Supo que quería convertirse en Diosito desde que conoció su papel en El Marginal. Nicolás Furtado llegó al casting con la prótesis dental, durmió en una plaza y se metió en la villa 31 para comprender más al personaje. El resultado superó lo esperado. No solo logró que el menor de los Borges no muriera en la mitad de la primera temporada, como estaba planificado, sino que se convirtió en uno de los protagonistas de la segunda, que en su debut en la TV Pública alcanzó un pico de rating solo comparable con los clásicos de fútbol. Y ahora, Furtado ya se anima a soñar con una tercera parte.

—¿Qué es El Marginal en tu carrera?

—Un antes y un después. Me abrió un montón de puertas y me las sigue abriendo. Es una oportunidad única para mí.

—Diosito fue un personaje muy buscado por vos. ¿Siempre buscás tanto a los personajes o este fue particular?

—No siempre busco tanto. De hecho a veces me llaman para castings para personajes y me parece que no doy con el perfil. Trato de ser honesto: no me gusta perder el tiempo ni que pierdan el tiempo ellos.

—¿En qué no te has visto, por ejemplo?

—Hace poco me habían ofrecido el casting de la serie de (CarlosMonzón y yo dije: "Me parece que no". Pueden encontrar a a alguien que se parezca más.

—Pero era un papel muy fuerte.

—Sí, re importante. Pero bueno, esos personajes, esos papeles de personas que ya existen o existieron son…

Nico Furtado, “El Marginal 2”
Nico Furtado, “El Marginal 2”

—Vos interpretaste en un momento a un cuartetero, y pensaba en la película de Rodrigo Bueno.

—También me hablaron en su momento, y no. Hay que saber decir que no a ciertas cosas para cuidarse uno como actor, para cuidar los proyectos. Es más difícil hacer de una personalidad así, es otra historia.

—¿Para la película de Rodrigo también dijiste no?

—Me habían ofrecido el casting y dije: "No. Es un desafío que ahora no quiero tomar".

—Es una profesión en la que los no pueden llegar a ser más importantes que los sí.

—Tal cual, porque son más las cosas que te ofrecen que las que terminás haciendo. Por lo menos en este momento de mi carrera, por suerte, porque la verdad que años atrás era impensable escuchar esto de mi boca.

—¿Cómo te llevás con la fama?

—No entiendo muy bien mucho. Preferiría salir a la calle y que no me reconozcan. Hace poquito estuve en España un mes y medio, y caminaba por la calle feliz. Mi trabajo es ir por la vida, por la calle mirando a la gente y observando, no que me miren a mí.

—¿Así se arman los personajes?

—Sí. Yo pasé mi vida andando en bondi, en la calle caminando, mirando, observando. Qué sé yo, ese es mi trabajo.

—Hiciste mucho de esto para encontrar a Diosito. ¿La prótesis es una propuesta tuya?

—Sí, la prótesis sí, porque también está el prejuicio de los productores de que un actor con ciertas características no puede interpretar a un personaje así. Entonces, obviamente, como acto de rebeldía tuve que hacer lo mío e ir por esa prótesis. Los dientes son una característica muy fuerte del personaje, como el pelo, es casi caricaturesco, es como un dibujito que está siempre con la misma ropa y la misma cara.

—Pero a la vez es súper verosímil.

—Sí, el desafío justamente para que sea creíble es ahondar en las cosas más internas, en su sensibilidad, y tratar de humanizarlo desde lugares que tal vez no son comunes porque a simple vista es un villano, un malo, un preso que mata y un montón de cosas que están mal.

—¿No podés juzgarlo al personaje?

—No, nunca. Lo peor que puede hacer un actor es juzgar a un personaje. Tampoco podés decidir ciertas cosas por el personaje, porque probablemente él no las sepa. Si yo tomo la decisión de que Diosito es malo, punto, me pierdo un montón de cosas. No es malo, no es bueno, y es todo junto a la vez. Como nosotros, como las personas.

—¿En qué instancia fuiste a la Villa 31?

—Cuando me confirman el papel.

—Post casting.

—Sí.

—Pre casting dormiste en la plaza.

—Sí. El primer casting con los dientes. Después me llaman a un call back (un segundo casting) y ahí sí es que voy a la plaza. En cierto momento a la noche me di cuenta de que no me sabía la letra, entonces volví a mi casa a estudiar. Me salió mal esa parte (risas).

—¿Qué sentiste durmiendo en una plaza?

—Es como esperar un bondi hasta las 3 de la mañana en invierno, pero en el piso.

—¿No conecta con que hay un montón de gente que duerme así todos los días?

—Bueno, claro. Yo me conecto con una noche que dormí en una plaza, no sé cómo es dormir todo el tiempo en una plaza o en la calle.

—El peligro, el frío, los chicos; un montón de cosas.

—Sí, peligro. Yo creo que esa gente se hace muy fuerte. Las experiencias de vida te fortalecen también.

—En ese sentido, cuando ustedes filman en una situación de cárcel, ¿en algún momento parás y te podés imaginar todas las historias reales que hay ahí?

—Sí. Pero después que me fui, no antes. Decís: "¿Qué hice acá, de dónde me estoy yendo, qué pasó?". Te empezás a cuestionar. Nosotros íbamos a comer choripán ahí a la vueltita de la cárcel y nos encontrábamos siempre con unos ex presidiarios de esa cárcel (de Caseros). Compartíamos un choripán o una birra y nos contaban historias, me decían que hasta había espíritus ahí adentro. Uno había estado 15 y otro 20 años ahí adentro. Eran de ahí, del barrio.

—¿Te imaginaste mientras hacías a Diosito qué le hubiera pasado a Nicolás preso?

—Sí, sí, me lo pregunto. Te ponés en esas situaciones, por segundos. Después salís, porque no me tengo que confundir; esto es una ficción. Yo como actor no me meto en el personaje y me dejo llevar. La idea es que parezca eso. Pero mi actor está siempre ahí, pendiente, al servicio del personaje. Porque si no no se puede controlar. Hay actores que dicen: "Me dejé llevar y no sé qué hice". No, no, yo estoy pendiente ahí. En mi caso, el actor está ahí.

—Y el actor es el que fue a la Villa 31.

—Sí, la persona más que el actor. De hecho, fui con los dientes.

—Vas para Retiro y te metés en la villa a caminar.

—Sí. Está todo bien: te metés, podés caminar, podés comprarte algo para comer y seguir. Obviamente también tiene que ver con qué personas te relacionás ahí adentro.

—¿Vos qué buscabas?

—Antes de entrar no sabía qué buscaba, pero algo buscaba. De hecho no tenía bien claro qué iba a hacer: entré, recorrí, miré, no sé qué. Me vinieron a hablar, me vinieron a ofrecer algo, dije: "No, no".

—¿Droga?

—Claro. Seguí, y después digo: "No, yo evidentemente vine a buscar algo un poco más allá de todo esto". Entonces volví a hablar con el que me había ofrecido. Son cosas que no volvería a hacer, pero tampoco me arrepiento de haberlas hecho.

—¿Pero por qué no las volverías a hacer?

—Porque no tomé conciencia de los riesgos.

—¿Te asustaste?

—En el momento no porque tenía adrenalina, después cuando me fui dije: "¿Qué pasó acá?".

—¿Se dieron cuenta en un momento?

—No, que era un actor no. Pero de repente la gente que había sido buena onda al principio iba cambiando su predisposición y van viendo qué beneficio pueden sacar. "Te doy 100 pesos para que me consigas algo", y ya después querés más. O "¿No me traés lo que pedí?", bla, bla, bla. Y vos, si supuestamente sos un tipo así, tampoco es que podés hacer como si nada.

—¿Cuánto tiempo estuviste adentro?

—Y… habré estado dos horas. De repente estuve un poquito más porque en un momento estaba la policía y nosotros estábamos en un pasillito finito. Había que esperar ahí porque no sé qué pasaba. Ahí dije: "En algún momento tengo que salir de acá".

—¿Qué pasa con la marginalidad? Un gallo para Esculapio también muestra algo de eso que es muy atrapante para ver en ficción. ¿Qué te parece que nos tienta tanto?

Hay ganas de ver de cerca lo desconocido para nosotros. Porque podemos ver el informativo o alguien que nos cuenta, pero ver una serie con estas características es como que te da la posibilidad de observar realmente de cerca un mundo así. Y otros se sienten identificados, otros quieren ver algo que nunca verían de otra forma. Me parece que este programa une muchas clases sociales.

—¿Ves la cárcel como un lugar de recuperación?

—Yo conozco un par de penales. El de La Plata, que estuve yendo a visitar internos. Y obviamente no es lo que se ve en El marginal. Es una ficción. Obviamente, nosotros nos agarramos de elementos de la vida real y medio que los distorsionamos un poco.

—Muestra la corrupción dentro del sistema carcelario.

—Ah, bueno, sí, pero eso pasa afuera de la cárcel también. Desde adentro de la cárcel denunciamos un montón de cosas que pasan en todos lados. Ahí está la joda.

—¿Cuánto durarías preso?

Hasta que me escape, supongo. Estoy pensando en la posibilidad de ir preso inocentemente. Hay casos, eso es lo peor de todo: hay casos de gente presa inocente y hay gente culpable libre. Entonces, no estamos tan lejos de esa realidad.

—Si vas preso sin ser culpable, ¿te escapás?

—Sí.

—¿Te imaginas cometiendo algún delito?

—No. Si me lo preguntás, no.

—¿De chico nunca robaste nada?

—Sí, sí. Algo del súper sí, algún chocolate cuando era niño.

—¿Cómo está tu estado civil?

—Estoy soltero.

—¿Te tirotean mucho en redes sociales?

—Un poco, sí. Gente además que escribe buena onda por el trabajo. Siempre son mensajes agradables.

—Cuando te adjudican romances, ¿cómo lo llevas?

—Y… es raro.

—Desmentiste estar con Soledad Fandiño.

—Sí, es raro porque poco importa lo que vos decís. Yo soy actor, no me engancho, entonces te digo: "No, la verdad que no, es mentira". Y (te dicen): "No, no te creo". "Bueno, está bien, ¿entonces para qué me preguntás?". Tampoco tendría problema en decir sí, es así. Con Sole somos amigos, laburamos juntos un montón. Me la crucé en un evento y obviamente estuvimos un montón hablando, pero como te cruzo a vos y también voy a estar capaz 15 minutos hablando.

—¿Y te enoja o te da lo mismo cuando pasa eso?

—No, yo no doy bola.

—Hay gente que la pasa muy mal, por eso pregunto.

—Sí. A ver, la paso mal estando en ese tipo de programas porque no me interesa que se hable de mí de eso. Yo estudié muchos años para que después todo se resuma en estos temas. Y mucha gente, que de repente no vio mis trabajos, me conoce por eso. Todo bien, que hagan su trabajo los que lo tienen que hacer y que se dediquen a cierto tipo de público pero bueno, de última primero sabé quién soy, qué hago, a qué me dedico, y después si querés, desde otro lugar sacándole importancia, hablamos de lo que quieras.

—¿Tenés ganas de enamorarte o estás disfrutando la soltería?

—No, estoy disfrutando de mi momento laboral. Ni lo espero ni lo busco, aparece. Hoy por hoy es verdad que estoy muy concentrado en lo mío.

—Es un gran momento.

—Por suerte sí. Es difícil para un actor de mi edad poder vivir las cosas que estoy viviendo, entonces lo estoy aprovechando mucho. Estoy muy agradecido y quiero seguir, no quiero que se quede acá, quiero que sea el comienzo.

—Es interesante que en una tele que tiene muchísimo de lo mismo, en donde todos estamos hablando de la serie de Luis Miguel o de La Casa de Papel, aparece una ficción de calidad nuestra y algo pasa realmente. La gente está, no es que la gente no está.

—No, no, la gente está. No tenemos nada que envidiarle a ninguna de las series que nombraste, nada. Yo creo que tenemos productos de muy buena calidad. Son caros, ese es el tema, para que sea redituable es todo un tema.

—No me vas a contar por supuesto cómo termina El Marginal.

—No.

—¿Pero existe la posibilidad en cuanto al cierre de que siga, o termina?

Estamos todos queriendo una tercera temporada, pero es muy pronto para hablar de eso.

—Si hablamos en cinco años y salió todo genial, ¿cómo te voy a encontrar?

—Con más dudas, espero.

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