Walter Alfa Santiago fue uno de los participantes más populares de la exitosa edición de Gran Hermano que esta semana llegó a su fin. La consagración de Marcos Ginocchio puso fin a una etapa del juego, y las repercusiones continúan en los diferentes programas de televisión y en las redes sociales. Pero al vendedor de autos, el de más edad en la historia del reality -cumplió 61 años adentro de la casa- nadie le saca de la cabeza la frase que hizo de cabecera: “Gran Hermano lo gané yo, Marcos cerró la puerta”.
Con ese precepto, Alfa viene paseando su repentina fama por espacios que a priori no corresponderían al rebote originado en el reality. Su historia de vida, sus mil y una anécdotas, sus chispazos con algunos excompañeros y su controvertida posición política -donde hasta llegó a acusar al presidente Alberto Fernández por recibir coimas- lo volvieron un personaje controvertido.
En diálogo con Jonatan Viale, Alfa no quiso hablar de esta frase, alegando “amnesia temporal” al respecto. En cambio, analizó la situación actual del país donde fue muy duro con la clase dirigente. “La política acá se toma en broma. Desde que tengo uso de razón que escucho que estamos en crisis y que tenemos un plan para salir. Pero si el plan hubiera funcionado, si el bombo y el piquete sirvieran para algo, hoy seríamos un país del primer mundo”, conjeturó, y agregó. “Este es el peor momento del país desde que nací”.
En este punto, admitió que recibió ofrecimientos para sumarse a las filas de diferentes partidos políticos de cara a las próximas elecciones, a lo que se negó: “Yo no soy idóneo, y para estar en política hay que saber”, señaló, sin aclarar qué fuerzas políticas lo habían convocado.
“En diciembre del 83 se inventó la profesión de ‘los ineptos para todo son aptos para política’. Si sos un buen piloto de autos, podes ser candidato; si sos buen cómico e hiciste reír a mucha gente, o si cantaste bien, podés ser candidato”, señaló. Y en este sentido, desestimó la posibilidad de convertirse él también en un outsider de la política: “Yo me convertí en un personaje que salió a la luz por todo lo que dije en Gran Hermano, eso no me hace apto para tener un puesto político”, enfatizó.
En este punto, el conductor de LN+ y su equipo lo consultaron sobre los dirigentes que son de su agrado: “El único político que me convenció, que me gustaba, duró cinco días y fue (Ricardo) López Murphy. Si escuchás su discurso cuando asume como ministro de Economía, en el gobierno de (Fernando) de la Rúa, dice todo lo que había que hacer con un ajuste de 2.000 millones de dólares. Se acabó el gasto, las jubilaciones de privilegio, los asesores de los diputados, pero como no le convenía a nadie, a los cinco días lo echaron”, recordó. Además, destacó a Patricia Bullrich -“fue la única que le puso el pecho a (Hugo) Moyano”-, aunque advirtió: “No estoy muy metido en política, odio la política, porque veo lo que dicen y lo que hacen y es terrible”.
La grieta política marcó en parte su relación con Romina Uhrig, exdiputada por el Frente de Todos y su gran aliada dentro del juego. Desde un comienzo con algunos chispazos, fueron construyendo un vínculo sólido que gobernó la casa durante más de tres meses y que cuando se resquebrajó terminó costándole la salida a ambos. Y la discusión política no estuvo ajena a su relación. “Ella me decía que estaba orgullosa de los merenderos y yo le contestaba que estaría mas orgulloso si a los padres de los hijos que iban a los merenderos le enseñaban a trabajar y a producir para que tomen la merienda en la casa”, reveló.
La situación en el afuera era otra de las cosas que preocupaba al matrimonio virtual en sus días felices. “Yo le decía que afuera estaba explotando todo, me daba cuenta por el supermercado”, señaló el vendedor de autos. Y reveló una estrategia fallida por uno de los temas que más lo obsesionaba. “Dejaba mensajes pidiendo que me gritaran a cuánto estaba a el dólar. Y me gritaron de todo menos eso”, lamentó.
Finalmente, hizo un análisis de los personajes más fuertes de la edición que marcó picos históricos de rating: “Gran Hermano unió a la familia frente a la televisión. Y fue una novela, en la que Romina y yo fuimos la pareja protagonista con hijos. Nacho era un desastre, Marquitos el aplicado, que siempre se sacaba 10, Thiago el vago, Daniela la que solo quería ser vedette, Julita la niña Disney. La gente empezó a ver una familia. Y cuando entró Camila, a conquistar al jefe de familia, la otra se enojó, se unió con las hijas y me hicieron el frente a mí. De afuera lo vi así”, resumió. Y volvió a la frase que dijo hace un tiempo: “Gran Hermano lo gané yo, Marcos cerró la puerta”.
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