La calle Corrientes tenía algo distinto esa noche. Quizás era la expectativa. Quizás las luces. O tal vez ese inconfundible aroma a chocolate que comenzaba a escaparse desde las puertas del Teatro Gran Rex mucho antes de que el telón se levantara. Lo cierto es que la función de prensa y para invitados especiales de Charlie y la Fábrica de Chocolate transformó por unas horas al histórico teatro en una suerte de portal hacia el universo imaginado por Roald Dahl.
Sobre la vereda, una enorme plataforma de luces LED proyectaba imágenes en movimiento y servía como improvisada alfombra roja para las decenas de figuras que desfilaron durante la tarde. Los drones sobrevolaban la escena y se mezclaban con las bocinas de los autos y el andar de los curiosos. Actores, cantantes, productores, conductores, influencers y personalidades de distintas generaciones fueron llegando poco a poco, mientras los flashes comenzaban a multiplicarse y el público buscaba reconocer a sus favoritos detrás de los vallados.
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Adentro todavía faltaba para el comienzo de la función. Afuera, en cambio, ya había espectáculo.
La primera sensación que dominó la previa fue la de reencuentro. Abrazos largos. Saludos que parecían demorarse algunos segundos más de lo habitual. Colegas que hacía meses no coincidían por compromisos laborales, giras o agendas imposibles. En un ambiente artístico cada vez más fragmentado por los distintos proyectos y plataformas, la noche tuvo algo de reunión familiar.
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Pasadas las 19 comenzaron a aparecer los primeros invitados. Uno de los más requeridos fue, sin dudas, Pachu Peña. El humorista avanzó lentamente entre pedidos de selfies, fotos grupales y saludos improvisados. Nadie se quedó sin su momento. Con paciencia infinita y una sonrisa que parecía no borrarse nunca, atendió a cada persona que se le acercó.
Cuando le tocó enfrentar los micrófonos explicó que uno de los motivos que lo habían llevado hasta el Gran Rex era acompañar a un amigo muy especial: Sebastián Almada, integrante del elenco. “Además es el cumpleaños de Seba”, dijo, celebrando la coincidencia.
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Consultado sobre la posibilidad de sumarse alguna vez a una gran comedia musical, apeló inmediatamente al humor que lo caracteriza: “Soy muy malo cantando”.
Detrás suyo llegó Sebastián Presta. Relajado, amable y dispuesto a conversar, el actor y productor reconoció que venía con grandes expectativas por el espectáculo que estaba a punto de ver. Mientras atraviesa la gira de Mi amiga y yo, también se tomó unos minutos para hablar del presente teatral: “Estamos bien, pero no estamos a full. El año pasado me fue mucho mejor. Este año está más tranquilo, haciendo gira por el conurbano. Está lleno de obras muy buenas y la verdad es que la gente apoya muchísimo al teatro”, analizó.
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La conversación derivó rápidamente hacia la televisión y la ficción argentina: “Veo mucho a la tele, me encanta, pero no la extraño. Ya trabajé mucho detrás de cámara. Lo que sí extraño es la ficción y que haya más producción. Netflix está haciendo algo y creo que en algún momento va a arrancar de nuevo”.

También habló de una de sus experiencias más recientes: la ficción vertical protagonizada por Wanda Nara y Maxi López. “Fue hermoso. Con Wanda y Maxi, la mejor. Y es hermoso cómo se llevan ellos también”, reveló. Y se mostró sorprendido por las repercusiones: “Lo hicimos en cuatro días, muy rápido, y quedó fantástico. Ya van treinta capítulos y más de sesenta millones de visualizaciones”.
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Benja Rojas fue otro de los invitados que llegó con mucha expectativa, porque “con Rada a la cabeza que es una fija en este tipo de espectáculos, me encanta”. En lo que respecta al presente de la ficción, aclaró que “son momentos, ojalá que haya más ficción, que es lo que todos extrañamos. Extraño a la televisón como actor y como televidente; creo que si volvieran las novelas las veríamos todos, pero buen, ahí ya hay temas económicos, me encantaría que vuelva”.

La noche tuvo también sus momentos inesperados. Uno de ellos llegó con Vicky Xipolitakis. Fiel a su estilo, apareció luciendo una camiseta de la Selección Argentina y se convirtió instantáneamente en uno de los focos de atención de la alfombra: “Tengo la camiseta más hermosa puesta”, aseguró con entusiasmo.
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La actriz Paula Kohan, por su parte, irradiaba felicidad. Actualmente forma parte de Cuestión de género, junto a Moria Casán, Jorge Marrale y Ariel Pérez De María, mientras disfruta además de la repercusión que le dejó su participación en la última temporada de El Encargado: “Estoy muy feliz. Me tocó un papel muy lindo, actuando con Guillermo. Fue una gran oportunidad y un gran desafío”.

Respecto a su presente teatral, destacó el recorrido de la obra: “Ya llevamos un año en funciones. Estamos muy felices porque la obra está funcionando muy bien y vamos a seguir hasta noviembre”.
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Entre los invitados también hubo una importante presencia de músicos. Y en cada conversación, inevitablemente, apareció un tema que atravesaba al ambiente artístico: la reciente muerte del Indio Solari.

Cae, recién llegado de España después de una serie de siete presentaciones, fue uno de los primeros en referirse al histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: “No fue alguien con quien tuviera cercanía, pero sí fue un maestro en cuanto a la autogestión. Lo que construyeron abrió un camino que después recorrimos muchos. Y, por supuesto, está el legado de su música”.
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Nahuel Pennisi también compartió su emoción: “El Indio generaba un revuelo especial, en el mejor de los sentidos. Tenía unas letras increíbles, llenas de metáforas. Se merece el respeto de todos”.

Y agregó: “Los Redondos me acompañaron muchísimo. Lo primero que siento es tristeza. La tristeza de perder a un grande”.
Uno de los momentos más cálidos de la previa llegó con Abel Pintos. El cantante apareció acompañado por su esposa Mora Calabrese y su hijo Agustín, en una postal familiar: “Vine a apoyar a todo el elenco y especialmente a Agustín, que es amigo”, explicó.

Al recordar al Indio Solari, eligió una reflexión cargada de afecto: “Es una historia que atravesó generaciones enteras. Pero sobre todas las cosas dejó mucha música que nos hace bien y que lo va a mantener eterno”.
La referencia inevitable fue aquel momento vivido meses atrás durante el Cosquín Rock, cuando sorprendió al público con una versión de Jijiji junto a Ale Kurz, excantante de El Bordo. Más tarde, el propio Indio compartió el video en sus redes sociales.

“Tuve la suerte de que él nos diera su respeto a nuestra versión. Eso fue muchísimo para mí. Lo vivimos con mucha emoción porque lo hicimos desde el respeto y él lo recibió de esa manera”, explicó emocionado.
Mientras las entrevistas continuaban, seguían llegando figuras. Entre ellas, una de las más esperadas de la noche: Lali Espósito. Todavía atravesada por la euforia de sus históricos conciertos en River Plate, fue recibida por una nube de flashes y celulares que intentaban registrar cada movimiento.


A pocos metros también podían verse a Cris Morena y varios talentos surgidos de su trouppe, como Cande Vetrano, Gastón Dalmau y Felipe Colombo, entre las decenas de artistas de diversos rubros y generaciones, como Juan Carlos Baglietto, Karina La Princesita, Gustavo Garzón y Flor Torrente que se acercaron para acompañar a Agustín “Rada” Aristarán, Mery del Cerro, Sebastián Almada y al resto del elenco.
La sensación general era que no se trataba simplemente de un estreno más. Había una expectativa especial alrededor de una producción que promete convertirse en uno de los grandes acontecimientos familiares de la temporada. Con una puesta monumental, escenografías de gran escala, música en vivo, coreografías y un elenco numeroso, la apuesta busca repetir en Argentina el fenómeno internacional que ya conquistó escenarios de todo el mundo.
De a poco la vereda comenzó a vaciarse. Los últimos invitados atravesaron las puertas del teatro. Los fotógrafos guardaron sus cámaras. Los productores dejaron de mirar sus relojes.
Y entonces volvió a aparecer ese aroma. Chocolate. Chocolate en el aire, en los pasillos. Chocolate mezclado con la ansiedad de miles de personas esperando que comenzara la función.
Las luces se atenuaron lentamente. El murmullo se transformó en silencio. El enorme telón del Gran Rex empezó a elevarse mientras la sala contenía la respiración. Del otro lado esperaba la fábrica de Willy Wonka. Pero esa, definitivamente, ya es otra historia.
Fotos: Gentileza Prensa
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