Mancha de Rolando: "Elegimos quedarnos en la Argentina para luchar por nuestro país"

Tras anunciar que si ganaba Mauricio Macri se irían al exterior, cambiaron de opinión. Y en esta charla con Teleshow dan las razones. Además, responden al rumor de que demandarían al Estado por una supuesta deuda de los tiempos en que tocaban con el ex vicepresidente Amado Boudou

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Casi tres décadas de Mancha de Rolando. Una banda formada -como tantas otras- en el Gran Buenos Aires por un grupo de adolescentes entusiastas, que transitó el under durante muchos años hasta el despegue. Que luego se acercó al kirchnerismo para ser el grupo soporte del ex vicepresidente Amado Boudou (la estarían reclamando una deuda al Estado por aquellos shows). Y que hoy, transita un presente muy distinto.

La banda de Avellaneda debutará este año en Capital con un show en La Trastienda, el próximo 14 de abril, presentando nuevo material. Y en esta charla con Teleshow, dos de sus integrantes, Manuel Quieto (guitarra y voz) y Matías Sobrado (teclados), repasan el trayecto de la Mancha que supo de sinsabores.

—Cumplen 27 años como banda…

Quieto: —Sí, exacto. Es algo increíble. Empezamos en la adolescencia cuando el grupo era Venceremos, y en ese momento era vencer a mi mamá que no me rete para ir a ensayar, ¿viste? No era nada. Pero bueno, a medida que pasa el tiempo te das cuenta de lo difícil que es mantener el grupo unido, trabajando.

—¿Cuál es la clave para que sigan unidos?

Quieto: —Yo creo que lo que venimos haciendo ahora, que estamos charlando: reírnos. Somos muy amigos. Con Franchie nos conocimos a los tres años, en el jardín, en marzo del 78.

—Dicen que el rockero es un eterno adolescente. ¿Están de acuerdo?

Quieto: —Sí, yo creo que sí. Con el rock volvés a ser niño por un rato, te acordás del momento en que elegiste la música.

—¿Por qué se llaman Mancha de Rolando?

Quieto: —No tiene mucho sentido. Es un nombre que lo pusimos cuando teníamos 15 años, por lo cual se podría haber llamado El Programa de Cami. Tiene que ver con un Rolando que es un amigo nuestro de Avellaneda Le mandamos un abrazo. Cada tanto nos lo cruzamos y él le cuenta a sus hijas del nombre.

—¿Cuántas "manchas" tuvo la Mancha?

Quieto: —Vivimos varios vaivenes económicos en 27 años de grupo: épocas en las que la economía iba mal, otras que iba mejor. Y este siempre fue nuestro refugio. Después de Cromañón, por ejemplo, era muy difícil tocar en vivo porque los lugares cerraban, los clausuraban. En ese momento inventamos tocar en el Parque Centenario, armar nuestros instrumentos y nuestros equipos ahí, colgarnos de la luz y tocar para la gente que estaba en el parque.

—Todo muy a pulmón.

Quieto: —Sí, sí. Hay un espíritu del fogón, de pasar la gorra. Si bien eso nunca lo hicimos, pasar la gorra, recuerdo una vez que pusimos un estuche de redoblante adelante con un cartel y la gente ponía (plata) o compraba el disco. Los primeros 10 años del grupo fueron de underground total, tocamos en la Costa Atlántica, también en los balnearios. Épocas donde era imposible que exista…

—¿Vivir de la música?

Quieto: —Era imposible. Y también era imposible poder tocar en una discoteca, en un boliche, en un lugar. Porque no había, eran dos o tres. ¿Y estamos en abril? Te daban fecha para octubre.

—¿Tenían que tener otro trabajo paralelo para subsistir?

Quieto: —Sí, sí, por supuesto. Yo hacía encuestas, trabajaba en investigación de mercado, era muy bueno en eso. Me iba bastante bien. Voy a volver.

—¿Hoy les cuesta llenar los shows? ¿Es muy cara una entrada?

Quieto: —Mirá, por suerte el grupo tiene una trayectoria de muchos años. Giramos bastante, podemos trabajar y hacer las cosas en nuestras condiciones, y se puede hacer bien. Por ahí es más difícil para un grupo que está empezando. A veces tenemos esta charla: si tuviéramos que empezar en esta época, tratar de imponernos o a veces pagar segundos de radio, centímetros de publicidad, etcétera, sería dificilísimo. No sé cómo haríamos, realmente. Que es un poco como cuando empezamos, que fueron los años 90, cuando estaba muy difícil para trabajar, y es más o menos lo que estamos viviendo ahora. Entonces…

—¿Pero lo ven en la música o lo ven en todos los aspectos?

Quieto: —La época más difícil fue cuando ocurrió la desgracia de Cromañón. Ahí fue complicado, hubo muchos cierres de lugares. Ahora hay algunos lugares, qué sé yo. Por ahí hablando con la gente que tiene los boliches o los teatros te dicen que pagan mucho de luz, ¿viste?

—¿Y con los medios de comunicación cómo se llevan? Últimamente su nombre se replica varias veces por algunas cuestiones políticas.

Quieto: —Con los medios bien, bien. Tenemos un montón de amigos de tantos años de hacer notas. Cada vez que surge alguna noticia sobre el grupo nos repercute, nos llaman más para tocar, te digo la verdad. Como que mucha gente se acuerda de nosotros: "Che ¿están libres tal día?". Y te llaman para tocar. Y cada tanto… ¿Viste que hoy en día todo el mundo tiene sus 15 minutos de fama, por un día? Hoy le toca a una persona estar en los medios con una noticia, después le toca a otro; es como que todos los días hay una noticia nueva. Creo que la gente tiene una necesidad de consumir una noticia rápida, que todos los medios hablen de alguien hoy, de otro mañana.

—¿Es cierto que reclaman plata? 

Quieto: —Y… mirá, lo están viendo los abogados. Realmente es algo que nunca imaginé estar en esta situación, nunca me imaginé. Yo tengo más el recuerdo de cuando ensayábamos en una sala de Avellaneda y soñábamos con salir a trabajar y que la gente llene los lugares donde tocábamos, que este momento en el que hay que tener contador, abogado. Nunca pensé que íbamos a tener eso. Y sí, lógicamente que hay momentos en que hay que vérselas con cosas de adultos, que somos nosotros: en dónde tocás, determinada gente por ahí no pagó, o hay que hacer…

—Bueno, pero pueden aprovechar esta entrevista: si alguien les debe algo, ¿qué mejor que decirlo?

Quieto: —No, más bien. Yo debo en el almacén de casa, debo algunas cositas, alguna botella, pero ya las voy a pagar.

—¿Les gusta que se usen sus canciones para campañas políticas?

Quieto: —Llega un momento en que uno está curtido y ya nos reímos. Lo tomás como una anécdota más. Todo lo que tenga algo que sea gracioso para poder conversar en el ensayo, es bueno.

—Pero ya se sacaron esa mochila de peso, de que los critiquen.

Quieto: —No, uno tiene una coraza. Al principio uno es más susceptible a las noticias, porque el grupo es muy nuestro, lo queremos mucho. Y a veces uno confunde con ataques al grupo cuando en realidad si el grupo da pie a que la gente hable, es positivo.

Matías Sobrado: —Nos llega de orgullo que, por ejemplo, en los colegios para recordar el 24 de marzo utilizan esa canción ("Arde la ciudad") para explicar los derechos humanos. La verdad que nos centramos en esas cosas tan lindas que pasan y que exceden a la música. Y decís: "Bueno, está sirviendo para algo tan bueno como es eso, la educación, los chicos… Está bueno".

— ¿Está costando llegar a fin de mes?

Quieto: — A nosotros por suerte nos va bien, podemos trabajar. Pero no sabemos… Veo que la gente por ahí no la está pasando tan bien, pero no sabría decir.

—Hablando de relaciones y de familia, ¿cómo hacen para tener una relación estable con una mujer o, sin son padres, mantener el vínculo con sus hijos, entre tantos viajes y giras? ¿Cómo se hace para mantener eso fuerte, en casa, y a la vez irse?

Quieto: —Es como los marineros, que se van tres meses de su casa. Y a veces hay que tomarlo como tres meses que le das de respiro a tu mujer para que no te mate y para que te extrañe. Creo que es así. Nosotros, en vez de tres meses nos podemos llegar a ir una semana, a veces dos, o tres, cuatro días. Es un momento como para que una discusión se relativice y pensar que no fue tan grave. Que tu mujer diga "Bueno, no fue para tanto".

—Se habló en un momento que querían irse a vivir a México.

Quieto: —Tenemos grandes amigos en México que siempre nos dicen…

—Pero no: se quedan acá.

Quieto: —Sí, nos quedamos a luchar aquí, en este país. Pero tenemos un montón de amigos en México. Y un montón, un montón de amigos en otros países también: en Chile, en Paraguay, que vamos siempre, en Uruguay, que ahora no vamos tan seguido pero vamos una vez por año, mínimo. Y siempre te abren las puertas de sus casas; eso es hermoso. Porque esto que vos decías me lo hace pensar, ¿no? Cómo un montón de gente te siente de su familia y cuando vas al lugar estás con el compromiso de ir a comer a su casa y todo. Porque digamos que si no vas, tienen que esperar un año más para verte. Esto del recital ¿no?, de ir a la casa de un amigo…