El Martín Fierro volvió con todos los honores. La gran fiesta del mundo del espectáculo, organizado por la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA) reunió a las celebridades locales en el Hotel Hilton en una fiesta que esperó tres años. Y si hay una figura que se llevó todas las miradas, esa fue Mirtha Legrand.
La diva de los almuerzos asistió acompañada por su familia. Primero habló en la alfombra roja, donde celebró el cara a cara luego de tanto tiempo. “Volvemos a lo bueno, a lo lindo, a encontrarnos todos, los premiados, los no premiados. Es la gran fiesta de la televisión argentina. Y yo estoy siempre presente. Hace más de 50 años que se hace esta fiesta y es un acontecimiento. ¿No ves la gente que hay? Es impresionante. Es un reencuentro”, aseguró entusiasmada.
Mirtha se sentó junto a su hija Marcela, sus nietos Juana y Nacho, y su bisnieta Ámbar, quien finalmente asistió al evento. Promediando la gala, vivió uno de los momentos más emotivos de la historia de los premios. Ocurrió luego del In Memoriam, cuando entre el recuerdo de quienes nos dejaron en los últimos tres años, aparecieron su hermano José María y su melliza Goldy. El abrazo de contención de Susana, que atravesó el salón para estar junto a ella va directo para la historia.
Al rato Mirtha recibió una gran alegría. Fue cuando la propia Susana anunció el premio a la mejor conductora, uno de los más importantes, entre quienes estaban Karina Mazzoco, por A la tarde, Florencia Peña, por Flor de equipo Verónica Lozano, por Cortá por Lozano y... Juana Viale, por Almorzando con Mirtha Legrand.
Cuando escuchó su nombre, Juana se abrazó con su hija y luego fue al encuentro de su abuela, quien volvió a conmoverse pero esta vez de felicidad. De fondo, sonaba la inconfundible melodía de un clásico de más de 53 años, que en los últimos dos años y desde que se desató la pandemia, capitaneó Juana salvo dos excepciones en los que condujo Mirtha. La ganadora corrió hasta el escenario donde se abrazó con Susana y empezó su discurso, mientras su abuela no podía contener las lágrimas y era contenida por su nieto y productor, Nacho Viale, y su hija Marcela Tinayre.
“Nunca pensé ganarme un Martín Fierro en conducción, lo mío es la actuación, y las cosas de la vida me llevaron donde estoy”, admitió la actriz, haciendo referencia a los imponderables que la llevaron a estar donde estaba. “Fue remar algo que desconocía pero sí heredaba”, señaló apuntando a Mirtha y antes de agradecer a su familia, con la voz tomada por la emoción.

Más tarde, fue la propia Mirtha la que subió al escenario. Y lo hizo con todas las luces. Primero, pidió más aplausos para ella ”Qué bienvenida un poquito fría, más de calor”-, después compartió su alegría y emoción por el premio de Juana, y más tarde puso orden en la sala. “Un poquito de silencio allá atrás por favor”, pidió enérgica antes de contar cómo había sido su tiempo fuera de la televisión.
“Estuve 300 días encerrada en mi casa sin salir al balcón, hasta que un día lo llamé a Facundo Manes y le dije que quería ser la de antes. Y me dijo, ‘trabaje, Mirtha’”, relató. Y para hacer realidad las palabras del neurocirujano, primero comprometió públicamente a El Trece: -“Ahí lo tienen a Nacho Viale para preguntarle si vuelvo o no vuelvo”-, y luego sometió la decisión al soberano. “¿Ustedes quieren que vuelva?”, preguntó, obteniendo un sí rotundo como respuesta.
A su lado, respetuoso, Luis Ventura, presidente de APTRA, esperaba su turno para entregarle un obsequio de la joyería que auspicia su histórico programa. Mirtha agradeció y contó los nervios que había sentido en la previa. “Anoche no pude dormir, pensaba qué decir. Y me he sentido tan feliz esta noche que he descubierto que lo único que me gusta es estar entre mis pares, y acompañada de mis seres queridos. Han hecho de mí esta noche una mujer muy feliz”.
Lo que siguió fue una retrospectiva de su carrera, remontándose a su debut en Los martes orquídeas, cuando solo tenía 14 años y “no sabía caminar en tacos altos”. Recorrió sin rencores algunos sinsabores de la profesión -”estuve prohibida, nunca supe por qué, tampoco lo pregunté”-, y se refirió muy emocionada a sus hermanos Josecito y Goldy. Y para finalizar, eligió unas palabras contundentes de cara a su futuro: “Qué vida milagrosa, nunca paré de trabajar hasta el día de hoy. Tengo 95 años, y hay que estar aquí con 95 años. Les prometo y les juro que voy a seguir trabajando. No bajo los brazos, los quiero muchísimo”, cerró ante el aplauso de pie de toda la sala.
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