Phoebe Bridgers es una artista que ha demostrado de forma contundente que no se necesita mucho más que una guitarra y una buena lírica para crear una propuesta profundamente conmovedora. El escenario del tercer día del Primavera Sound la recibió con los brazos abiertos, una gran convocatoria y un cielo nublado. Post show, y con la energía todavía a flor de piel, se sentó junto a Telesow para charlar sobre su música.
De su natal Pasadena (California) a la ciudad de Buenos Aires hay 9847 kilómetros. Una clara barrera idiomática nos separa, pero eso no fue impedimento para que el público del Primavera esa tarde cantara cada una de sus canciones. Tocar tan lejos de su hogar, en un lugar en el que hablan una lengua diferente, debe sentirse por demás extraño. “Venimos tocando en diferentes países desde hace un tiempo, y en todos los lugares se sabían todas las canciones. Es tremendo”, aseguró Phoebe.
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Punisher (2020), su último disco, no solamente le valió cuatro nominaciones a los Premios Grammy: también fue la puerta de entrada que muchos fans tuvieron a su música. Desde el melodrama más crudo de “Chinese Satellite” al indie rock divertido de “Kyoto”, se trata de un álbum que pasa por todos los estadíos posibles en la narración de un romance (con un otro, con ella misma) que nunca termina. Esa retroalimentación constante que presenta el álbum se vió en su show, en el diálogo que había entre ella y el público.
El vínculo a nivel estético entre Bridgers y la cuestión sobrenatural (exagerada y cómica, no peligrosa), es a esta altura evidente: un fantasma ilustra la portada de Stranger in the Alps (2017), su primer álbum, y usó un conjunto que emula un esqueleto no sólo en la portada de Punisher, sino en casi todas sus presentaciones en vivo. “Fui un esqueleto en Halloween, en 2019. Lo usé en la apertura del show de una amiga, y sentí que era super cool”, confesó. Siendo un álbum tan introspectivamente sincero, el esqueleto podría también tener un significado metafórico: un desnudarse ante la mirada del otro a través de la música, a tal punto que sólo quedan visibles los huesos.
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El cierre fue contundente, e involucró a todos los presentes: al terminar “I Know The End” bajó del escenario, tomó las manos de quienes estaban en primera fila, y comenzó a gritar. “El grito siempre es mi parte favorita de los shows”, confesó entre risas. “Creo que es mi canción favorita: es super divertida, una gran manera de terminar”, dijo.
Los festivales son una gran oportunidad para que los artistas se conozcan entre ellos, y esta no fue la excepción. “Tuvimos la oportunidad de ver los shows de Lorde, Mitski, Charly Xcx. Eso es lo lindo de estas fechas: poder compartir con todo el mundo”. Bridgers no descarta la posibilidad de regresar al país, en otro formato. “Me encantaría volver a Argentina, con un show propio”, concluyó.
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