“Si los que lucharon por otros no están en el cielo, yo en ese cielo no quiero estar” dice el cura que interpreta Jorge Marrale (70) en Te esperaré, la nueva película de Alberto Lecchi: “Lo que me gustó de ese cura es que pudiera hablar y decir eso, dudar. No pone la fe como única bandera para sostener su oficio. Está como esperando que todo eso que se dice de Dios sea cierto porque si no está sonado”.

El elenco del thriller que estrenó el pasado jueves está encabezado por Darío Grandinetti y lo completan Juan Echanove, Inés Estévez, Juan Grandinetti y Hugo Arana. "Mi participación es linda pero pequeña, hay una buena historia, hay una buena trama" dice sobre su personaje en esta charla con Teleshow.

—Tu personaje en un momento dice: "Soy el cura que tiene que tratar con los ricos para que pongan plata recordándoles que son católicos".

—Sí, es muy verdadero, históricamente verdadero.

—¿En qué creés?

—Esencialmente en la vida y en lo que la vida nos da. Vengo de estar en un viaje en Israel y pasé por los espacios de las tres religiones monoteístas. Fui al Santo Sepulcro, a la Iglesia de la Natividad, al Muro de los Lamentos. Todos están adorando a alguien, a su Dios. Y uno se preguntaría por qué cada uno tiene su Dios, sin embargo, la creencia hace que se dividan las deidades. No puedo ajustarme a ese principio. Creo que hay algo superior, pero que está en la construcción que nosotros hacemos, y está lo bueno, lo que uno podría asociar a lo maravilloso y el infierno en el otro sentido. También fui al Museo del Holocausto, ahí ves el infierno. Entonces, uno dice: "¿Los que estaban haciendo eso en qué creían? ¿Cuál es la fe para matar de esa manera?". Cuando vos me preguntás en qué creo, y creo que tenemos que cambiar mucho todavía para creer en nosotros, en nuestra mejor parte, para hacer transformaciones como humanos. No es un buen momento en el que vivimos, hay mucha locura. Cuando uno ve lo que está haciendo [Donald] Trump y lo que está haciendo el coreano, poner todo en un estado tan desastroso, tan doloroso, decís: "¿Fe en qué? ¿En la razón?".

—Vos estudiaste en un colegio de curas, ¿tenés un buen recuerdo?

—Sí, porque eran curas muy pobres, los padres barnabitas, que habían venido de Italia y estaban con una mano atrás y otra adelante. Los vi laburar, la primera iglesia era un aula.

Jorge Marrale junto a Darío Grandinetti en “Te esperaré”
Jorge Marrale junto a Darío Grandinetti en “Te esperaré”

—¿En qué momento te gustaste como actor?

—Ahora me gusto como actor.

—¿Recién ahora?

—No, pero digamos que ahora estoy con un nivel de aceptación mía más interesante que en otro momento. Me conozco un poco más, entonces ya veo dónde están las cosas que no me gustan y las puedo modificar.

—¿Es verdad que, para empezar tu carrera, fuiste a la Asociación Argentina de Actores a decir que querías ser dedicarte a la actuación?

—¿Sabés adónde llamé yo? A la Casa del Teatro. Estaba muy desesperado a esa altura de mi vida, no le encontraba la vuelta.

—¿Pero sabías que querías ser actor?

—No sabía tanto, me gustaba mucho la música, la composición musical, la dirección de orquesta, la interpretación. Me gustaba todo eso. Y cuando pude llegar a Buenos Aires, dije: "teatro". Todavía uno entraba por la guía y encontré la Casa del Teatro. Pensé: "Acá tienen que saber dónde puedo estudiar", y llamé, ahí un señor, que le agradeceré toda la vida porque podría haber dicho: "No, no sé nada", me mandó al Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénica, en la calle Las Heras. Fui, pero ya no estaba ahí, y me dijeron que ya no era de Música y Arte Escénica sino de Arte Dramático, y estaba en las calles French y Aráoz. Fui y ahí me cambió la vida.

—¿Te pudiste inscribir de una?

—Me inscribí, pero tuve que dar examen y no fue tan sencillo.

Jorge Marrale a solas con Teleshow
Jorge Marrale a solas con Teleshow

—¿Qué le debés a esta profesión?

—Todo. Un lugar en el mundo personal, yo estaba como desalojado hasta que encontré la vocación. Tener la posibilidad de vivir de la vocación de uno es un privilegio, y que más o menos uno pueda ser reconocido y convocado otra vez, hacer esta película, me siento muy afortunado. Le he entregado mucho también a la vocación, soy muy apasionado.

—¿Y la parte mala de ser actor cuál es?

—Que a veces precisamente por esa misma pasión podés llegar a tener períodos en donde el entorno familiar queda corrido un poco, pero he tenido la suerte de estar siempre muy bien acompañado.

—¿Se sigue disfrutando como al principio?

—No sé si igual, es distinta la manera. Ya he recorrido un trayecto y me he probado en algunas cosas, que no solamente tienen que ver con lo artístico sino como persona, cuáles son tus resistencias, en dónde funcionás bien.

—¿El "no" sale fácil cuando hay que decirlo?

—No sé si sale tan fácil, pero hay que tener cuidado con muchos "sí".

—¿Qué político de la actualidad te parece un lindo personaje para interpretar?

—Me ponés en un aprieto, porque no tengo ninguna preferencia. Hace un tiempo me habían hablado de una posibilidad de interpretar a (René) Favaloro, eso sí que me hubiese gustado, porque ahí hay una historia, ahí hay una pasión, ahí hay una entrega que no pasa con los políticos.

—¿Los políticos no tienen esa pasión y esa entrega?

—En algún lugar en la élite, en el lidiar, me parece que se pierden algunas cosas. La carrera política es una carrera compleja.

—¿Cómo te imaginás hoy, en esta Argentina, con 20 años?

—Compleja, muy compleja, no la veo muy sencilla. Más compleja de lo que fue para mí.

—¿Sí?

—Sí. A pesar del panorama y de que hay de tantos elementos, la tecnología, el mundo al que están accediendo es un mundo en algunas cosas que son para tener un poco en cuenta. Creo que hay un aspecto de la amorosidad que está un poco dañado.

—¿En la Argentina o en el mundo?

—En el mundo, hay una construcción del individualismo muy feroz. Y una no atención al otro también bastante feroz. Es el resultado también de contiendas, sobre todo económicas, que nos pone en lugares cada vez un poquitito más peligrosos.

—¿Qué Argentina estás viendo hoy?

—Una Argentina que tiene que encontrarse. Hoy es una Argentina que está como a veces encorsetada, con conflictos que están muy vinculados a no poder escuchar al otro de una manera no prejuiciosa. Poder estar con el otro y entenderlo sin prejuzgarlo nos está costando todavía bastante. Siempre confío en el aspecto humano de la Argentina, si hay algo rico en nosotros es la capacidad que tenemos de transformarnos. Si aprendemos a ser un poco más generosos y no tan individualistas, nos puede ir un poco mejor. Hay que poder mirar al otro y no ver en el otro nada más que un posible enemigo, sino alguien que puede pensar diferente pero que tiene buenas intenciones.

—¿Qué mirada tenés sobre el reclamo por la falta de ficción en Argentina?

—Estamos en un momento complejo en ese sentido. Hay mucha lata, está faltando producción. Están faltando pantallas en donde se pueda ver nuestro producto. Pero también tenemos que abrir la posibilidad a las pymes productoras. Tenemos que tener una verdadera ley de fomento de lo audiovisual. No podemos seguir discutiendo el apoyo estatal o no. Sin Estado no puede haber posibilidad de cine. Tenemos que seguir apoyando al cine. Con las modificaciones que sean necesarias, pero no dejar de defender la capacidad que tiene todo el aparato que hace audiovisuales en Argentina, porque ha dado buenísimos resultados y tiene que continuar. Hay que alentar eso, y en la televisión también.

—¿Te gusta la tele que tenemos?

—Veo poca. No soporto mucho tiempo la televisión, no la soporto demasiado. Por otro lado, el streaming y ver las cosas de otra manera también está moviendo mucho eso, está en crisis. Hay que mirarlo un poco en términos de a ver qué es lo que se puede hacer para que la gente siga mirando la televisión, pero con otros atractivos.

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