
Las luces del Teatro Liceo se apagan y, por un instante, el murmullo expectante del público se vuelve un latido colectivo. En ese silencio previo a la música, a los cambios vertiginosos de escenografía y al vértigo de las transformaciones imposibles, Dani La Chepi respira hondo detrás del telón. No es solo otra función de Papá por siempre. Es, cada noche, una conquista personal. Una batalla íntima contra esa voz que la acompañó toda la vida susurrándole: “No sé si es lo mío”.
La comedia musical —basada en la novela de Anne Fine publicada en 1987 y popularizada mundialmente por Robin Williams en la película de 1993 dirigida por Chris Columbus— encuentra en esta versión argentina un despliegue artístico de alto voltaje. Bajo la dirección general de Ariel del Mastro, con la adaptación de Macarena del Mastro y Marcelo Kotliar, y la dirección actoral de Marcelo Caballero, el mismo equipo que marcó el pulso de éxitos como Escuela de rock vuelve a demostrar que el musical puede ser espectáculo y emoción a la vez. Proyecciones, efectos lumínicos, una orquesta en vivo que respira al compás de cada escena y cambios de escenografía que suceden casi a la vista del público convierten la obra en un engranaje perfecto. Pero, en el centro de esa maquinaria, hay algo más frágil y más humano: la verdad de quienes la habitan.
Campi brilla en el rol de Daniel Hillard y en su inolvidable transformación en Mrs. Doubtfire. Su composición es minuciosa, entrañable, técnicamente impecable. En cuestión de segundos pasa del padre desesperado y torpe a la niñera británica de acento impostado y ternura infinita. Es un desafío físico y actoral monumental. Y sin embargo, el corazón emocional de la historia late con fuerza en el personaje de Miranda, la madre que decide poner un límite y separarse. Allí está Dani.

En una chrla exclusiva con Teleshow, cuando de le pregunta cuánto tiene de su personaje, responde sin titubeos: “Todo”. Y en esa palabra cabe una biografía entera. .“Porque cada escena, cada cosa que le pasa a Miranda la vivo... O sea, voy analizándome también. Es algo muy extraño. Todo, hasta las discusiones del principio, de vivir con un hijo más, tener que maternar a un tipo, que es la historia de muchas”.
La obra, así, resuena en el público por la sinceridad de sus conflictos y la humanidad de sus personajes: “Con un tipo bueno que pierde trabajos todo el tiempo, que hace lo que quiere, que es muy egocéntrico. Que piensa en su carrera más que en su vida. La mina la está remando sola, está pidiendo ayuda y el chabón no la escucha”.
Miranda es la mujer que sostiene, que trabaja. La que siente que materna no solo a sus hijos sino también a su pareja. La que, agotada, pronuncia la frase que cambia todo: “Me quiero separar”. En la superficie, podría parecer la antagonista de la historia. Pero a medida que la trama avanza, la obra revela otra capa: la de una mujer que viene remando sola desde hace tiempo.

“Al principio parece la mala”, explica Dani. “Pero después te das cuenta de que la viene peleando hace rato. Que pidió ayuda. Que se cansó. Y eso le pasa a muchas”
Cada noche, cuando interpreta esas discusiones iniciales, algo se le mueve por dentro. Porque no actúa desde la teoría. Actúa desde la experiencia. Son nueve cambios de vestuiario los que atraviesa en la obra, una maquinaria aceitada en la que no hay un segundo que quede librado al azar.
Además de la obra son parte nombres como el de Albana Fuentes, quien luego del suceso que fue La Sirenita encarna a Lydia, la hija mayor, en tanto que Pablo Albella, figura de las redes sociales, debuta en el género como André.

El camino hasta ese escenario no fue lineal ni seguro. Cuando su representante le acercó la propuesta, su reacción fue casi automática: negarse. “Comedia musical lo mío no”, pensó. Después supo que el protagonista sería Campi: “Hipertalentoso, capocómico, una carrera intachable. Yo había visto la serie de Fito -donde el actro hace de padre del músico- y flashé, Yo decía: ‘No tengo chance’”.
Sin embargo, fue a la audición. Y después a otra. Y otra más. “En un momento dije: ‘Ya está, es todo lo que puedo dar’”. Hasta que llegó el llamado definitivo. Ariel del Mastro en persona convocándola a seguir. Y entonces, el vértigo se volvió real.
A partir de allí comenzó una transformación radical. Clases de canto con Seba Mazzoni. Ejercicios vocales con sorbete bajo la supervisión paciente y firme de Mery Hernández, su compañera de camarín y ahora también su profesora. Correcciones milimétricas. Disciplina alimentaria. Técnica corporal. La aparición de Macarena del Mastro con anotaciones precisas, el pianista marcando tonos, el equipo completo sosteniendo un estándar altísimo.

“Yo nunca había hecho comedia musical. Llamé a Seba y le dije: ‘No sé si voy a poder’. Y él me repetía: ‘Confiá’”. Esa palabra —confiar— fue la más difícil.
Durante años, Dani construyó una carrera marcada por la autogestión. “Yo soy muy independiente en todo sentido, en mi vida, criando a mi hija, todo. Me hice solita”.
“Mi mamá me mandó a danza por el pie plano”, rememoró. “Y yo ya era payasa en casa, siempre hacía reír ante las desgracias de la familia. Y cuando me mandó a danza tenía seis, siete años. Después me llevaban a una mega profesora, no sé dónde era Palermo, Caballito... y nos tomábamos tres colectivos para llegar o mi viejo me esperaba en la puerta y mi vieja obviamente me acompañaba. Yo fui un par de clases y dije: ¿Cómo hago para pagarme las clases de actuación? Y como empecé a laburar a los 16 en la tele, era trabajo, trabajo, trabajo y el colegio. Y después ya está, ya le di para adelante y me autogestioné“.

Mirando a ese pasado, destacó que “ahora me doy cuenta lo hermoso que es prepararte para lo que quieras ser. Por eso le digo a mi hija: ‘Vos sé lo que quieres ser’. Ahora empezó a estudiar canto. ‘Y tómatelo en serio, porque cuesta. Y todo cuesta, y te cuesta esfuerzo, y te vas a aburrir y vas a decir: Esto es una cagada’. Pero es como los jugadores. Para jugar en la Selección tienen que entrenar y tienen que jugar en un montón de equipos de mierda, mejores, y un día, si tenés la suerte, alguien te ve y dale para adelante”.
Empezó a trabajar a los 16, se abrió camino sola, se hizo fuerte en la radio, en la televisión, en las redes sociales. Pero el síndrome del “no sé si es lo mío” la acompañó siempre. “Me llaman para algo y veo el fracaso antes de empezar”, admitió.
Una frase de su hija de doce años —aprendida del psicólogo Gabriel Cartañá— la empujó a dar el salto: “Hacelo con miedo, pero hacelo”. Y lo hizo.

Las primeras funciones fueron pura adrenalina. “Ni miraba al público. Yo estoy acostumbrada a romper la cuarta pared, a ver las caras. Acá no. Recién ahora, después de varias semanas, estoy empezando a disfrutar”.
Ese disfrute tiene un momento preciso: el final. Cuando la historia revela que el amor no siempre alcanza si no se cuida. Cuando el personaje de Campi enfrenta sus errores y Miranda deja ver su vulnerabilidad. En ese instante, Dani espía al público.
“He visto nenas abrazadas a sus mamás llorando. Madres susurrándoles al oído. Y yo pienso: esto no es solo teatro”. A la salida, las palabras la conmueven. “Me dicen: ‘Lo que lloré con tu canción’. O ‘Yo vivo lo mismo con mi mamá’. Eso es mágico”.

Muchos descubren allí una faceta desconocida: la cantante. “No sabía que cantabas así”, le repiten. Y entonces recuerda a Cacho Castaña, quien durante años le insistía: “Manicomio, vos no sabés la voz que tenés. Cuidala. Estudiá”. Ella dudaba. Siempre dudaba.
“No vengo de una familia de elogios”, confiesa. Su padre, exigente, le decía que el tango se canta cuando se vive. “Cuando vivas, vas a saber cómo cantar ‘Uno’”. Hoy siente que empieza a entender esa frase.
Su madre, en cambio, la mira con lágrimas en los ojos desde la platea y luego recorre el barrio invitando a todos. Tiene 80 años y fue una joven que soñó con ser artista cuando esa palabra estaba mal vista. “Tocaba la guitarra, quería ser modelo. Es una belleza mi vieja. Y en ese momento ser artista era de puta. Trabajaba en una fábrica y tenía 30, sí, 30 y era la solterona. Y ahí conoció a mi papá, que la llevó la madre de ella, le dijo: ‘Este es el verdulero’ y se la encajó. Y lo conoció y a los seis meses se casaron. Yo creo que ella se ve en mí. Es un poco su sueño también”.

La niña de Boulogne que hacía reír en medio de las desgracias familiares hoy se para en un escenario histórico y sostiene un musical de gran despliegue técnico y emocional. Y, al mirar hacia atrás, se habla a sí misma: “Le diría que confíe más, que no se castigue tanto, que no se lastime tanto, que disfrute más de la vida y que disfrute cada cosa que le pasa. Porque se terminó enfermando. Y no está bueno”.
Esa caída la obligó a mirarse, a hacer terapia, a reconstruirse. Tal vez por eso hoy cada función tiene un sabor distinto. Las dobles funciones que antes la asustaban ahora la energizan. “Termina la primera y quiero hacer la segunda. Y si hay una tercera, la hago”.
Papá por siempre es espectáculo, es risa, es nostalgia. Es Campi desplegando su virtuosismo. Es un elenco joven que aporta frescura. Es una producción que combina técnica y corazón. Pero, para Dani La Chepi, es sobre todo el escenario donde dejó de preguntarse si era lo suyo y empezó a afirmarlo con el cuerpo entero.
Porque ahora, cuando cae el telón y las luces se encienden, ya no duda. Ahora sabe que está exactamente donde tiene que estar.
Últimas Noticias
JAF, el rockero que sigue en la ruta, habla de la música actual: “Ya no hace falta cantar, afinar, ni tocar”
En una charla a fondo con Teleshow, el músico de 68 años habla de la banda que lo acompaña e integra su hija Virginia, de los nuevos sonidos, de su época con Pappo en Riff y cómo llegó a versionar el tema de Eric Clapton “Maravillosa esta noche”

El romántico regalo a la distancia de Maxi López para Daniela Christiansson en San Valentín
Desde la ciudad de Mar del Plata el participante de MasterChef Celebrity le hizo llegar un presente a la madre de sus dos hijos en Suiza

Mirtha Legrand impactó con un vestido plata con cristales y detalles de alta costura en la noche de San Valentín
La Chiqui volvió a elegir a su diseñador de confianza para la noche del sábado y destelló a todos en el estudio

La llamativa decisión del programa de Mirtha Legrand para suplir la ausencia de Jimena Monteverde en el ciclo
La producción encontró la forma de mantener a la cocinera presente, mientras la conductora compartía su emoción y agradecimiento en una noche inolvidable

Quiénes fueron los invitados sorpresa de Bad Bunny para su segundo show en el estadio Monumental
Tras brillar en su primera presentación y poner a bailar a más de 70.000 fans, el puertorriqueño causó furor al invitar a diversos cantantes argentinos

