Con el marco de un extravagante eclipse de luna que parece haberse apoderado de la ciudad y que a la vez da la impresión de estar influyendo en las personalidades de todos los protagonistas, somos testigos de una cena entre varias parejas amigas.

Alfonso (Eduard Fernández) y Eva (Belén Rueda) son los anfitriones de la velada. Los invitados son dos parejas más (una con varios años de convivencia y otra de recién casados) y un amigo soltero que jura que su novia está enferma y por eso no ha podido acudir.

Todo transcurre con relativa normalidad hasta que, de pronto, surge una inocente idea. ¿Qué pasaría si los comensales dejaran sus celulares encima de la mesa, al alcance de todos? Llamadas, mensajes, chats, notificaciones de redes sociales, su vida entera compartida al instante sin tapujos y sin red. El juego se pone en marcha y las consecuencias pueden ser catastróficas.

Esta brutal comedia sobre las relaciones, los secretos y la dependencia a las nuevas tecnologías, no podría haber tenido mejor realizador detrás de cámaras que Alex de la Iglesia. Su puesta en escena, hace que esta "obra teatral" resulte dinámica, frenética y muy intensa.

Un verdadero dream-team de actores españoles se sacan chispas alrededor de una mesa que regada con buen vino y exquisiteces termina transformándose en la arena de un circo romano. Todos los intérpretes brillan (en especial Ernesto Alterio), y cada uno de ellos tiene su instante de lucimiento, pero en la interacción se dan los momentos más logrados, escenas de patetismo y surrealismo conyugal que resultan hilarantes.

Los diálogos mordaces, las miradas cómplices, la tensión que crece a medida que avanza el metraje, un conjunto de virtudes que hacen del film un verdadero entretenimiento para adultos en el que muchos encontrarán situaciones y personajes con los que identificarse.

La película italiana original en la que se basa esta remake era igual de buena e inteligente, pero sin dudas carecía del humor negro y salvaje que de la Iglesia suele volcar en sus creaciones. Con menos sutilezas que la cinta de Paolo Genovese pero mucho más delirio y acidez, esta versión resulta un interesante paso adelante en la filmografía del director vasco. Una tragicomedia que es necesario ver… con el teléfono móvil apagado.

Mi calificación: 9 puntos