
El Teatro Astros se llenó de expectativa y emoción cuando Flor Torrente debutó en Mi amiga y yo. La comedia, dirigida por Diego Reinhold, marcó para la artista el inicio de una etapa cargada de desafíos y aprendizajes. La noche del reestreno, ya con la presencia de Flor sobre las tablas, no pasó inadvertida: su energía y entrega conquistaron tanto al público como a sus compañeros.
La obra narra la historia de Santiago, un comediante que, tras separarse de su esposa luego de diez años, encuentra refugio en el departamento de su mejor amiga Valeria. A través de diálogos agudos y situaciones cotidianas, los personajes exploran los límites del amor, la amistad y la posibilidad de un cambio inesperado. La llegada de Flor Torrente al elenco, junto a Sebastián Presta, Sabrina Lara y Rodrigo Raffetto, renovó la dinámica y el ritmo de la puesta.
Para Flor, sumarse a Mi amiga y yo significó enfrentar un proceso exigente y vertiginoso. “Me presenta muchos desafíos, porque la obra tiene un montón de estadíos y procesos donde suceden un montón de cosas, que no las voy a decir… Básicamente no los voy a compartir, porque estaría bueno no spoilear y que venga la gente a verlo”, relató, para luego dejar entrever la intensidad con la que vive cada función.

La actriz destacó la exigencia de los ensayos y la rapidez con la que tuvo que adaptarse al grupo. “Fue muy desafiante todo el proceso, el desafío de hacerlo a tiempo, de que funcione y el poco tiempo de ensayo. Pero la verdad, una muy linda experiencia”. En el escenario, no solo actúa: toca la guitarra, canta y se involucra en una trama que requiere entrega física y emocional. Su personaje atraviesa nada menos que doce cambios de vestuario por función, un desafío logístico al que se suman las tensiones propias del vivo: “Lo que corro detrás de escena, el estrés que me causó el primer día de unir todas esas cosas con los elementos, la utilería y todo fue como muy, muy, desafiante”.
El proceso de integración al elenco fue cálido y reparador. Flor encontró en sus compañeros y en el director un clima de trabajo permeable y colaborativo. “Trabajar con todo el equipo fue muy lindo, con Seba, con cada uno de los chicos, con Sabri, con Rodri, con Diego, el director. Fue una experiencia de ensayo muy corta, pero muy linda, donde trabajamos mucho y con mucha permeabilidad a la hora de poder trabajar y que las cosas sucedan”.
El estreno de la obra también fue un momento de celebración compartida con su pareja, Santiago Slapak. Esa noche, él estuvo presente en la platea, acompañando con orgullo y emoción. Tras la función, bajó a camarines para abrazarla y felicitar al elenco. “Muy contenta, muy feliz de todo, de la persona que es y de poder compartir y de todo lo que me acompaña y me acompañó, especialmente el año pasado, y en las cosas felices también”.

Fuera del escenario, su vida también atraviesa momentos de gran intensidad emocional. El debut llegó tras un año marcado por la muerte de su padre, Rubén Torrente, a quien recuerda con afecto y nostalgia: “Fue un año difícil el año pasado y como siempre digo, yo creo que es algo que te acompaña toda la vida. Se transforma, pero es algo que te acompaña y está ahí para siempre”.
El duelo encontró consuelo en el apoyo de su entorno más cercano. Flor mantiene una relación entrañable con su hermano Vicente: “Tengo una relación muy hermosa con mi hermano. Compartimos mucho: videollamadas, salidas, juegos. Lo quiere mucho a Santi y eso también ayuda y acompaña un montón”. El lazo fraternal refuerza la red que sostiene a la actriz en cada paso.
Otra figura central en su vida es su madre, Araceli González, con quien comparte una relación signada por la honestidad y la frontalidad. Flor reconoce que el ser genuina a veces genera incomodidad, pero lo valora como un rasgo positivo: “Yo siento que ser real a veces molesta, pero que está buenísimo”.

La resiliencia de Flor Torrente encuentra su raíz en una vida marcada por la búsqueda y la autogestión. Empresaria y dueña de una marca de ropa, estudió pintura, fotografía y música. Así, combina la experiencia adquirida en distintas disciplinas para nutrir su trabajo en cada proyecto. “Soy muy creyente de que todo lo que hacemos en la vida, todo lo que estudiamos, todo lo que vivimos, todo lo que nos pasa, nos influye y eso hace que, que aporte y le dé calidades y capas a cada cosa que uno pueda hacer, ya sea en lo actoral o en cualquier tipo de trabajo, como en Helicia, que es el desafío más grande y me hace muy feliz”.
Así, la llegada de Flor Torrente a Mi amiga y yo se vuelve mucho más que una incorporación artística: es el punto de encuentro entre el arte, la pasión y la fortaleza personal, en una temporada donde el escenario y la vida se funden en una misma emoción.
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