El Negro Álvarez, a los 80 años vuelve a escena en Villa Carlos Paz: “Los cordobeses somos pícaros”

En una charla con Teleshow, el humorista cuenta sus expectativas por sus presentaciones y revela anécdotas de juventud

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El Negro Álvarez frente al
El Negro Álvarez frente al curioso cartel en el puente a la salida del aeropuerto de Pajas Blancas: "Bienvenidos a la República de Córdoba"

A los ochenta años, Negro Álvarez se mantiene como una de las figuras más emblemáticas del humor cordobés y la cultura popular argentina. Admirado por su versatilidad en la música, el humor y la composición, ha recorrido escenarios de todo el país. En esta etapa, celebra su octava década (y 40 años sobre el escenario) con el estreno de “Only yo”, su nuevo espectáculo en el Teatro Zorba de Córdoba.

Durante la entrevista con Teleshow, Álvarez reflexiona sobre su trayectoria, anécdotas personales y el sello distintivo del humor cordobés a lo largo de su carrera. El diálogo recorre sus comienzos en la composición, los desafíos durante la dictadura militar y su percepción actual sobre la vida y el legado artístico.

¿Por qué elegiste el nombre “Only yo” para el espectáculo?

—Porque soy solo yo. También participan dos bailarinas, Valeria y Tania, pero en sí, todo lo demás soy solo yo, con humor y una parte seria con dos canciones mías, que salieron de vivencias personales. Una psicóloga amiga, en un asado pequeño, escuchó una de esas canciones, le conté la historia y me sugirió: “¿Por qué no pones eso algún día en un espectáculo? Le va a gustar sobre todo a las mujeres”. Así que lo incorporé por recomendación de ella. Si después no les gusta, le voy a decir que trabaje para mí la psicóloga.

¿Solo harás dos funciones esta temporada?

—Sí, porque inicialmente no iba a hacer nada. Me ofrecieron una comedia para todo el verano, acordé lo económico, pero después pensé: “No, de martes a domingo otra vez no quiero” y me retiré. Me ofrecieron dos días y acepté: estaré el 10 y el 31 de enero. Me parece perfecto, bien de vago (risas).

¿En otra época te hubieran interesado más funciones seguidas?—En alguna época sí, pero uno va eligiendo otras maneras con el tiempo.

"Córdoba es un semillero del
"Córdoba es un semillero del humor", dice el Negro Álvarez

¿Cómo llegaste a grabar tu primer disco de humor y cuántos tenés hoy?

—Me vinieron a buscar para grabar un long play; yo creía que era para canciones, pero era de humor. Grabé ese primero y hoy tengo 35 discos. Uno de oro, después el Martín Fierro, el Estrella de Mar, el Carlos de Oro aquí en Carlos Paz. Pero eso ya está, es demasiado.

¿Antes de eso trabajaste en otros proyectos musicales?

—Sí, trabajaba con el Dúo Argentino y me iba bien, pero era en la época de los militares. Cantábamos canciones que molestaban, trabajaba con Chito Ceballos, que era del Partido Comunista, hacíamos temas de Tejada Gómez y llegaron a prohibirnos el disco. Después se fue desenredando todo, pasé por momentos difíciles, pero también muchos buenos, gracias a Dios.

Tenés una carrera importante como letrista de música. ¿Cómo nació esa vocación?

—Tengo cerca de 95 canciones inscriptas en Sadaic. Incluso recibo jubilación de Sadaic porque mi primer tema me lo grabó Edgar Di Fulvio cuando tenía dieciocho años. Me escuchó cantar en una peña, se sentó en la mesa, me preguntó de quién era la canción, le dije que era mía, nos hicimos amigos y más tarde me la grabó. Después también la grabaron Los Cuatro de Córdoba y varios otros artistas. Me gustó escribir desde chico. Ya en el colegio Monserrat, le consulté a la profesora de literatura qué me recomendaba y me sugirió el libro “Materia y forma en poesía”, con el que aprendí sobre métricas y formas. Desde los diecisiete años, estudié y comencé a escribir en serio.

Fuiste a un colegio bacán...

—Sí, porque mi papá me mandó ahí. Yo quería ir al Dean Funes con unos vagos amigos. Además, él también estudió allí. Mi padre era abogado, en ese momento presidente de la Tercera Cámara de Crimen.

¿Nunca pensaste en ser abogado como tu padre?

—Siempre lo digo: hice solo una materia. Si mi padre no hubiera fallecido cuando yo tenía dieciséis para diecisiete años, seguro que habría estudiado Derecho. No sé si habría ejercido, pero recibido seguro.

El Negro Álvarez es un
El Negro Álvarez es un emblema del humor cordobés

Hace poco se viralizó una foto de un cartel en la autopista, a la salida del aeropuerto de Pajas Blancas, que dice “Welcome to the Republic of Córdoba”. ¿Cómo surgió?

—Eso está en el puente, frente al aeropuerto. Es una cuestión humorística. Al lado hay un cartel más chico que dice “Capital del humor”. No sé de quién fue la idea, pero ese tipo de cosas nos representa. Córdoba siempre tuvo un semillero de humoristas.

¿El humor cordobés es único?

—Todos los cordobeses somos pícaros y soltamos alguna mirada o una frase. Recuerdo una vez con el Sapo García, Rudy Arrieta y la Vizcacha Cardaci. Estábamos en un bar, llovía fuerte, y la Vizcacha, serio, miraba por la ventana. El Sapo le preguntó: “¿Qué te pasa, Vizcacha?”. Él respondió: “Estoy mirando la lluvia que me pierdo por no tener un campo”. Teníamos veinte años. O como el viejo de Traslasierra, que un amigo mío fue a visitar, preguntó por don Gutiérrez y el otro contestó: “Se acostó una noche y se despertó muerto”. Ese es el humor de Córdoba.

Has trabajado en música, humor, cine y televisión. ¿Cómo fue sumarte al documental “Todo sobre el asado”?

—Eso fue casualidad. Daniel Araoz, actor de Córdoba que vive en Buenos Aires, disfrutaba mis cuentos. Un día organizó un recital en Buenos Aires y me invitó. A mitad del evento me hizo subir al escenario a contar cuentos. Cuando terminé, se me acercaron dos personas, los directores Gastón Duprat y Mariano Cohn. Me dijeron que querían hablar conmigo, que les gustó el timbre y la forma. Así surgió la propuesta para “Todo sobre el asado”. Por eso mi casa se llama “El destino”, porque muchas cosas suceden sin buscarlas. Daniel me invitó y justo estaban ellos. Ningún casting, nada de eso.

¿Y sos un buen asador?

—Fui muy buen asador y muy buen hacedor de locro, pero ahora ya no hago nada, me he vuelto vago.

Después de todo eso, ¿con qué soñás hoy?

—No, ya está. Me ha ido demasiado bien. Como dicen mis amigos: “No trabajaste nunca, Negro”.