solía declarar.
Sin embargo, el proceso de recuperación de Bridges tenía guardado un capítulo más a los especiales de Blanco y Negro. Podríamos titularlo "Cómo acompañar a las estrellas precoces cuando crecen", y lo protagonizarían el Señor Drummond y Willis Jackson. El guión, ya está escrito en la vida real.
Bain y Bridges se hicieron compinches durante las grabaciones de la serie. El joven solía llegar temprano -era el único de los tres chicos que venía de familia de artistas y tenía antecedentes en televisión- y empezaron a pasar mucho tiempo juntos. Si bien Bridges no era huérfano como Willis, también sufría el vacío de una figura paterna. Su padre no pasaba tiempo con él y cuando lo hacía los golpes eran su manera de "comunicarse". Bain y Todd comenzaron a compartir largas charlas en los sets de grabación, pasaban juntos el tiempo libre, con la pesca como principal actividad. Si Willis precisaba un padre en la ficción, Todd lo necesitaba en la vida real y allí estaba Bain para cumplir un papel en el primer caso y ayudar a un chico solo y triste, en el segundo.

Cuando la serie llegó a su fin y comenzaron los problemas de Bridges con las drogas y la ley, su padre en la vida real no apareció pero si su padre por elección: Bain. "En los peores momentos, allí estaba él, ofreciéndome su oído y con un consejo para dar", recordó Todd, quien luego de un tratamiento de rehabilitación, logró rehacer su vida. Formó una pareja, tuvo un hijo y le dió al Señor Drummond lo que el guión de Blanco y Negro le había prohibido: un nieto. "Llevé a Spencir a la casa de Conrad y enseguida lo amó. Jugábamos al ajedrez, lo llamaba 'mi nieto', realmente era alguien que sabía cómo tratar a la gente", contó Bridges.
Conrad Bain falleció luego de sufrir un accidente cerebro vascular en su casa de California, faltaba poco para que cumpliera 90 años. Bridges, el único sobreviviente del elenco original, lo lloró solo como solo un hijo puede llorar a un padre. "Era realmente como el Señor Drummond: un tipo amable que me trató mejor que mi propio padre".
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