La pasión de Nazareno Casero por un deporte tan riesgoso como atípico: la apnea

También conocido como buceo libre, consiste en sumergirse a gran profundidad controlando la respiración, sin usar tubo de oxígeno. “Entrás a un mundo donde todo pincha, todo corta, todo te ahoga”, le contó el actor a Teleshow

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La práctica tiene un contrasentido. "En este deporte, para llegar a la cima tenés que ir a lo profundo", cuenta Nazareno Casero, haciendo una reflexión que bien podría disparar otras, introspectivas, filosóficas y hasta románticas. Y no es casual. Bajo el agua, en el silencio y la lentitud, los pensamientos se agolpan, se amontonan, se multiplican, aún cuando el corazón deba reducir su marcha. El cuerpo así lo requiere.

Pero como ocurre en toda búsqueda de la profundidad -en este caso acuática- se asoma el peligro: "Mientras más abajo vas, más riesgoso es. Y por eso tenés que permanecer ahí menos tiempo, ¡justo cuando más querés estar!", agrega el actor sobre su gran pasión: el buceo libre, o apnea.

Pero, ¿en qué consiste? La idea es sumergirse todo lo que sea posible, sin más ayuda que unas patas de rana y unas antiparras. Aquí no hay tubo de oxígeno alguno: se trata de suspender la respiración. Tomar tanto aire como coraje… y ya. "Es la manera más accesible de bucear porque lo hacés con tu propia autonomía. El asunto es que al no tener lastre, al no tener peso, gastás mucha energía bajando porque sos como una boya, hay una tendencia a flotar, y vas en contra de eso", relata Nazareno, entusiasmado.

En unas "bajadas" que hizo en Panamá durante sus últimas vacaciones, llegó a los diez metros. ¿Parece poco? Cualquiera que haya estado en lo más hondo de la pileta del club, a unos dos metros y medio, como mucho, recordará que es casi una tortura… Entonces, ¡lo que serán diez metros! Para Casero, un disfrute. Porque desde allá abajo, desde bien abajo, suele girar la cabeza en dirección a la superficie: "Mirar hacia arriba y ver el abismo es una sensación increíble". Porque el abismo está en la dirección contraria. En un precipicio es hacia abajo. Aquí, hacia arriba; mucho más que un cambio de perspectiva.

De todos modos el objetivo de Casero no pasa por introducirse más allá de una docena de metros de la superficie, sino permanecer durante un lapso prolongado. "No es la profundidad a alcanzar, sino el tiempo que podés permanecer abajo del agua. Estar diez, doce, quince metros abajo, pasando minutos, me resulta muy tentador -confiesa Naza-. En Panamá estuve un minuto y algo, muy poquito. Si estoy quieto aguanto más. Tenés que concentrarte bien y bajar las pulsaciones. La próxima vez voy a ir más preparado para disfrutarlo realmente".

Pero lo dicho: está el peligro. "Sí, es un deporte complejo. Además entrás a un mundo donde jugás totalmente de visitante: todo pincha, todo corta, todo te ahoga", dice Nazareno, a quien el buceo no le resulta ajeno: empezó de niño junto a su papá, Alfredo Casero, y los amigos del humorista.

"No quiero ir al límite real del ser humano. Quiero boludear abajo del agua y divertirme. Mi padre siempre me habló de los riesgos. Igual, lo veo menos peligroso que ponerme a hacer motocross…", aclara, mientras anhela practicarlo con Alfredo. "Por suerte en este deporte no existe una edad: no es que perdiste el tren de los 15 años y ya no podés ser futbolista. Y con mi padre siempre hablamos de que nos debemos ahora hacer alguna de esa, ahora que estamos grandes los dos…".

Y entonces, desde allá abajo, los dos mirarán hacia arriba para contemplar. Padre e hijo llegarán a lo profundo para alcanzar la cima, en una definición antes existencial que deportiva.

Al fin, quizás de eso se trate la apnea.