A los 48 años, Josefina Pouso eligió contar públicamente un episodio profundamente doloroso de su vida: la pérdida de un embarazo temprano. La panelista no dudó en abrir su corazón en el ciclo Desayuno Americano (América) y relatar uno de los momentos más duros que atravesó. Sus palabras permitieron poner en primer plano una experiencia compartida por miles de mujeres, pero habitualmente silenciada.
La revelación surgió a raíz de la visita al estudio de Giselle Krüger, autora del libro Desmadre, que aborda el dolor de quienes pierden embarazos. La presencia de la escritora y su testimonio motivaron a Pouso a compartir por primera vez, en público y entre lágrimas, cómo fue transitar la pérdida de un embarazo que había iniciado con ilusión. “Yo perdí uno… era nada, chiquito, fueron cinco semanas las que estuvo, lo expulsé a las nueve semanas, y pasaba eso, era como ‘ya está’. Lo sabían pocas personas, las que tenían que saberlo”, comenzó contando con la voz entrecortada.
El proceso, tal como lo describió, estuvo marcado por la soledad y el desconcierto. Pouso, que es madre de dos nenas, explicó que muy pocas personas sabían de su embarazo, por lo que la noticia de la pérdida quedó restringida a su círculo más íntimo. La angustia se profundizó con la incertidumbre médica: “Cuando yo me fui a hacer la ecografía, que no había latido, volver a tu casa y que te digan, vamos a esperar, -porque también te dicen que no hay latido todavía porque es muy chiquito-, vamos a esperar unos días, una semana más. Vos estás con un embarazo que no sabes si prospera, que no vas a saber qué va a pasar y no hubo nunca latido”.

La vivencia de una pérdida gestacional, incluso en etapas tempranas, implica un dolor que muchas mujeres describen como uno de los más intensos que pueden atravesar. En palabras de Pouso, el aborto espontáneo, aunque el embrión fuera pequeño, representaba para ella la pérdida de un hijo. Esta experiencia suele quedar invisibilizada, ya que socialmente existe una tendencia a minimizar el duelo cuando el embarazo no ha avanzó demasiado. Sin embargo, para quienes lo atraviesan, el dolor es real y persistente, muchas veces invisibilizado por el entorno.
La exposición pública del relato de Josefina en el ciclo conducido por Pamela David permitió dejar a la vista una problemática frecuente: la dificultad para expresar abiertamente el duelo por la pérdida de un embarazo. Muchas mujeres optan por guardar silencio, ya sea porque el embarazo aún no había sido anunciado o por temor a la incomprensión de su entorno. La panelista narró el impacto de tener que procesar sola ese duelo, sin permitirse exteriorizarlo del todo: “Y yo en esa situación seguía sin entender qué estaba pasando y sin permitirme duelar eso, ese aborto que sí, era muy chiquito, pero para mí era mi hijo”.
La falta de espacios para el acompañamiento emocional y la comprensión genuina hace que muchas mujeres carguen con un dolor que permanece en la intimidad. Los testimonios como el de Pouso contribuyen a romper este silencio y a legitimar el derecho a transitar el duelo, sin importar en qué semana de gestación ocurrió la pérdida.
Otro aspecto que quedó de manifiesto en su relato fue la diferencia de percepción y reacción que puede existir entre quienes atraviesan la pérdida de un embarazo y su entorno cercano. Describió con detalle el momento en que, durante una cena familiar, sintió que comenzaba el proceso de expulsión: “Yo estaba comiendo, estábamos cenando en mi casa y yo sentí que se venía, me fui al baño, lo expulsé, lo despedí sola, y volví a la mesa, se lo dije a mi pareja, y me dijo ‘uh qué cagada’, y siguió comiendo como si no hubiese pasado nada”.

Este fragmento ilustra la distancia emocional que puede existir entre la vivencia materna y la forma en que otras personas, incluso la pareja, interpretan el hecho. Para muchas mujeres, la pérdida implica un duelo profundo que no siempre es compartido ni comprendido en igual medida por el entorno. La frase de Pouso evidencia cómo, a veces, la reacción de los demás puede generar aún más aislamiento y dificultad para procesar el dolor.
El relato también expone las particularidades del acompañamiento médico durante y después de la pérdida gestacional. Por caso, describió el momento en que, tras la última ecografía y la confirmación de que no había latido, recibió la indicación de “esperar unos días más” antes de confirmar el aborto. El proceso estuvo signado por la incertidumbre y la espera, sin certezas sobre el desenlace.
En la experiencia de Pouso, la atención médica incluyó controles ecográficos y la evaluación de la necesidad de realizar un legrado, procedimiento quirúrgico que a veces se indica cuando hay restos en el útero tras un aborto espontáneo. La conductora describió el malestar que le generó ser observada y evaluada por profesionales médicos en una situación tan vulnerable: “Y después tenés que ir a la clínica, a que te hagan ecografías, a que te miren raro...”.
Estas instancias ponen de relieve la importancia de una atención médica que contemple no solo los aspectos físicos sino también el acompañamiento emocional. La incertidumbre sobre los pasos a seguir y la exposición a procedimientos médicos pueden acrecentar el dolor, especialmente si no hay una contención adecuada.
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