
Los Midachi surgieron como grupo humorístico en 1983. Su debut fue en la peña de un restaurante en la provincia de Santa Fe donde hicieron reír a un grupo de parroquianos con su humor simple pero efectivo. Eran tres muchachos con pelucas y un don que se notaba innato para ser graciosos. El trío comenzó a crecer y su fama fue imparable. Llenaron los teatros más importantes de la avenida Corrientes pero también de las ciudades de todas las provincias.
Fueron de los primeros grupos que salieron a actuar por el país y lo hicieron no solo en las capitales, sino también en localidades con pocos habitantes pero con muchas ganas de verlos.
En una charla con Teleshow, Dady Brieva reconoce que aunque siempre contaron con el apoyo incondicional de sus seguidores nunca tuvieron fanáticos, como sí suelen rodear a las bandas de rock. “Nosotros tenemos seguidores, gente linda que a veces nos cuenta situaciones personales, como que la última salida que hicieron con su mamá fue para vernos a nosotros. Personas que se acercan a decirnos que sus padres fallecieron y que los recuerdan riéndose por última vez en un espectáculo nuestro y lo agradecen. Pero no vivimos situaciones locas de fanatismos”.
Pero en tantos años de presentaciones hay dos momentos entre extraños y desopilantes que se convirtieron en anécdotas increíbles.
Una la contó el año pasado en el programa PH. Los contrataron para animar una fiesta en la ciudad de Cali en Colombia. No sospecharon nada raro, ya que muchas veces habían participado de eventos privados. Sin embargo, les llamó la atención que apenas aterrizaron, cuando comentaban que iban a participar de una fiesta privada, nadie preguntaba nada más. Lo que ellos no sabían ni les habían dicho era que Miguel Rodríguez Orejuela, la persona que los había contratado era un narcotraficante cofundador del Cartel de Cali, enemigo de Pablo Escobar y cuya esposa, Amparo Arbeláez Pardo era fan de los humoristas argentinos.
Así que, como otras veces, el trío se encontró animando una fiesta privada pero con una salvedad: los asistentes estaban armados. “Antes del inicio del show, el presentador anunció ‘lamentamos la muerte de nuestro hermano Efraín’. Pregunté qué le había pasado y me dijeron ‘voló por el aire’”, contó Dady. Pese a lo extraño y atemorizante de la situación el grupo hizo su show e incluso "la pasamos muy bien”.
Pero si esa anécdota fue atemorizante la que sigue resulta tan tierna como increíble.

“Cuando recién comenzábamos andábamos por los pueblos de Santa Fe y nos presentamos en uno cuyo nombre prefiero no decir. Era en un club sencillo, apenas un tinglado que cubría una cancha de básquet. Organizaban una comida grande para tres mil personas y nosotros hacíamos nuestro show” y sigue su relato “en esa época con Miguel (Del Sel) realizábamos un sketch de Chasman y Chirolita”.
La parodia recreaba al mítico dúo del ventrílocuo con su muñeco. En este caso, Dady ocupaba el rol de Chasman y Del Sel, el de Chirolita. Como los auténticos, los dos aparecían de impecable traje. Miguel sentado sobre una de las rodillas de Dady con una peluca de corte taza y los cachetes pintado de rojo imitaba de modo casi idéntico pero también muy gracioso los movimientos del muñeco. Entre los dos entablaban un diálogo cómico y cómplice acerca de las aventuras y desventuras de Chirolita.
Dady retoma la anécdota. “Cuando terminamos el show nos fuimos a un vestuario del club para cambiarnos y tocan la puerta. Abrimos y es un hombre serio que con tono formal nos dice: ‘Soy el presidente del club. Mi hijo quiere ver el muñeco’. Con Miguel nos quedamos mirándolo asombrados pero también tentados ante ese pedido de ‘ver el muñeco’".
Pero la confusión siguió porque el intendente insistía que su hijo “quería ver el muñeco” como si fuera real y no un personaje protagonizado por Miguel del Sel. Dady y su compañero creyeron que se trataría de un nene chiquito que no distinguía realidad de fantasía pero su sorpresa fue enorme cuando el intendente lo llamó y apareció... un preadolescente de 12 años. “No lo podíamos creer, semejante grandote. Le inventamos una historia, le dijimos que ya habíamos guardado al muñeco en el auto y que no lo podíamos sacar”.
En este punto Dady no puede parar de reír cuando recuerda: “'Soy el presidente del club mi hijo quiere ver el muñeco'. Ese textual no me lo voy a olvidar nunca. Te juro que no fue un chiste ni se quiso hacer el gracioso. Es que a Miguel le salía muy bien Chirolita…”

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