El sentido mensaje de Franco Torchia por la muerte de su padre: “Necesitás descansar mucho”

El periodista lo despidió con palabras cargadas de y emoción y el recuerdo de quienes lo conocieron. El recorrido de un hombre nacido en Italia, marcado por la guerra y con una fuerte presencia en su comunidad

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A SOLAS CON FRANCO TORCHIA
Franco Torchia, el 22 de julio de 1977, celebrando su primer año en compañía de sus padres, María Cristina Matelicani y Franco Torchia, y su hermana Gabriela

La noticia del fallecimiento de Franco Torchia, padre del periodista del mismo nombre, conmovió a familiares, amigos y a toda una comunidad que lo reconoció como figura central en la vida social de Ensenada y La Plata. La despedida pública de su hijo, mediante un mensaje en redes sociales, permitió reconstruir no solo el impacto personal de su partida, sino también el legado que deja tras décadas de compromiso comunitario.

El miércoles 1° de julio a las 15.30 se produjo la muerte, tal como relató su hijo, además de dejar en claro que había atravesado casi tres años de Alzheimer y demencia inespecífica. El mensaje, difundido a través de redes sociales, detalló datos biográficos y recuerdos entrañables, y sumó palabras de afecto de allegados como Milagros, quien compartió una despedida valorada por la familia como “la mejor posible”.

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La pérdida de Franco Torchia representó mucho más que una noticia familiar. En el mensaje de su hijo, el duelo se expresa sin omitir detalles de la enfermedad ni del vínculo estrecho que los unía: “El miércoles a las 15.30 hs, tras casi tres años de Alzheimer y demencia inespecífica, murió mi padre, Franco Torchia, nacido en Montalto Uffugo, provincia de Cosenza, Italia, en 1938”. El texto remarca el agradecimiento a quienes acompañaron el proceso, especialmente a Milagros, estudiante universitaria que, durante años, compartió el edificio en La Plata donde residía Franco padre.

Dos hombres sentados en sillas sobre la arena de una playa. Al fondo se ven el mar con olas, un muelle y edificaciones costeras
Franco Torchia y su padre, sentados en sillas sobre la arena, comparten un momento en una playa con el mar de fondo. La foto que eligió para comunicar su muerte

La publicación incluye recuerdos cotidianos y anécdotas capaces de condensar una vida: la compañía del perro Gutiérrez, los paseos, las charlas caminando por la vereda, el gusto compartido por la comida y el “arraigo asqueroso” a los hogares. “En verano si hacía mucho calor decía que me llevaba al trabajo y nos íbamos a comer sandwichitos de miga. Olvidarse la clave de Facebook era la excusa para tomar café con turrón”. Estos gestos, relatados por Milagros, ilustran la cercanía y la humanidad de quien supo ser familia para muchos más allá del lazo de sangre.

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La memoria familiar también resalta el sufrimiento que marcó la vida de Franco Torchia padre: “Lo que te hizo la guerra y lo que te hizo el hambre, vos no me lo hiciste. Necesitás descansar mucho”. Así, la despedida pública integra el contexto de su infancia, atravesada por el conflicto y la penuria, pero distingue el tipo de legado que eligió transmitir a sus hijos y a quienes lo rodeaban.

La llegada a tierras argentinas marcó el inicio de un recorrido donde el esfuerzo y la integración fueron constantes. La reconstrucción de su historia subraya la huella que dejaron los primeros años en el país: trabajo desde la adolescencia, adaptación a nuevas costumbres y la formación de lazos profundos en las ciudades de Ensenada y La Plata.

La trayectoria de Torchia está marcada por el cruce de la experiencia migratoria y la construcción de una identidad en la Argentina, en diálogo permanente con sus raíces italianas. Parte de su vida y memoria quedó asociada a la transmisión de relatos sobre el amor, el hambre y la guerra, temas que aparecían en las charlas y en las costumbres familiares, como las reuniones en sociedades italianas o los eventos de la colectividad.

Tarjeta de homenaje con marco, cinta negra, nombre Franco Torchia, fechas 3 de noviembre de 1938 y 1 de julio de 2026, y logo del Círculo de Atletas Veteranos Platense
La despedida a Franco Torchia de parte del Círculo de Atletas Veteranos Platense

Durante su vida adulta, Torchia desarrolló distintas actividades laborales, principalmente en el Puerto Local, donde se desempeñó en el área de remolcadores. Este trabajo le permitió insertarse en el tejido productivo y social de la región, y potenciar su compromiso con el mundo asociativo.

La Sociedad Obrera Italiana de Ensenada fue uno de los ámbitos donde más se destacó. Allí ocupó cargos de relevancia, llegando a presidir la entidad durante varios años. Uno de los hitos de su gestión se produjo en 2008, cuando encabezó una campaña pública para evitar el remate judicial del edificio ubicado en la calle La Merced 211. El éxito de esa iniciativa fue decisivo: el inmueble fue declarado Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires, lo que aseguró su resguardo para la comunidad.

Su labor en la Sociedad Obrera Italiana no se limitó a la administración. Impulsó concursos literarios que se convirtieron en tradición cultural local y gestionó proyectos en articulación con autoridades municipales y provinciales, siempre con el objetivo de fortalecer la identidad y los lazos sociales de la colectividad italiana. Fue reconocido por pares de otras instituciones, con quienes colaboró en iniciativas para la promoción de la cultura y las costumbres italianas.

La actividad deportiva también ocupó un lugar central en la vida de Torchia. Durante largos años, fue parte activa del Centro de Atletas Veteranos Platenses, donde contribuyó al desarrollo de la vida institucional y deportiva. La foto publicada por el propio Círculo para despedirlo, con el mensaje “dejando su compromiso, dedicación y calidad humana al servicio de nuestra institución”, evidencia el aprecio y reconocimiento de la comunidad atlética.

A SOLAS CON FRANCO TORCHIA
María Cristina Matelicani y Franco Torchia , los padres del reconocido periodista

El deporte, según relatan familiares y allegados, fue parte del modo en que Franco tejió vínculos y transmitió valores. “Cargamos y descargamos el cronómetro mil domingos y me invitó a correr hasta el cansancio. Siempre le dije que no podía correr ni el colectivo. Insistió, me regaló trofeos: plantó semilla. Nunca le pude contar que corría, pero a todos les conté de él”. Estas palabras, compartidas en la despedida, resumen el modo en que la vida cotidiana, los pequeños gestos y los encuentros deportivos se transformaron en espacios de transmisión afectiva y social.

Franco Torchia se casó con María Cristina Matelicani, con quien tuvo dos hijos, Gabriela y Franco, y cuatro nietos: Guido, Valentín, Bruno y Teresa. La familia y la integración comunitaria fueron pilares de su identidad, tanto en la vida privada como en su proyección pública.

Su recorrido vital, desde la infancia marcada por la guerra en Italia hasta su consagración como referente social en Ensenada y La Plata, queda plasmado en la memoria afectiva de sus hijos y nietos, y en el reconocimiento de instituciones y pares. La despedida pública, atravesada por el dolor y la gratitud, recupera el valor de los vínculos, el esfuerzo colectivo y la transmisión de una herencia que combina identidad, trabajo y pertenencia.

Montalto Uffugo, el pueblo natal de Torchia, es evocado en la despedida como símbolo del regreso y del reencuentro con las raíces. “Montalto te espera. Buen viaje amigo”. La frase elegida para cerrar la carta de Milagros, replicada por su hijo, resume el anhelo de descanso y el reconocimiento de una vida marcada por el arraigo, la solidaridad y el afecto.

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